
Siempre es bueno prevenir y planificar un futuro que es inexorable. Hay decisiones importantes que tomar, pero también hay cuestiones prácticas que aunque sencillas tienen una gran importancia. Por qué no mirar entonces esta lista para no descubrir un poco tarde algunas cosas en las que deberías haber pensado antes…
Nº 1: Un buen par de zapatos para caminar
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Después de los 65 los pies son tu libertad, si podés caminar, podés ir al mercado, podés ir al doctor, podés salir a la calle, podés visitar a los amigos. Si te cuesta caminar, dependés de otros, y depender a esta edad es la cosa más cara del mundo, más que cualquier zapato. Tenés que ir a un lugar donde te midan el pie de verdad, no comprarlos por la moda sino porque son cómodos. Un buen par de zapatos es más una inversión que un gasto. No hay que comprar los más caros pero sí buscar calidad y pagar por ella.
Y una vez adquiridos caminá con ellos todos los días. Porque la diferencia entre un viejo que camina solo y un viejo que necesita que lo lleven es muchas veces un par de zapatos.
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Nº 2: Un buen colchón
El mejor que puedas pagar. A los 40 podías dormir en cualquier parte, en un sofá, en el piso, en un colchón viejo. Tu cuerpo perdonaba. A los 65 ya no perdona nada: dormís mal y al día siguiente no sos una persona. Te duele todo, pensás lento. Te ponés de mal humor y con los años la mala calidad del sueño se convierte en enfermedad.
Cuando cambies de colchón, vas a despertar con otro cuerpo. Te va a doler menos la espalda, te vas a levantar con más energía. Cuántas mañanas malas te habrías ahorrado, cuánto dolor de espalda, que atribuías a la edad, era simplemente un colchón que ya no servía. Después de los 65 la calidad de tu vida empieza y termina en la calidad de tu sueño.
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Nº 3: Barras en el baño y una alfombra antideslizante
Nadie quiere escuchar esto porque poner barras en el baño es admitir que ya no sos el de antes y eso duele al orgullo. Pero duele más una cadera rota. El baño es el lugar más peligroso de la casa para una persona mayor: piso mojado, superficies resbalosas, movimientos de subir y bajar, todo en un espacio chiquito.
Poné las barras antes de necesitarlas. Colocá la alfombra antideslizante hoy, no mañana. Cuesta poco dinero y puede ahorrarte la caída que te cambia la vida. Porque a los 65 no te caés como a los 30, cuando te caías, te levantabas, te sacudías y seguías. A los 65 te caés y a veces no te volvés a levantar igual.
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Nº 4: Anteojos nuevos y... tal vez, audífono
Pasás años forzando la vista, leyendo con el diario cada vez más lejos, entornando los ojos para ver los letreros y diciendo “yo veo bien”. No querés admitir que tus ojos ya no son los de antes. Cambiar de lentes es como descubrir el mundo otra vez: poder leer las etiquetas, poder caminar por la calle sin miedo a tropezarse.
Sin mencionar el oído. Cuando no oímos bien dejamos de participar en las conversaciones, nos aislamos, la gente habla y sonreímos sin saber de qué se trata y poco a poco nos quedamos afuera.
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Consultá al doctor, revisate los ojos, hacete ver los oídos y ponete lo que tengas que ponerte sin vergüenza, porque más vergüenza es quedarse solo por no querer aceptar que necesitás ayuda.

Nº 5: Unas buenas pantuflas para andar en casa
De esas con suela que no resbale. Esto parece una tontería y no lo es. La mitad o más de las caídas de la gente pasan dentro de la casa, en el pasillo, en la cocina o saliendo de la cama de madrugada. ¿Sabés por qué? Porque andamos en medias o descalzos o, peor aún, con esas pantuflas viejas que resbalan como si fueras patinando.
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Comprá unas buenas, de esas que se agarran al piso, que no se salen del pie, ponelas al lado de la cama para que sean lo primero que encontrás cuando te levantás. Es la compra más barata de esta lista y puede ser la más importante.

