Por cuarta vez de temporada en la Villa, este verano Diego Reinhold se lució con el unipersonal “Reinhold recargado”, que llevó a Córdoba Capital, Embalse y a Carlos Paz.
Por cuarta vez de temporada en la Villa, este verano Diego Reinhold se lució con el unipersonal “Reinhold recargado”, que llevó a Córdoba Capital, Embalse y a Carlos Paz.

Habla rápido y gesticula. Hace un pausa, toma un poco de aire y sigue. Le quedan pocos días para finalizar la temporada en Córdoba y Diego Reinhold (45) experimenta con un mix de sensaciones que no termina de definir. "Estoy contento. Esta es la cuarta vez que vengo a Carlos Paz: me gustan mucho las sierras", le confía a GENTE desde el Lake Buenavista Resort, donde se hospeda.

–A pesar de que fue un verano difícil, en Carlos Paz llenaste la sala todas las noches. ¿Cómo lo viviste?

–Con frustración. Más allá de las entradas vendidas, mi sensación es que la gente está perdiendo la fe. La pregunta que me hago a diario es: "¿Puede empeorar?". Hoy el mundo está raro. Argentina dejó de tener fe y de tener relato, algo que para mí es importante.

–¿A qué te referís?

–A que la gente tenga en claro hacia dónde va el país: eso hay que construirlo. El tema es la farsa. Cuando te dicen: "El relato no tiene que existir. Cada uno puede pensar con libertad". No es verdad. Te están engañando. Para mí es importante que haya un relato para que la gente tenga un objetivo, un norte. Siempre hay que ir para algún lugar. Es mentira si te dicen lo contrario.

El sábado 23 de febrero dará su última función en el Teatro La llave de Córdoba.
El sábado 23 de febrero dará su última función en el Teatro La llave de Córdoba.

–¿Por qué no comulgás con el gobierno actual?

–No comparto su manera de pensar. Siento que hay mucho discurso violento, que es parte de una generación, de una forma de entender el mundo. A mí de chico me violentaron muchísimo: en la escuela y en mi familia. En casa me pegaban y en el colegio de curas -no voy a profundizar en esto- me abusaban. "Vos tenés que jugar al fútbol", me decía el profesor de Educación Física. Un poco más grande, tuve que hacer el servicio militar. Viví con desesperación el hecho de tener que agarrar un arma. Salí de ahí con un cálculo en el riñón. Nunca estuve de acuerdo con eso.

–¿Pudiste sanar de tanta violencia?

–Hice todo tipo de terapias, que me ayudaron a conocerme a mí mismo. Todavía no me conozco nada: llevo mis torpezas como una especie de carretilla. También hago teatro desde chico: eso me salvó. Iba un día por semana: era mi único momento feliz.

–¿Qué hacías?

–Jugaba. A los 10 iba a un taller barrial y a los 13 entré a la escuela de Hugo Midón, un gran señor del teatro. Todo eso, de alguna manera, me abrió los ojos.

“A mí de chico me violentaron muchísimo: en la escuela y en mi familia. En casa me pegaban y en el colegio de curas me abusaban. Empezar a estudiar teatro me salvó la vida”.
“A mí de chico me violentaron muchísimo: en la escuela y en mi familia. En casa me pegaban y en el colegio de curas me abusaban. Empezar a estudiar teatro me salvó la vida”.

–Te escucho y pienso que sos un tipo muy profundo en un ambiente que
–frecuentemente- es bastante superficial…

–Soy un bicho raro. Soy freaky, freaky Reinhold (risas). Siempre digo que soy un tipo que navega por la vida y va creando.

–¿Es cierto que colaborás con un hogar de niños?

–Me sumé a una asociación civil especializada en niñez y adolescencia. Se llama Conceptos Sencillos. En este momento de mi vida es un bálsamo. Gracias al Gobierno de la Ciudad abrimos un hogar donde actualmente viven 12 chicos de hasta seis años.

–¿Los visitas seguido?

–Sí, porque me encariñé con tres hermanitos: los llevaba a terapia todas las semanas, íbamos a jugar… Flasheaba. Ahora por suerte se van, porque ya tienen quien los quiera adoptar. Eso es muy emocionante. Los pibes vienen muy violentados: abusados, prostituidos, con enfermedades tremendas, con familias imposibles y destinos truncados. Cada uno con su legajo, sus situaciones y sus patologías.

–¿Sentís que es una manera de resarcir lo que te pasó en tu infancia?
–No te quepa la menor duda. Ahí entendí que si de chico te hacías pis en la cama era porque algo te estaba pasando. Hace un año, volviendo a mi infancia, recordé que eso también me pasaba a mí. Siempre lo viví con culpa, lo tenía guardado.

–¿Sí?

–Nos enseñaron que nuestros abuelos hicieron este país y trabajaron de sol a sol. La verdad es que se escaparon de una guerra, dejaron todo y vinieron acá a laburar de cualquier cosa para sobrevivir. Eso no es vida. No quiero que se repita algo así. La gente debe desarrollar lo que tiene adentro, trabajar, esforzarse y descansar. Tiene que ser vaga…

“Casi sin saberlo, y sin proponérmelo, siempre fui poliamor. Hoy, que la sociedad habilita y yo también me lo permito, empiezo a pensar que ese modelo de pareja estable que tenía tan arraigado se diluyó”.
“Casi sin saberlo, y sin proponérmelo, siempre fui poliamor. Hoy, que la sociedad habilita y yo también me lo permito, empiezo a pensar que ese modelo de pareja estable que tenía tan arraigado se diluyó”.

–¿Te gustaría hacer una carrera política?


–No sé cómo funciona realmente la política, pero la acción social ya es algo y ahí estoy.

–Para cerrar: ¿estás en pareja?

–Muchas veces pensé formalizar y llegué a sentir esa frustración de: "Ay, no tengo pareja". Por suerte ya no la siento más. Casi sin saberlo, y sin proponérmelo, siempre fui poliamor. Hoy, que la sociedad habilita y yo también me lo permito, empiezo a pensar que ese modelo de pareja estable que tenía tan arraigado se diluyó. Puedo vivir como quiera.

Por Flor Illbele
Fotos: Fabián Uset.
Locación: Lake Buenavista Resort.
Agradecimientos: Agencia Alcaza-Layus, Gustavo Vanadia, Hugo Amadey Hair Style (@amadeyhugo), Gonzalo de MOSCOW Showroom (@moscow502) y VALKYMIA.

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