
La decisión de Ford de volver a contratar a 300 ingenieros veteranos después de comprobar que sus herramientas de inteligencia artificial no corregían por sí solas fallas de producción reabrió una discusión que excede a la industria automotriz: el valor económico de la experiencia acumulada. Para el economista Gustavo Rodolfo Reija, el caso mostró que la empresa “sobrestimó a la inteligencia artificial” y terminó tomando “una decisión económica”, con un resultado medible: el primer puesto en calidad inicial de JD Power en Estados Unidos por primera vez desde 2010 y una baja en el gasto por garantías y retiradas.
El cambio no quedó limitado a un ajuste interno. Siete de los diez modelos más vendidos de la marca se ubicaron entre los tres mejores de sus segmentos en el estudio IQS 2026 de JD Power, y entre ellos la Ford F-150, la Ford Mustang y la Ford Super Duty lideraron sus categorías por segundo año consecutivo.
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Según informó FOX Business, la automotriz retomó la contratación de ingenieros con amplia experiencia para orientar sistemas de IA que no habían alcanzado por sí solos para elevar la calidad en producción. Reija sostuvo en diálogo con Infobae que esa secuencia dejó al descubierto un punto: la tecnología no reemplazó al saber experto, sino que expuso su ausencia.
“Durante años se instaló la idea de que la inteligencia artificial sustituiría buena parte del trabajo humano. El tropiezo de Ford sugiere un matiz: los sistemas fallaron porque los especialistas capaces de entrenarlos ya no estaban en la empresa”, afirmó. A partir de esa lectura, agregó que la experiencia del trabajador maduro “no compite con la IA sino que la complementa”.
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La mejora de calidad puso precio a la experiencia acumulada
Reija señaló que la corrección de rumbo de Ford no fue “un gesto nostálgico”, sino la validación de que el conocimiento tácito conserva retorno económico. Según planteó, el desempeño de la compañía confirmó que la experiencia “volvió a comportarse como lo que siempre fue: un activo estratégico con retorno medible”.
El economista ligó esa conclusión a una idea más amplia sobre el funcionamiento de la IA dentro de las empresas. “La tecnología vale lo que vale la información con que se la alimenta, y esa información —el conocimiento tácito de quien atravesó múltiples ciclos productivos— no figura en ningún manual”, dijo.
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Ese razonamiento, a su juicio, cambia la forma de mirar a los trabajadores de mayor edad en los sectores intensivos en conocimiento. Mencionó entre ellos a la manufactura avanzada, la energía, la salud, los servicios financieros y la tecnología aplicada.
La economía plateada incluye consumo, pero también producción
Reija cuestionó la definición restringida de la llamada economía silver como un mercado de bienes y servicios para mayores de cincuenta años. “Suele reducirse la economía plateada a los bienes y servicios que consumen los mayores de cincuenta. Es una definición”, afirmó.
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Para sostener esa idea, citó datos de escala internacional. Según recordó, la Comisión Europea considera a ese universo como toda la actividad económica ligada a ese segmento; en la Unión Europea, las personas de más de cincuenta años ya generaban una actividad equivalente a la tercera economía del mundo, mientras que en Japón el sector superó los USD 1.000 millones.
También mencionó una proyección del Banco Interamericano de Desarrollo sobre América Latina. Según ese cálculo, cerca del 30% del crecimiento del consumo regional entre 2015 y 2030 provendrá de los mayores de sesenta. Para Reija, el punto menos atendido no es ese mercado de consumo, sino “el capital humano de esa generación”.
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En la Argentina, el peso económico del grupo convive con exclusión laboral
El economista describió a la Argentina como un caso donde la demografía y el mercado de trabajo marchan en direcciones opuestas. “Diversas estimaciones ubican el peso directo e indirecto de la economía plateada en torno al 40% del PBI”, indicó, y añadió que hacia 2043 el segmento representará cerca del 35% de la población y el 37% del gasto de los hogares.
Frente a ese cuadro, dijo, el mercado laboral “hace exactamente lo contrario de lo que aconseja esa demografía”. Citó el Informe Generación Silver para señalar que las personas de entre 50 y 65 años representan apenas el 7,4% de la dotación de las organizaciones, que el 54% de los postulantes de esa franja fue rechazado por su edad y que el 68% de los responsables de recursos humanos no contrató a ninguna persona mayor de 55 años en el último año.
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“El país invierte décadas en formar capital humano y luego lo amortiza a pérdida”, sostuvo. Para Reija, esa dinámica no solo desaprovecha conocimiento, sino que reduce capacidad productiva en un contexto de envejecimiento.
Extender la vida laboral puede sumar crecimiento y aliviar la presión previsional
Reija vinculó la discusión sobre talento senior con un fenómeno demográfico de largo plazo. “En sociedades que envejecen, prolongar la vida laboral no es una carga sino una oportunidad”, afirmó.
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En ese punto citó una estimación de la OCDE según la cual extender trayectorias laborales productivas puede sumar hasta 0,4 puntos de PBI por año. Al mismo tiempo, recordó que la razón de dependencia de la vejez en ese ámbito trepará del 31% actual al 52% hacia 2060.
El economista sostuvo que esa evidencia desmiente la idea de que la contratación de personas mayores desplaza a los jóvenes. “La inserción laboral de los mayores no desplaza el empleo juvenil, lo complementa en equipos intergeneracionales más productivos”, dijo.
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Reija propuso incentivos para contratar mayores de cincuenta
El diagnóstico, planteó, exige medir el conocimiento acumulado con el mismo rigor que la innovación tecnológica. “Ford lo tradujo en calidad y en menor gasto en garantías; en cualquier organización, la experiencia senior se expresa en menos errores de proceso, menor rotación, mejor transferencia de saber y sistemas de IA mejor entrenados”, señaló.
A partir de esa lógica, propuso medidas para la Argentina: incentivos fiscales para la contratación de mayores de cincuenta, esquemas de mentoría cofinanciados, certificación de competencias y eliminación de la edad como filtro de reclutamiento. “No son gasto: son inversión en un activo que ya existe y que hoy se malgasta”, dijo.
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