Nº 6: Una buena licuadora
Los que ya pasaron de los 65 van a entender. Después de cierta edad masticar se vuelve complicado. Los dientes ya no son los mismos, las muelas fallan, las encías duelen, y sin darte cuenta empezás a dejar de comer frutas, verduras, cosas que necesitás simplemente porque te cuesta masticarlas.
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Una buena licuadora te permite seguir alimentándote bien, aunque los dientes no colaboren: jugos de fruta natural, sopas licuadas, batidos con avena y banana, cremas de verdura, todo eso entra fácil y alimenta igual.
No esperes a que te saquen las muelas para comprar la licuadora, comprala ahora, aprendé a hacer tus licuados, tu cuerpo te lo va a agradecer.

Nº 7: Una linterna potente
Es para tenerla al lado de la cama. De noche, cuando te levantás al baño, no prendés la luz, los ojos te molestan. Estás medio dormido, conocés la casa de memoria. ¿Para qué prender la luz? Para no caerte.
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Es más, habría que tener una linterna en cada cuarto, una al lado de la cama, una en el baño, una en la cocina. Y para completar, lucecitas de esas que se prenden solas cuando detectan movimiento en el pasillo y en la entrada del baño. Esto no cuesta casi nada y puede salvarte de una caída que a los 70 te cambia todo.
Nº 8: Un teléfono que puedas usar de verdad
No el más moderno ni el más caro: uno que tenga las letras grandes, la pantalla clara, los botones donde los puedas ver y que te permita llamar y recibir llamadas sin necesidad de un tutorial de 3 horas. Porque el teléfono después de los 65 es tu cordón con el mundo. Para llamar al doctor si te sentís mal, para llamar a los hijos o a los amigos, para pedir ayuda. Y si tu teléfono es tan complicado que no sabés usarlo, es como no tener teléfono, y no tener teléfono a los 70 años, viviendo solo, es peligroso.

Nº 9: Un cuaderno de tapa dura con hojas en blanco
No cuesta nada y vale todo. Después de los 65 la memoria empieza a fallar, y no es que te vuelvas loco, es que las cosas se te van. La cita con el doctor, el medicamento que te toca a las 4, el nombre de la vecina nueva, el día que viene tu hijo. Las cosas se escapan y cuando se te escapa algo importante te asustás, pensás que estás perdiendo la cabeza y el miedo te paraliza.
Un cuaderno te quita ese miedo. Anotá todo: la cita del doctor, los medicamentos, los cumpleaños, los teléfonos importantes, lo que tenés que comprar en el mercado.
Y esto tiene otro beneficio que nadie te dice: cuando anotás cosas obligás al cerebro a trabajar. La mano escribe y la cabeza piensa. Eso te mantiene más despierto que cualquier crucigrama. No es debilidad anotar las cosas: es inteligencia.

Nº 10: Una buena silla
Es donde te vas a sentar todos los días. Porque después de los 65 una silla no es un mueble, es tu base de operaciones. Es donde desayunás, donde mirás la televisión, donde recibís visitas, donde hablás por teléfono, donde pensás, donde descansás. Y si la silla es mala, si se te hunde la espalda, si te cuesta levantarte, si no te sostiene bien, todo tu día empieza mal y termina peor. Una silla firme, con buenos brazos para apoyarse a la altura correcta, para que las rodillas no sufran y que te permita levantarte solo y la diferencia va a ser inmediata. ¿Y por qué no animarte entonces a usar un tutorial para hacer yoga o taichí en silla?
Esta es una lista de diez cosas en la cual ninguna es un lujo, ninguna cuesta una fortuna. Pero todas juntas pueden marcar la diferencia entre una persona mayor que se vale por sí misma y una que depende de todo el mundo.
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