
Fue sin dudas el ícono del deporte argentino. Por sus páginas pasaron las hazañas y proezas de la mayoría de los deportistas de nuestro país y del mundo. Constancio Cecilio Vigil, uruguayo nacido en Rocha, fundó la revista Atlántida el 7 de marzo de 1918, y el 30 de mayo de 1919 nacía El Gráfico.
En la portada del N° 1 se lee "Ilustración semanal argentina". Sus doce páginas sólo contenían fotos y epígrafes, sin ninguna relación con el deporte, actividad que tenía muy poca cabida en los medios. Un ejemplo: los combates de boxeo eran casi clandestinos y los diarios los ubicaban en la sección Policiales.
Aníbal Vigil, hijo del fundador, fue el primer director de la revista y un apasionado del métier. Integró el equipo de waterpolo del club Gimnasia y Esgrima, y en 1924 fue el primer periodista argentino que cubrió los Juegos Olímpicos de París. Desde ese momento, El Gráfico se convirtió en la revista deportiva por excelencia.

"Si no salías en El Gráfico no existías. En un momento, cuando era pibe, estaba obsesionado. Me había hecho amigo de un canillita, y el martes a la noche me traía la revista a un café de Juan B. Justo y Gavilán. No tenía ni que mirarla para saber si había salido. Si el tipo traía cuatro revistas, era porque estaba. Si llevaba una sola, seguro que no. Me cambiaba el humor de
la semana estar o no. Mi vida deportiva, de principio a fin, pasó por ahí. Por eso me da mucha pena que haya cerrado. Siento lo mismo que cuando se muere una leyenda. Con el cierre de El Grafico se murió un pedazo del deporte argentino".
El que habla es Carlos Bilardo (79), el hombre que resume parte del éxito del fútbol argentino. Como jugador arrancó en San Lorenzo de Almagro, pasó por Deportivo Español, pero su carrera extraordinaria la hizo en Estudiantes de La Plata. En cinco años en el club platense (de 1965 a 1970) consiguió un campeonato local (1967), tres Copas Libertadores de América (1968, 1969, 1970), una Intercontinental (1968) y otra Interamericana (1969).
Como director técnico del club Pincha ganó el Campeonato Metropolitano de 1982, y en la Selección argentina consiguió la Copa del Mundo en México 86 y el subcampeonato en Italia 90. Por eso se pone melancólico cuando habla de El Gráfico, ya que su vida está en sus páginas.

–¿Qué sintió cuando supo que la revista había cerrado?
–Mucha tristeza… Me enteré por vos, cuando me llamaste y me contaste. De hecho, la semana pasada estaba haciendo unos videos para unas charlas y mandé a comprar la revista.
–¿Cómo nació su historia con El Gráfico?
–Desde que era pibe, Calógero, mi papá, compraba las revistas y las guardaba. Tenía una habitación llena de cosas, entre ellas los ejemplares. Y como a mí me gustaba el fútbol, me encerraba a mirarlas.
–¿De grande se las llevó a su casa?
–¡No, ojalá! Un día María Angélica, mi vieja, se puso a limpiar el cuartito y le regaló todas las revistas a un botellero. Cuando mi papá se despertó y se enteró, salió en pijama y en patas, corriendo por la calle, para tratar de recuperarlas. Así dio varias vueltas manzanas, pero nunca lo encontró.

–¿Se acuerda cuál fue su primera tapa?
–¿Cómo olvidarlo? Fue el 30 de enero de 1968, después de haberle ganado 4 a 2 a Independiente en Avellaneda. Estábamos en el mismo grupo de la Copa Libertadores y nos enfrentamos en el primer partido. La revista me eligió como figura.
–¿Qué sintió?
–Una alegría enorme. Creo que esa semana compré todos los ejemplares que se vendieron en Capital Federal (carcajadas). En las tapas siempre estaban Boca o River. Era difícil meter una de Estudiantes.
–¿Con qué periodista tenía buena relación?
–Con Osvaldo Ardizzone. Siempre fue un gran amigo. Venía a cubrir Estudiantes y decía: "Llego a la redacción y hablo con Dante Panzeri (director de El Grafico) para que les den la tapa". Yo lo miraba y le decía: "Osvaldito, no te metas en ningún quilombo. Nosotros sabemos que la revista es un negocio, que Boca vende 100 tapas y nosotros 10". Así y todo, el tipo iba y peleaba por conseguirla.

–Y así lo acompañó durante toda su carrera.
–En todas las etapas. En las buenas y en las no tan buenas también.
–En la clasificación previa al Mundial de México 1986, los medios lo criticaban tanto que querían sacarlo de la Selección. ¿Qué actitud tuvo El Gráfico?
–Al principio me criticaron mucho, porque no entendían nada, al igual que todos los periodistas del país. Ernesto Cherquis Bialo (NdeR: Entonces director de la publicación) me decía: "¡Vos me hacés cada quilombo que no te puedo defender!".
–¿Usted qué le respondía?
–"El día que entiendas lo que quiero explicar, te vas a dar cuenta de que tengo razón. Los mediocampistas y laterales volantes van a ser el futuro". No me equivoqué. Cuando salimos campeones del mundo, la revista nos hizo una fiesta. Me reconocieron que tenía razón.

–¿Le gustaría volver a dirigir?
–La verdad que no. Arranqué en Estudiantes de La Plata en 1970, como segundo entrenador de Osvaldo Zubeldía. Y en 1971 me hice cargo del primer equipo. Fueron muchos años de éxitos y de recuerdos no tan lindos… Estoy a punto de cumplir los 80 y está bueno tener tiempo para disfrutar con Gloria, mi esposa, mi hija Daniela y mis dos nietos, Micaela (17) y Martín (8)
–¿De qué cuadro son sus nietos?
–Hinchas de Boca, aunque Martín juega al fútbol en Ferro. Cada tanto lo llevo a la cancha y lo veo jugar, medio de incógnito, porque no quiero meterle presión.
–El cierre de la revista coincidió con el fin de su programa, La hora de Bilardo, en radio La Red. ¿Extraña el periodismo?
–Un poco sí, fueron 22 años. Tengo que reconocer que era duro ir los cinco días de la semana. A veces faltaba un martes, a veces un jueves, hasta que un día me dijeron: "No vengas más". Fue un ciclo cumplido.

–¿Qué hace ahora?
–Doy charlas por el país y el exterior. Me hace muy bien. Tengo una lista de veinte ciudades del mundo, que me están llamando para que dé teorías y prácticas en la cancha.
–La última tapa de El Gráfico fue Ariel Holan, un técnico… ¿No habría estado bien que fueran usted y Menotti juntos, dos campeones del mundo, acercando sus diferencias?
–Me hubiese gustado. La verdad, se generó una rivalidad muy fuerte entre dos personas que le dieron al país los únicos dos títulos mundiales. Y ya estamos grandes: cumplimos ochenta este año. Estaría bueno que nos juntemos en privado. Además, éramos amigos y amamos el fútbol. Una ideología o un estilo de juego no pueden separarnos para siempre.

Por Sergio Oviedo.
Fotos: Maximiliano Vernazza y archivo Atlántida.
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