Al cumplir 70 años, el célebre artista reflexionó sobre el sentido de la vida y la necesidad de agradecer
Facundo Cabral fue uno de esos artistas difíciles de encasillar. Original, único en su lenguaje sencillo y a la vez profundo, era un auténtico filósofo popular.
“Llegué a la tercera edad, que es una edad maravillosa si viviste la primera y la segunda -dijo al cumplir los 70 años-. De lo contrario, estás en problemas.” Y, señalando al cielo, preguntaba: “¿Qué le vas a decir cuando te pregunte ‘por qué despreciaste mi regalo’, el gran regalo que es la vida, a la que solo hay que animarse? ¿Por qué no escuchaste al sueño que puse en tu corazón? Porque todos tenemos un sueño, te lo pone en el corazón y te dice: ‘Por acá, andá por acá, que tengo planes’”.
“Cuando hacés lo que amás, ése es el verdadero éxito. Fracaso no es que no se llene el teatro”, decía, acerca del sentido de la vida.
Y aseguraba: “Nos envejece más la cobardía que el tiempo, los años solo arrugan la piel pero el miedo arruga el alma. Para una juventud infinita hace falta una fe infinita, serás tan joven como tu esperanza y tan viejo como el abatimiento que te traen las dudas”.
Por último, expresaba su gratitud por lo vivido: “Ahora que tengo más pasado que futuro, que tengo más recuerdos que planes, ¿qué más se puede hacer a los setenta años? Es la hora del agradecimiento y lo mejor que tengo es el mundo caminado, embellecido por el arte, que para mí es la más alta religión, porque tan generosa, que ni siquiera te impone mandamientos.”

De gratitud, Facundo Cabral supo mucho. Abandonado por su padre al nacer, tuvo una infancia dura y llena de privaciones. A los 9 años ya dio muestras de un coraje inmenso y de una personalidad especial cuando tomó la decisión de viajar solo desde el sur hacia Buenos Aires para conocer a ese coronel -Juan Perón- al que “le interesaban los pobres”.
La anécdota es conocida: enterado de que Perón y Evita irían a La Plata para un acto, esperó pacientemente el paso del vehículo oficial y fue detectado por el entonces Presidente cuando intentaba acercarse.
“Entonces yo pasé al auto —contó años más tarde—, me paré en el estribo, todavía eran los autos con estribo, y me pregunta Perón ‘¿querías hablar conmigo?’ Y yo le digo ‘¿hay trabajo?’” Esa pregunta, en boca de un niño, impactó a la esposa de Perón: “Por fin alguien que pide trabajo y no limosna. Por supuesto que hay trabajo mi amor, siempre hay trabajo’”.

Evita fue, para la familia Cabral, el hada que convirtió el zapallo en carroza. Ese día, el pequeño Facundo, que llevaba varios meses viviendo en la calle, comió “comida caliente después de muchísimo tiempo”, y se vistió con ropa nueva.
Eva Perón gestionó un trabajo en una escuela de Tandil para la madre de Cabral y toda la familia se mudó a una casa en esa localidad.
Años más tarde, estando Cabral en Madrid, otro gran artista argentino, el folklorista Jorge Cafrune, lo invitó a acompañarlo a un programa de televisión al que había sido invitado.
En un momento dado, el conductor le dice: “Cabral, ¿usted sabe que el general Perón suele ver este programa?”
“No se me había ocurrido jamás”, diría él años después. Sabía que Perón estaba en Puerta de Hierro pero no imaginó la oportunidad que se le iba a presentar,. Entonces contó la anécdota de su encuentro con Perón y Evita.

“(El presentador) no sabía que a ese señor y a esa señora nosotros le debíamos la vida -afirmó el artista-. Así como suena. No es una metáfora ni es un tango ni es un drama, así, concretamente, nos salvó la vida. Y nos hizo sentir por primera vez que éramos parte de la sociedad, que eso es extraordinario”. Era una forma simple de explicar el verdadero alcance de la solidaridad.
No se trataba sólo de paliar el hambre. Sino de dignidad. Como el propio artista reflexionaba al contar la historia: “El problema para el que ha vivido tanto tiempo en la calle no es tanto el hambre o el frío, que por supuesto son importantes, pero no es tan duro como el saber que uno está fuera, confirmar a cada paso que uno está fuera del partido, que no sos parte de esta sociedad, que estás absolutamente excluido que es la palabra más brutal que uno puede escuchar". Y agregaba, recordando que era un niño: “Y más cuando se tiene una edad donde todavía no puede razonar ni se tiene fuerza para cambiar nada.”
De pronto, de modo inesperado, en un estudio de televisión española, la ocasión de agradecerles, cuando el conductor le dijo: “Si lo estuviera viendo en este momento ¿qué le diría?"
Entonces, mirando a cámara, Cabral dijo: “General, usted no tiene por qué acordarse de mí pero yo no debo olvidarlo: 19 de noviembre…“. Y contó la anécdota. Al terminar, agregó: ”Agradezco mucho a la televisión española que me da la chance de darle las gracias porque nunca pude quedarme sin pagar una cuenta; ahora yo me siento más tranquilo, que Dios lo bendiga y Dios bendiga la memoria de su señora”.

Cuando terminó el programa y Cabral volvió al hotel, lo esperaba un amigo de Perón para saludarlo y entregarle una carta del General, donde, contó Cabral, ”decía en resumen que lo que más apreciaba era el agradecimiento, la buena memoria y el hombre que paga su deuda”.
Facundo Cabral fue víctima de la violencia criminal en la ciudad de Guatemala durante una gira. Era el 9 de julio de 2011, cuando balas narco destinadas a otra persona acabaron con la vida del artista. Tenía 74 años.
Alfredo “Chacho” Savasta, asistente y mánager de Facundo Cabral, sobreviviente del atentado, contó que la noche anterior al crimen, mientras cenaban en el Grand Tikal Futura Hotel, hablando del regreso a Argentina y del futuro inmediato, Cabral, que padecía cáncer, le dijo a Savasta: “Mirá, Chacho, prefiero morir de un tiro y no internado en un sanatorio”.
En la madrugada siguiente, sicarios que habían hecho guardia toda la noche en el hotel, lo acribillaron a balazos mientras iba hacia el aeropuerto en la camioneta de un empresario vinculado al narcotráfico.
En tiempos tan vacíos de reflexión como los que vivimos, tiempos de pensamiento débil y de relativismo, escuchar y leer a Facundo Cabral llena el alma.
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