
Miles de personas en todo el mundo recurren a rutinas y terapias de bienestar con la idea de mejorar su salud y sumar años de vida. Acupuntura, masajes, yoga y pilates integran una oferta cada vez más extendida, impulsada por el interés en hábitos saludables y en formas de envejecer en mejores condiciones.
Pero la popularidad de estas prácticas no siempre está respaldada por pruebas claras sobre sus efectos a largo plazo. En ese contexto, un equipo de la Arizona State University, universidad pública de Estados Unidos, examinó 21 formas de medicina complementaria y alternativa y encontró que solo el yoga y el pilates quedaron asociados con un menor riesgo de muerte.
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El análisis se basó en 55.023 adultos relevados en la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud de 2007 y 2012, cuyos datos fueron vinculados con registros de mortalidad hasta 2019. La conclusión surge de un estudio publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine. Durante el período de seguimiento analizado, se registraron 5.530 fallecimientos.

Según se detalla en el trabajo, el yoga quedó vinculado con una reducción del 27% y el pilates con una del 36%, mientras que otras opciones, como la acupuntura, los masajes o la homeopatía, no mostraron una relación clara una vez considerados distintos factores demográficos y de salud.
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Los autores aclararon que el hallazgo no demuestra que estas prácticas prolonguen la vida por sí mismas, por lo que los resultados deben leerse con cautela.
El estudio analizó un fenómeno extendido y todavía poco explorado
El trabajo fue realizado por Connor Sheehan, profesor asociado de la T. Denny Sanford School of Social and Family Dynamics de la Arizona State University, junto con Paul Espinoza y otros investigadores.
A partir de esa base, el equipo comparó el uso de distintas terapias complementarias con la evolución posterior de la mortalidad. Es decir, el estudio examinó si quienes recurrían a ciertas prácticas mostraban, con el paso del tiempo, diferencias en el riesgo de muerte frente a quienes no las utilizaban.
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En el comunicado institucional, Sheehan situó la investigación en un contexto de uso extendido de estas terapias en Estados Unidos y de escasez de estudios poblacionales sobre su relación con la longevidad. “Más del 40% de los adultos utiliza al menos una práctica, desde acupuntura y quiropraxia hasta dietas especializadas. Pero en realidad sabemos muy poco sobre si alguna de estas prácticas se asocia con una vida más larga”, afirmó.
La combinación de ejercicio, respiración y vínculo social aparece como una posible clave
Para explicar por qué estas dos prácticas se diferenciaron del resto, Sheehan señaló que ambas comparten un rasgo central. “En primer lugar, el yoga y el pilates son formas de ejercicio, y el ejercicio es una de las maneras más consistentemente comprobadas de prolongar la vida”, expresó.
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También distinguió esas disciplinas de otras opciones incluidas en el análisis, como la quiropraxia, los masajes y la acupuntura, que no implican actividad física.

El investigador agregó otro posible factor. “Desarrollan fuerza y equilibrio, mejoran la aptitud cardiovascular y ponen el acento en la respiración y en la reducción del estrés, factores que tienen efectos documentados sobre la inflamación y la función cardíaca”, sostuvo Sheehan.
En términos sencillos, la aptitud cardiovascular alude a la capacidad del corazón y los pulmones para sostener el esfuerzo físico, mientras que la fuerza y el equilibrio se vinculan con una mejor autonomía corporal con el paso del tiempo.
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Sheehan sumó además una dimensión social en su explicación. “Sabemos que la conexión social protege de manera muy importante la longevidad. Así que en una sola práctica puede combinarse actividad física, manejo del estrés y comunidad”, afirmó.
El estudio detectó una asociación, pero no puede demostrar causalidad
El propio equipo subrayó que los resultados deben leerse con cautela. El estudio es observacional, un tipo de investigación que permite identificar asociaciones entre variables, pero no probar por sí solo una relación de causa y efecto.
El investigador enumeró además posibles explicaciones alternativas. “Es totalmente posible que las personas más sanas, que ya estaban encaminadas a vivir más tiempo, hayan sido simplemente las que se anotaban en clases de yoga y pilates”.
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Y añadió que también podría haber factores no medidos por el estudio, como diferencias de acceso a la atención médica o condiciones previas de salud, aunque los autores controlaron ingresos, educación, ejercicio, tabaquismo, índice de masa corporal y percepción del propio estado físico.
En esa misma línea, el trabajo recoge otra advertencia sobre el perfil de quienes practican estas disciplinas. “Quienes hacen yoga y pilates probablemente también comen bien, duermen bien, no fuman y, en general, toman muchas decisiones que reducen su riesgo de morir”, sostuvo Sheehan.
El trabajo abre nuevas preguntas sobre otras tendencias de bienestar
Más allá del hallazgo puntual, el estudio también deja planteado un interrogante más amplio sobre otras prácticas de bienestar cuya expansión fue más rápida que la investigación disponible.
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Sheehan señaló que la lista analizada no abarca todo el universo de tendencias que crecieron en años recientes. Mencionó, entre otras, péptidos, terapias con luz roja, suplementos específicos e inmersión en agua fría como áreas que, a su juicio, también deberían estudiarse.
Ese señalamiento no implica que funcionen o no funcionen, sino que todavía falta investigación para medir su relación con resultados concretos en salud.
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