Joan Manuel Serrat reclama dignidad: “Prescindir de los viejos es como quemar los libros, es destruir la memoria”

El icónico músico y escritor catalán destacó la relevancia del respeto hacia los adultos mayores y la búsqueda de condiciones humanas para transitar la etapa final de la existencia

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En la clausura del congreso internacional ¿Un Derecho Civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas, Joan Manuel Serrat tomó la palabra para plantear una reflexión sobre el lugar de las personas mayores en la sociedad contemporánea. Desde el paraninfo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, el cantautor cuestionó el edadismo y advirtió sobre las consecuencias de marginar la experiencia y la memoria colectiva en un contexto de envejecimiento social.

La ciudad de Barcelona fue escenario de un hito para el debate social en torno al envejecimiento: el Congreso “¿Un derecho civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas”, celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona los días 12 y 13 de marzo, reunió a especialistas para discutir nuevas respuestas institucionales frente a los desafíos de la vejez.

En ese marco, el cierre estuvo a cargo de Joan Manuel Serrat, quien, a sus ochenta y dos años, reclamó dignidad y visibilidad para quienes atraviesan la llamada tercera edad.

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El encuentro tuvo como eje central la urgencia de transformar el marco jurídico y social que afecta a una población globalmente creciente, en un contexto donde el edadismo —la discriminación por motivos de edad— se consolida como una de las formas de exclusión más naturalizadas del siglo XXI, según la definición establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2021.

La voz de Serrat y el reclamo por la dignidad

La participación de Joan Manuel Serrat en la clausura del evento generó una fuerte repercusión. En el video difundido por la propia Universidad de Barcelona, el cantautor compartió su perspectiva y propuso una mirada honesta sobre el envejecimiento: “Tengo ochenta y dos años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable”.

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Joan Manuel Serrat reclamó visibilidad y dignidad para los adultos mayores en la clausura del encuentro en la Facultad de Derecho.
Joan Manuel Serrat reclamó visibilidad y dignidad para los adultos mayores en la clausura del encuentro en la Facultad de Derecho.

Insistió en aceptar el paso del tiempo sin resignar entusiasmo ni utilidad social. “Acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de fármacos y prótesis… Me gusta la vida, estar vivo y sentirme útil”.

Señaló con claridad el mecanismo que conduce a la exclusión de los mayores: “Me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación”.

Durante su intervención, Serrat subrayó el peso social de la existencia de los adultos mayores. “Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria. Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco significa vivir sin dignidad. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad”.

Remarcó que las personas mayores siguen teniendo aportes que ofrecer y rechazó cualquier condena a la invisibilidad o la soledad: “Que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones”.

No es la primera vez que Serrat se refiere a la temática, aquí 9 frases sobre la vejez: “No me van a quitar las ganas de vivir”.

El Congreso de Barcelona y la agenda contra el edadismo

El desafío demográfico que enfrenta la sociedad contemporánea resulta ineludible: a finales de la década de 2070, la población mundial mayor de 65 años se elevará a 2.200 millones de personas, superando por primera vez a la de menores de 18 años, de acuerdo con los datos analizados durante el congreso y recogidos por la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona.

Joan Manuel Serrat - doctor honoris causa
"Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos", dijo el cantautor, de 82 años

El envejecimiento acelerado plantea retos estructurales que afectan la toma de decisiones esenciales sobre el propio cuidado, el patrimonio, la convivencia y la sucesión, áreas marcadas por un mayor riesgo de vulnerabilidad. Los especialistas que participaron expusieron directamente la necesidad de adaptar las instituciones para proteger tanto la autonomía como el bienestar de las personas mayores, dado el desfase entre los procesos demográficos y un derecho civil aún enfocado en la figura del sujeto plenamente autónomo.

El encuentro en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, universidad pública española, reunió a juristas, académicos y profesionales que analizaron los retos jurídicos de la sociedad actual ante el envejecimiento. Se abordaron, entre otros temas, la autonomía y las capacidades civiles de las personas mayores, las garantías testamentarias, los modelos de cuidado y la elaboración de nuevos instrumentos legales para la protección de intereses patrimoniales y relacionales durante la vejez, con intervenciones de expertos como Feliciano Villar Posada, catedrático de psicología evolutiva de la universidad, y Esther Algarra Prats, catedrática de derecho civil de la Universidad de Alicante, también universidad pública española.

La OMS definió en 2021 el edadismo como “el conjunto de estereotipos, prejuicios y discriminaciones hacia las personas por su edad”, indicando que opera a nivel institucional, interpersonal e incluso autoinfligido. El congreso estableció como prioridad situar la lucha contra el edadismo en el centro de las políticas públicas, especialmente en el ámbito municipal, y visibilizar las formas cotidianas de exclusión que viven los mayores.

Dentro de su programa, el congreso incluyó mesas sobre el derecho sucesorio en España, Francia e Italia, la reforma de apoyos para la libertad en Cataluña y el análisis de contratos civiles y de consumo. Participaron referentes como Claude Brenner, de la Université Panthéon‑Assas Paris II —prestigiosa universidad francesa—, y Yves Picod, de la Université de Perpignan Via Domitia, también universidad francesa de reconocido prestigio.

Uno de los mensajes centrales del congreso, defendido tanto por juristas como por Serrat, es que garantizar la participación real de las personas mayores y adaptar las instituciones a sus necesidades resulta fundamental para la solidaridad intergeneracional en una sociedad que, de manera imparable, seguirá envejeciendo.

“Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias”, reclama Serrat al pedir mayor reconocimiento y participación para las personas mayores. (Gustavo Gavotti )
“Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias”, reclama Serrat al pedir mayor reconocimiento y participación para las personas mayores. (Gustavo Gavotti )

El texto completo de Serrat

Me llamo Joan Manuel Serrat. Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto. Tengo ochenta y dos años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable.

¿Ochenta y dos años? Sí, ochenta y dos.

“Está muy bien para su edad”. Eso me dicen, esperando que les devuelva el cumplido. Será que la gente quiere lucir joven, verse en el retrato de Dorian Gray.

De momento, yo estoy encantado de estar aquí, compartiendo la clausura de estas jornadas de reflexión acerca del colectivo al que se conoce como la tercera edad, las personas mayores, en fin, lo que llamaremos en confianza los viejos.

Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida, o sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma.

Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días.

Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas. Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil.

Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación.

Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos, en tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades.

A los viejos se les abandona en la soledad, porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella.

Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria.

Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad.

Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones.

Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio.

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