
El Camino de Santiago dejó de ser una experiencia asociada sólo a la austeridad y empezó a reorganizar su oferta alrededor de un nuevo protagonista: el viajero silver, mayor de sesenta años, que busca caminar con menos carga física, más apoyo logístico y alojamiento. Para el periodista especializado en viajes Damián Umansky, esa transformación no reemplaza la tradición del peregrino clásico, sino que amplía la ruta jacobea con etapas más cortas, traslado de equipaje y estancias.
Esa adaptación tiene una base técnica concreta. El servicio de traslado de mochilas cuesta entre seis y siete euros por etapa y se combina con jornadas fragmentadas de 10 a 14 kilómetros, en lugar de los tramos estándar de 25 kilómetros, según detalló Umansky en sus recomendaciones.
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“Lejos de los albergues masificados y las mochilas pesadas, una nueva forma de recorrer la ruta jacobea gana terreno entre los mayores de sesenta: etapas cortas, transporte de equipaje y estancias en pazos históricos”, señaló Umansky.
“La reingeniería de servicios en el Camino de Santiago permite atraer a un viajero de alto gasto, que prioriza la accesibilidad, la logística personalizada y la calidad alojativa”, afirmó el periodista especializado en viajes.
El nuevo perfil prioriza apoyo logístico, menor exigencia física y alojamiento seleccionado
La viabilidad del viaje para ese segmento, según Umansky, descansa en tres pilares: traslado de equipaje puerta a puerta, división de etapas y asistencia en ruta. Empresas como Correos, la empresa postal española, a través de Paq Mochila, y agencias privadas se ocupan de mover las maletas entre una parada y otra.
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El especialista explicó que ese esquema reduce el impacto articular y permite que el esfuerzo del peregrino se concentre en la marcha aeróbica. También hay una red de alojamientos en núcleos rurales intermedios que habilita recorridos más breves y la presencia de vehículos de apoyo y asistencia telefónica 24 horas para reforzar la seguridad de los viajeros de más edad.
“La tradición y la modernidad han encontrado un punto de equilibrio, lo que permitió que otras tipologías de viajeros vivan la experiencia”, dijo Umansky. En esa lectura, el llamado Camino Silver no desplaza al modelo tradicional, sino que ensancha las formas posibles de recorrerlo.
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La red de alojamientos rurales se volvieron parte del atractivo
El impacto económico de ese viajero, de acuerdo con Umansky, es mayor que el del peregrino tradicional porque suele optar por circuitos de mayor calidad. “El impacto económico del viajero silver es significativamente superior al del peregrino tradicional. Este usuario opta por la Red de Paradores Nacionales y el Turismo Rural de Calidad (Pazos)”, indicó.
En Galicia, un pazo es una casa señorial rural que en el pasado perteneció a familias nobles o hidalgas y funcionó como residencia principal y centro de explotación agrícola. Hoy, muchos de esos inmuebles cambiaron de función y se integraron a la economía turística del Camino.
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“Muchos se han reconvertido en casas rurales, hoteles boutique o alojamientos con encanto. Ofrecen una experiencia más tranquila y auténtica que los albergues tradicionales. Suelen mantener la arquitectura histórica, pero con comodidades modernas”, explicó Umansky. Esa combinación de patrimonio y confort es parte del atractivo para un viajero que busca evitar la precariedad habitacional sin abandonar el sentido del recorrido.

El tramo final desde Sarria y los caminos portugueses
Entre los itinerarios recomendados para este perfil, Umansky ubicó en primer lugar al Camino Francés desde Sarria, localidad de Galicia, un tramo de los últimos 100 kilómetros hasta Santiago de Compostela que permite obtener la Compostela con una exigencia menor y con una infraestructura de hoteles, pazos, restaurantes y servicios constantes para peregrinos.
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También señaló al Camino Portugués desde Tui, localidad de Galicia, o desde Oporto, ciudad de Portugal, por su equilibrio entre accesibilidad y calidad de alojamiento, y al Camino Portugués de la Costa, valorado por sus paisajes marítimos, etapas sin grandes desniveles y oferta hotelera. Para quienes buscan una opción breve, mencionó el Camino Inglés desde Ferrol, localidad de Galicia, con un recorrido de unos 120 kilómetros y menor nivel de concurrencia.
El período recomendado para realizar el viaje es mayo, junio o septiembre, cuando el clima es templado y hay menos aglomeraciones. En el plano físico, Umansky aconsejó consultar con un fisioterapeuta antes de salir y usar calzado ya adaptado al pie, sin estrenar botas durante la ruta.
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