
La preservación del patrimonio cultural cobra un sentido trascendental cuando se entrelaza con el afecto familiar y la responsabilidad intergeneracional. Esta semana, la recorrida por la exposición Gyula Kosice: En tiempo real en el Museo Castagnino de Rosario estuvo guiada por la perspectiva de Max Pérez Fallik, presidente de la Fundación Kosice y nieto del emblemático creador.
Su testimonio ofreció una mirada sobre cómo las nuevas generaciones asumen la misión de honrar y transmitir el legado de sus mayores. Pérez Fallik destacó que la exhibición, curada por Jazmín Adler, representa la primera gran muestra individual del artista en la ciudad santafesina y marca el coronamiento de una serie de exhibiciones en la Argentina y Estados Unidos.
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Desde su experiencia al cuidado del archivo y la memoria familiar, explicó que la trascendencia de la obra de su abuelo reside en la vivencia directa del espectador, la audaz experimentación con agua, luz y movimiento.
“Es un placer para mí y para nosotros, de la Fundación Kosice, estar en esta muestra, que es la primera exhibición de Kosice en la ciudad de Rosario”, expresó al dar la bienvenida al público, revalorizando el diálogo entre las obras pioneras de su abuelo y la memoria viva que las sostiene.
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Sobre el título de la exhibición, sostuvo: “¿Por qué se llama En tiempo real? Porque son obras que se actualizan en nuestra mirada. No es una representación de algo pasado, no es la construcción de una ficción, sino es algo que está sucediendo en el momento en que nosotros lo estamos viendo”.

La historia de artista que llegó en barco y el cielo que maravilló al niño
La historia del artista comenzó lejos de las pampas y los museos rioplatenses. En 1928, con tan solo cuatro años, Ferdinand Fallik llegó a la Argentina procedente de la ciudad que más tarde adoptaría para su seudónimo artístico: Kosice.
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Sus padres y hermanos emigraron desde Eslovaquia (que en aquel momento formaba parte de la entonces Checoslovaquia) hacia Sudamérica buscando escapar de las secuelas y las tensiones de la posguerra europea. Sin embargo, la travesía de treinta días en el buque transatlántico marcaría para siempre la retina del niño: la inmensidad contemplada del océano y la vastedad de los cielos estrellados en alta mar se transformarían, décadas después, en los pilares líricos y materiales de su obra.
Al poco tiempo de radicarse en Buenos Aires, la tragedia familiar golpeó al joven Gyula al quedar huérfano a los ocho años. Él y sus hermanos fueron acogidos por la familia de un “ship brother” o “hermano de barco”, un compañero de travesía transatlántica con quien sus padres habían sellado ese conmovedor pacto de reciprocidad tan habitual entre los migrantes europeos.
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Fue en ese nuevo hogar de adopción donde cayó en sus manos un libro sobre las invenciones de Leonardo Da Vinci. Quedó deslumbrado, no por las pinturas del genio renacentista, sino por los esquemas de mecanismos, prototipos y artefactos diseñados para adelantarse a su tiempo. Aquel descubrimiento definió su vocación temprana por unir arte, ciencia y tecnología.

Inscrito en esa búsqueda infatigable por anticipar el futuro, el niño migrante se convirtió en uno de los referentes de la vanguardia argentina y latinoamericana. Tras cofundar la emblemática revista Arturo y liderar el Movimiento Madí, transitó una prolífica trayectoria que lo llevó a experimentar con gas neón, agua, luz y la utópica Ciudad Hidroespacial.
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Casi un siglo después de aquel viaje en barco, su legado continúa vigente.

El nieto que ordena y preserva el universo de Kosice
En su papel de custodio del archivo familiar, Pérez Fallik describió una tarea que excede la mediación pública. Habló de materiales dispersos que empezaron a ordenar desde el museo creado por el propio artista en Buenos Aires.
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“Desde el museo que él creó en el 2003 encontramos un montón de fotografías, de documentos escritos, de videos que tenía sueltos en la casa, que los empezamos a procesar, a digitalizar, a sistematizar”, señaló.

