Jorge Consiglio es poeta, narrador y editor. En 2014 ganó el segundo premio Nacional de Novela con “Pequeñas intenciones”
Jorge Consiglio es poeta, narrador y editor. En 2014 ganó el segundo premio Nacional de Novela con “Pequeñas intenciones”

Un libro hecho de crónicas, recuerdos propios y ajenos, con algo de diario de vida y ensayo. Suerte de miscelánea lírica (el autor viene de la poesía) que, sin embargo, es de lectura amigable. En Las cajas (Editorial Excursiones), Jorge Consiglio (Hospital Posadas, El bien) desmenuza sensaciones y vivencias en microrrelatos ensamblados con reflexiones existencialistas: líneas pobladas de citas literarias y referencias a íconos culturales, que invitan a un viaje incierto.

La consecuencia natural de estos cruces es desdibujar el límite entre ficción y realidad, algo que Consiglio manipula con una perversión exquisita. "Grito", un texto de la primera parte, habla de un muchacho que, con unos borcegos de punta de acero, le destroza la cabeza a un perro. El animal no ladra: grita. Confiesa el autor que, después de haber presenciado el episodio, ya nunca pudo olvidarlo, porque gritar es una facultad humana.

Curiosamente, esa escena es también la del final del cuento "La terraza", incluido en Villa del Parque (Eterna Cadencia Editora), que narra la historia de un grupo de amigos que son expulsados del colegio por fumar y deben adaptarse a una realidad muy distinta. Si Consiglio se pregunta en un cuento por los límites entre la humanidad y la animalidad, en el otro, esa ambigüedad toma el peso del hecho narrado.

¿Qué límite separa la reflexión intelectual y el relato? ¿Son estructuras forzadas o movimientos legítimos que hacen las ideas en camino a la concreción? Ese tipo de transiciones son las que le interesa a explorar a Consiglio en este libro.

“Las cajas”, de Jorge Consiglio, compila muchas de las columnas que el autor escribió para Eterna Cadencia
“Las cajas”, de Jorge Consiglio, compila muchas de las columnas que el autor escribió para Eterna Cadencia

En el cuento "Argumento", que pertenece a la segunda parte ("Vidas Ajenas"), un hombre va a una fiesta en la que no conoce a casi nadie. Igual, lo pasa bien y termina yéndose en el auto de una pareja de desconocidos porque quien debía llevarlo está borracho, y chocan contra un árbol. Cuando la pareja lo manda a pedir ayuda, el hombre se diluye en el paisaje agreste.

Otra vez hay una escena similar en "Viajar, viajar", de Villa del Parque, donde el protagonista "deambula por una zona imposible" y "fracasa en el trazado de un mapa mental" para pedir ayuda. Como lectores, palpamos su desesperación. En un momento parece encontrar a alguien. O quizás la ayuda provenga de él mismo.

¿Qué pasa cuando nos encierran y perdemos la memoria? ¿Qué pasa cuando ni siquiera sabemos quiénes somos? ¿Qué pasa cuando nos extraviamos en algún lugar remoto y no tenemos posibilidad de comunicarnos?

Hay una pregunta que contiene a todas y que palpita en el fondo de este libro: qué hace que algunos recuerdos prevalezcan, mereciendo ser narrados, y otros no. La ficción se desplaza a un terreno movedizo donde emerge su conflictiva relación con la verdad.

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