Carlo Di Doménico junto a Mirtha Legrand y Graciela Borges. (Foto Archivo GENTE)
Carlo Di Doménico junto a Mirtha Legrand y Graciela Borges. (Foto Archivo GENTE)

La noticia de la muerte del diseñador argentino Carlo Di Doménico (nacido como Carlos en Mar del Plata, en 1951) golpeó fuerte en el mundo de la moda. Sucedió el miércoles 16 de mayo en una clínica privada de Rosario, donde estaba internado por una leucemia.

Aún no descansa en paz: su hijo mayor, Stéfano, radicó una denuncia en la Comisaría 53ª de la Capital Federal, para confirmar las causas del fallecimiento y pedir una autopsia del cuerpo de su padre.

Pero al margen de las derivaciones policiales, se fue un grande del fashion nacional. Una de sus mejores amigas, Mirtha Legrand, lo despidió en su programa (usando el vestido que él le diseñara para los Martín Fierro 2014), y ahora lo hace aquí, en GENTE, con las siguientes palabras: "Mi querido amigo era una persona con mucha luz: un bon vivant, que disfrutaba de la vida y de todo. Además era un gran creador, porque no copiaba nada: ¡creaba! Donde estaba, se destacaba. Era gracioso, divertido, refinado y también un excelente padre, o al menos eso creo, porque siempre me hablaba de sus hijos: Stéfano y Carla".

Mirtha Legrand en honor a su amigo Carlo Di Doménico, en su programa llevó el vestido que le hizo el diseñador para los Martín Fierro.
Mirtha Legrand en honor a su amigo Carlo Di Doménico, en su programa llevó el vestido que le hizo el diseñador para los Martín Fierro.

–¿Recuerda cuándo se conocieron?

–Sí, fue hace muchos años. Hasta me acuerdo del primer equipo que me hizo: una especie de spolverino largo negro con lunares blancos, que me fui a probar en su negocio de Mar del Plata. Tuvimos muy buena onda desde el primer minuto. Carlo era de esas personas que es un placer ver. Cada vez que me lo encontraba me daba mucho regocijo.

–¿Era un ser luminoso?

–Totalmente. Irradiaba luz, felicidad y alegría. Era cariñoso, siempre estaba de buen humor. Jamás lo vi enojado ni le escuché hablar mal de nadie. Amaba su trabajo y hacía unos desfiles fantásticos. Y era generoso: en uno de sus desfiles de la calle Cerrito me regaló un clutch precioso que había traído de Arabia. Honestamente, no se parecía a nadie. Tenía una personalidad arrolladora. Yo he lamentado muchísimo su partida y la sigo lamentando. Este fin de semana estuve en Victoria, Entre Ríos, y todo el tiempo pensaba en él. Ninguno de sus amigos imaginamos jamás que se pudiera ir de este mundo.

–¿No estaba al tanto de su estado?

–Hace poco me vi con Susana Ortiz, su ex mujer, y le pregunté si él estaba internado. Me respondió: "Sí, sí". Cuando le insistí ("¿Qué tiene?"), me dio a entender con un gesto que no quería mencionar su enfermedad, por lo que le dije: "Disculpame, pasémoslo por alto". Me quedó la intriga hasta ahora, que me enteré. Eso sí, me sorprende que haya ido a morir a Rosario. Eso no lo entiendo. Se fue un gran amigo, un hombre fantástico, extraordinario, a quien todo el mundo adoraba.

Por Lily Luna