También ligó ese trabajo con una idea persistente sobre Kosice como creador pionero. “Me van a escuchar varias veces decir: él fue el primero en..., él fue el primero en..., él fue el primero en..., porque es un artista de vanguardia que siempre quiso adelantarse a la época”.
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En ese repaso, remarcó el peso de su trayectoria local. “Kosice es un artista argentino, lo consideramos argentino”.
Cómo explica Max el sueño vanguardista de su abuelo
Pérez Fallik volvió una y otra vez sobre el carácter pionero de piezas y procedimientos. Al presentar Röyi, de 1944, la describió como “la primera escultura articulada y móvil con participación del espectador en la historia del arte en Latinoamérica”.
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Ese cruce entre objeto y experiencia, explicó, organiza buena parte de la muestra en el museo municipal de Rosario. “La obra no está completa sin la presencia de los observadores, sin la presencia de los participantes”.
Pérez Fallik remarcó la adopción temprana de recursos poco habituales para las artes plásticas de la época. Al señalar una firma modelada con gas neón, afirmó que su abuelo fue pionero mundial en emplear este elemento lumínico en una obra.

En esa misma línea experimental, destacó Una gota de agua acunada a toda velocidad (1948), presentada como la escultura hidrocinética, que incorpora por primera vez en el mundo agua en movimiento permanente dentro de la obra.
Allí subrayó que el artista no buscaba una metáfora sino activar materia, movimiento y percepción. “No hay simbolismo. No hay una metáfora, es pura materialidad, la pura expresividad de lo material”.
Al hablar de los trabajos con acrílico, aire y agua, insistió en una idea que enlaza procedimiento y pensamiento. “Lo convirtió, esta imposibilidad de controlar el resultado final de una obra en una filosofía de producción, una filosofía creativa, pero también una filosofía de vida que llamó corregir el azar”.

Entre la admiración y los problemas de conservación
La cercanía familiar apareció con más nitidez cuando habló de obras que vio nacer en el taller. Durante el recorrido, el nieto del artista compartió los entretelones de la creación de una de las piezas más singulares, una escultura conceptualizada únicamente a base de aire, sin agua ni luz.
Al recordar cómo vio nacer el proceso creativo mientras ya trabajaba codo a codo con su abuelo, relató cómo la obsesión de Kosice por hacer mover pequeñas esferas telgopor dentro de una gota: “Parece un bingo. Hiciste una pelota de bingo. Por favor, pensá otra cosa”, contó que le advirtieron los asistentes entre risas al ver el prototipo inicial.
Pérez Fallik explicó que esa pieza de 2011 —equipada con un pequeño ventilador interno y tensores en la pared para evitar que gire sobre sí misma— sintetiza la esencia de la vanguardia kosiceana. Aunque admitió que para él representa una verdadera “pesadilla de conservación” por la fragilidad del telgopor y el paso del tiempo- ”No es un error, es experimentación. Toda experimentación es imperfecta, por definición".
Por qué la muestra de Rosario es especial
Para Pérez Fallik, la escala de la exposición en Rosario le da un carácter poco frecuente. Remarcó que varias piezas se exhiben por primera vez en ese museo y que el conjunto dialoga con obras de colecciones públicas y privadas, además de una sala dedicada a vínculos con Antonio Berni y Lucio Fontana.
“Hay muchas obras de Kosice que se exhiben por primera vez en este museo, así que también para nosotros es algo muy especial”, afirmó.

El núcleo de la muestra incluye la Ciudad Hidroespacial, un proyecto urbanístico, arquitectónico y poético ideado por Kosice a finales de la década de 1940 ante la perspectiva del crecimiento demográfico global.
La propuesta del artista plantea hábitats circulares, móviles y transparentes diseñados para permanecer suspendidos entre los 1.000 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, configurando “barrios en el cielo” que transforman las dinámicas de convivencia y desplazamiento geográfico.

La presentación de este conjunto —cuya mayor parte, compuesta por más de setenta piezas, pertenece al Museum of Fine Arts de Houston desde 2010— reúne maquetas, fotomontajes y constelaciones procedentes de diversas colecciones.
Entre las piezas exhibidas se encuentra la única maqueta del proyecto conservada actualmente en el país, perteneciente al Museo Nacional de Bellas Artes, donde el creador asignó descripciones poéticas a cada espacio en lugar de darles funciones domésticas tradicionales. Pérez Fallik ejemplificó la lógica de su abuelo al describir uno de los módulos como “el lugar para dejar impreso en tinta de nubes la radiación gozosa de todos los deseos”.
“Lo que propone es un modo de habitar el mundo poético”, dijo al explicar esas maquetas, constelaciones y textos.
Fotos: Guillermo Turin Bootello/ Secretaría de Cultura y Educación, Municipalidad de Rosario.
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