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Diez cosas que deberías pensar en comprarte cuando vas entrando en la vida senior

Cuando nos sentimos todavía jóvenes no queremos pensar en nuestra futura vida de adulto mayor. Pero hay ciertos elementos que están destinados a hacernos más fácil esa etapa quizás no tan lejana

Un hombre y una mujer de perfil observan los peluches dentro de una máquina de gancho con una garra metálica. Se aprecian unicornios azules y otros muñecos de colores
Mejor prevenir: hay algunos objetos cotidianos que se vuelven extremadamente útiles cuando se entra en la etapa senior de la vida (Freepik)
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Siempre es bueno prevenir y planificar un futuro que es inexorable. Hay decisiones importantes que tomar, pero también hay cuestiones prácticas que aunque sencillas tienen una gran importancia. Por qué no mirar entonces esta lista para no descubrir un poco tarde algunas cosas en las que deberías haber pensado antes…

Nº 1: Un buen par de zapatos para caminar

Después de los 65 los pies son tu libertad, si podés caminar, podés ir al mercado, podés ir al doctor, podés salir a la calle, podés visitar a los amigos. Si te cuesta caminar, dependés de otros, y depender a esta edad es la cosa más cara del mundo, más que cualquier zapato. Tenés que ir a un lugar donde te midan el pie de verdad, no comprarlos por la moda sino porque son cómodos. Un buen par de zapatos es más una inversión que un gasto. No hay que comprar los más caros pero sí buscar calidad y pagar por ella.

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Y una vez adquiridos caminá con ellos todos los días. Porque la diferencia entre un viejo que camina solo y un viejo que necesita que lo lleven es muchas veces un par de zapatos.

Primer plano de un zapato deportivo gris y blanco con sensores y una batería. Dos personas borrosas con tabletas están sentadas en el fondo.
Algunos ya diseñan calzado inteligente que previene caídas en adultos mayores. Sin llegar a tanto, un calzado confortable y antideslizante es un gran plus

Nº 2: Un buen colchón

El mejor que puedas pagar. A los 40 podías dormir en cualquier parte, en un sofá, en el piso, en un colchón viejo. Tu cuerpo perdonaba. A los 65 ya no perdona nada: dormís mal y al día siguiente no sos una persona. Te duele todo, pensás lento. Te ponés de mal humor y con los años la mala calidad del sueño se convierte en enfermedad.

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Cuando cambies de colchón, vas a despertar con otro cuerpo. Te va a doler menos la espalda, te vas a levantar con más energía. Cuántas mañanas malas te habrías ahorrado, cuánto dolor de espalda, que atribuías a la edad, era simplemente un colchón que ya no servía. Después de los 65 la calidad de tu vida empieza y termina en la calidad de tu sueño.

Mujer mayor sentada de espaldas en una cama, con pijama de rayas, sostiene un vaso de agua y mira por una ventana, en una habitación
Un buen colchón garantiza un buen despertar

Nº 3: Barras en el baño y una alfombra antideslizante

Nadie quiere escuchar esto porque poner barras en el baño es admitir que ya no sos el de antes y eso duele al orgullo. Pero duele más una cadera rota. El baño es el lugar más peligroso de la casa para una persona mayor: piso mojado, superficies resbalosas, movimientos de subir y bajar, todo en un espacio chiquito.

Poné las barras antes de necesitarlas. Colocá la alfombra antideslizante hoy, no mañana. Cuesta poco dinero y puede ahorrarte la caída que te cambia la vida. Porque a los 65 no te caés como a los 30, cuando te caías, te levantabas, te sacudías y seguías. A los 65 te caés y a veces no te volvés a levantar igual.

Generación silver - adaptaciones - casa - adultos mayores
Las barras en el baño son auxiliares de gran utilidad. No hace falta instalar todas de una vez, pero una buena idea es empezar por la ducha

Nº 4: Anteojos nuevos y... tal vez, audífono

Pasás años forzando la vista, leyendo con el diario cada vez más lejos, entornando los ojos para ver los letreros y diciendo “yo veo bien”. No querés admitir que tus ojos ya no son los de antes. Cambiar de lentes es como descubrir el mundo otra vez: poder leer las etiquetas, poder caminar por la calle sin miedo a tropezarse.

Sin mencionar el oído. Cuando no oímos bien dejamos de participar en las conversaciones, nos aislamos, la gente habla y sonreímos sin saber de qué se trata y poco a poco nos quedamos afuera.

Consultá al doctor, revisate los ojos, hacete ver los oídos y ponete lo que tengas que ponerte sin vergüenza, porque más vergüenza es quedarse solo por no querer aceptar que necesitás ayuda.

Una mujer mayor con blusa color claro y un hombre mayor con gafas y chaleco leen un periódico en una mesa, con tazas y estantes al fondo
Una mujer de la tercera edad apoya su mano en el hombro de un hombre que lee el periódico en la cocina. (Freepik)

Nº 5: Unas buenas pantuflas para andar en casa

De esas con suela que no resbale. Esto parece una tontería y no lo es. La mitad o más de las caídas de la gente pasan dentro de la casa, en el pasillo, en la cocina o saliendo de la cama de madrugada. ¿Sabés por qué? Porque andamos en medias o descalzos o, peor aún, con esas pantuflas viejas que resbalan como si fueras patinando.

