
Para Luis Alberto Spinetta, el arte verdadero implicaba una transformación y, como dijo alguna vez en una entrevista, la función del artista debía ser la de "crear, crear, crear, crear, crear y crear, seguir creando y crear más". En esa búsqueda, el artista es una suerte de alquimista que encuentra el oro de cada objeto. Este mandato fue para Spinetta una pasión inevitable desde siempre: "Si no canto lo que siento / me voy a morir por dentro", decía ya en una hermosa canción que escribió a los 15 años.
Mara Favoretto es doctora en Letras. Vive actualmente en Melbourne (Australia), donde da clases en la universidad. Después de trabajar con las letras de Charly García (Charly en el país de las alegorías; 2013) comenzó a analizar las de Spinetta, para encontrar cómo ese impulso vital resonaba en el público. ¿Cuál es el secreto? ¿Por qué su obra trascendió la vida y ocupa un lugar de privilegio entre los ídolos nacionales, al punto de definir su fecha de cumpleaños como el día de la música?
Para Favoretto, la obra de Spinetta cumple con las funciones básicas de la mitología. De ahí el título del ensayo: Spinetta. Mito y mitología (Ed. El Gourmet musical): "Spinetta es un ser creativo que explica nuestra relación con el cosmos", dice. "Él vino a ocupar un lugar que estaba vacío. Si las ideologías o las religiones ya no funcionan, como seres humanos necesitamos llenar el vacío de otra manera. Necesitamos conectarnos con algo más". Y ese algo más bien podría ser la música de Spinetta.

—¿La conexión de Spinetta con lo espiritual, la propone desde su rol de poeta o desde el de predicador?
—Él es un ejemplo, no es un predicador. Vivió con un convencimiento del que no se alejó en toda su vida. Precisamente en Argentina, donde hay tanta corrupción y donde nos peleamos por tantas cosas, él se mostraba firme en sus convicciones. Creo que la mayoría de la gente se conecta con esa magia, con el misterio de Spinetta. Hay mucha gente que dice "No lo entiendo, pero igual me gusta". Entonces: ¿qué pasa con Spinetta? Estoy convencida de que eso pasa porque cumple una función a nivel espiritual.
—Por lo que explicás en el libro, esa función tiene una doble vía entre músico y público.
—Exactamente, porque él es un humano que está buscando a través de su arte. Y evidentemente, a nosotros nos toca algo adentro. Pero a la vez, como dice Roland Barthes, cuando un poeta termina su texto es la muerte del autor: la pelota pasa a la cancha del espectador, de la audiencia o del lector. Cuando él termina su letra yo puedo interpretarla como quiera, vos podés interpretarla como quieras. Uno se conecta con lo que necesita conectarse.
—¿Algo así como una interpretación frente a la interpretación?
—Eso es lo maravilloso del arte. Podés tener un montón de puntos de vista de la misma cosa. Esta [señala el libro] es mi interpretación personal.

—¿Hay relación entre Spinetta y el orientalismo? En el libro Una vida hermosa, Miguel Grinberg habla de cierta mística oriental.
—En Spinetta está constantemente presente la función cosmológica del mito: cuál es nuestro lugar en el universo. Nombra a Dios de un montón de maneras diferentes. Hasta inventa una palabra como "bolsodiós", que es como una forma de dios, donde todo pertenece a algo. Está también "la diosa salvaje". Ahí es donde aparece lo ecléctico en Spinetta. Ahí es donde él dice: "No hay una verdad, hay muchas verdades".
—Trabajaste con las letras de Charly García y ahora con las de Spinetta. ¿Qué relación hay entre los dos?
—Tienen en común una función pedagógica y el invitarnos a pensar más allá. Ninguno nos obliga a pensar de cierta manera. Los dos nos empujan a ir más allá. Al mismo tiempo son muy diferentes: Charly es rock and roll, el transgresor constante, es la estrella de rock mediática; Spinetta, en cambio, tiene un perfil bajo, no quiere ser la figura, no quiere fanáticos. Son completamente diferentes en el sentido de la performance, pero comparten la esencia del rock en esa época. Y, por supuesto, comparten el trono.
—¿Generacionalmente hablan a públicos distintos?
—No tengo elementos para contestar eso, tendría que responderlo un sociólogo. Charly era más popular y mediático, por eso se lo conocía más. El público de Spinetta es un poco más reservado. En la radio no se escuchaban todas sus canciones; las de Charly, en cambio, se conocen casi todas. Empecé a preguntarme sobre Spinetta después de escribir sobre Charly, porque en todas las entrevistas me hablaban de él. Ahí me senté, escuché todos los discos y me encontré con algo maravilloso.

—Charly, Spinetta,… ¿quién completaría la trinidad?
—León Gieco, Fito, Miguel Abuelo. No sé. Creo que por su compromiso social, León Gieco pesa mucho. Tendría que haber una mujer; es una pena que no la haya.
—Decís lo de las mujeres y me hace pensar que el rock argentino es bastante machista.
—La cultura argentina es terriblemente machista. Lo ves en todos los aspectos. Como sociedad estamos a años luz de una igualdad de género. Pero fijate que en todas las canciones de Charly las mujeres son "alternativas": son hadas, bailarinas, locas, libertinas. Nunca encontrás una mujer tradicional. Las canciones de Charly y Spinetta no son machistas.
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