Comprá unas buenas, de esas que se agarran al piso, que no se salen del pie, ponelas al lado de la cama para que sean lo primero que encontrás cuando te levantás. Es la compra más barata de esta lista y puede ser la más importante.

perro con pantufla, perro con zapatilla, perro rompe
Un buen par de pantuflas que impidan resbalar, y que no te las quite el perro (Getty Images)

Nº 6: Una buena licuadora

Los que ya pasaron de los 65 van a entender. Después de cierta edad masticar se vuelve complicado. Los dientes ya no son los mismos, las muelas fallan, las encías duelen, y sin darte cuenta empezás a dejar de comer frutas, verduras, cosas que necesitás simplemente porque te cuesta masticarlas.

Una buena licuadora te permite seguir alimentándote bien, aunque los dientes no colaboren: jugos de fruta natural, sopas licuadas, batidos con avena y banana, cremas de verdura, todo eso entra fácil y alimenta igual.

No esperes a que te saquen las muelas para comprar la licuadora, comprala ahora, aprendé a hacer tus licuados, tu cuerpo te lo va a agradecer.

Primer plano de manos de una persona sosteniendo una licuadora llena con trozos de melón naranja y queso crema blanco, con un fondo claro.
Una buena licuadora es un gran auxiliar para mantener una alimentación lo más completa posible (Imagen Ilustrativa Infobae)

Nº 7: Una linterna potente

Es para tenerla al lado de la cama. De noche, cuando te levantás al baño, no prendés la luz, los ojos te molestan. Estás medio dormido, conocés la casa de memoria. ¿Para qué prender la luz? Para no caerte.

Es más, habría que tener una linterna en cada cuarto, una al lado de la cama, una en el baño, una en la cocina. Y para completar, lucecitas de esas que se prenden solas cuando detectan movimiento en el pasillo y en la entrada del baño. Esto no cuesta casi nada y puede salvarte de una caída que a los 70 te cambia todo.

Nº 8: Un teléfono que puedas usar de verdad

No el más moderno ni el más caro: uno que tenga las letras grandes, la pantalla clara, los botones donde los puedas ver y que te permita llamar y recibir llamadas sin necesidad de un tutorial de 3 horas. Porque el teléfono después de los 65 es tu cordón con el mundo. Para llamar al doctor si te sentís mal, para llamar a los hijos o a los amigos, para pedir ayuda. Y si tu teléfono es tan complicado que no sabés usarlo, es como no tener teléfono, y no tener teléfono a los 70 años, viviendo solo, es peligroso.

Un hombre mayor con barba blanca sostiene un teléfono fijo de disco, junto a una mujer joven que tiene un teléfono móvil azul, con fondo rojo
Si ya dejaste el aparato de línea y pasaste al celular no hace falta que sea ultrasofisticado (Freepik)

Nº 9: Un cuaderno de tapa dura con hojas en blanco

No cuesta nada y vale todo. Después de los 65 la memoria empieza a fallar, y no es que te vuelvas loco, es que las cosas se te van. La cita con el doctor, el medicamento que te toca a las 4, el nombre de la vecina nueva, el día que viene tu hijo. Las cosas se escapan y cuando se te escapa algo importante te asustás, pensás que estás perdiendo la cabeza y el miedo te paraliza.

Un cuaderno te quita ese miedo. Anotá todo: la cita del doctor, los medicamentos, los cumpleaños, los teléfonos importantes, lo que tenés que comprar en el mercado.

Y esto tiene otro beneficio que nadie te dice: cuando anotás cosas obligás al cerebro a trabajar. La mano escribe y la cabeza piensa. Eso te mantiene más despierto que cualquier crucigrama. No es debilidad anotar las cosas: es inteligencia.

Mujer de cabello corto sentada en un escritorio de madera, escribe en un cuaderno con un lápiz. Un ordenador portátil y un portalápices con bolígrafos están en la mesa
Anotar todo. De paso, se mantiene el ejercicio de escribir a mano, lo que tiene muchos beneficios para el cerebro

Nº 10: Una buena silla

Es donde te vas a sentar todos los días. Porque después de los 65 una silla no es un mueble, es tu base de operaciones. Es donde desayunás, donde mirás la televisión, donde recibís visitas, donde hablás por teléfono, donde pensás, donde descansás. Y si la silla es mala, si se te hunde la espalda, si te cuesta levantarte, si no te sostiene bien, todo tu día empieza mal y termina peor. Una silla firme, con buenos brazos para apoyarse a la altura correcta, para que las rodillas no sufran y que te permita levantarte solo y la diferencia va a ser inmediata. ¿Y por qué no animarte entonces a usar un tutorial para hacer yoga o taichí en silla?

Esta es una lista de diez cosas en la cual ninguna es un lujo, ninguna cuesta una fortuna. Pero todas juntas pueden marcar la diferencia entre una persona mayor que se vale por sí misma y una que depende de todo el mundo.

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