Alberto Cortez eligió un tono irónico para abordar la vejez, en especial en su aspecto tal vez más inquietante, que es el de las limitaciones físicas que inevitablemente la acompañan. “Me dará un par de anteojos para sufrir las noticias”, escribe por ejemplo.
Utiliza imágenes cotidianas —el espejo, los cabellos plateados, las líneas en el cuello— para ilustrar cómo el envejecimiento se manifiesta sin estridencias, pero con inevitable y serena contundencia. Y con irreversibilidad.
El poeta atribuye a la vejez la capacidad de transformar no solo el cuerpo, sino también los hábitos y deseos: alude a las manías y antojos que suelen caracterizar esta etapa en la que la persona ya no se siente obligada a cumplir y agradar todo el tiempo.
La vejez se convierte en una presencia ubicua, capaz de sorprender “a la vuelta de cualquier esquina”.
También ironiza Cortez sobre las restricciones que dictan los médicos: “Me hará prohibir el cigarro porque dirán que el catarro viene ganando terreno”.
No es una visión edulcorada la suya. Entre limitaciones y restricciones, finalmente la vejez “es una dictadura”, es “una grave ceremonia de clausura de lo que fue la juventud alguna vez”.

Cortez no elude los matices: reconoce la posibilidad de una vejez honorable, marcada por la tranquilidad y la experiencia, pero también la amenaza del aislamiento y la pérdida de las últimas alegrías. El poema cierra con una reflexión sobre la vejez como equipaje de toda una vida, dispuesto ante “la puerta de salida” hacia lo desconocido, un tramo final del camino donde ya no hay retorno. “El último camino transitable ante la duda que vendrá después”, dice.
A través de un lenguaje sencillo y directo, Cortez logra transmitir la universalidad y el peso existencial del envejecimiento, dotándolo de humanidad y profundidad sin recurrir a sentimentalismos. El resultado es una exploración honesta de la última etapa de la vida, donde la dignidad y la vulnerabilidad conviven en un delicado equilibrio.
De La Pampa a Iberoamérica
José Alberto García Gallo, conocido artísticamente como Alberto Cortez, artista argentino, nacionalizado español, nació el 11 de marzo de 1940 en Rancul, La Pampa, Argentina, y falleció el 4 de abril de 2019 en Móstoles, España, a los 79 años. Cantautor, compositor y poeta, fue una de las voces más reconocidas de la canción de autor en el ámbito hispano, fusionando las raíces del tango, el folclore argentino y el cancionero popular de Hispanoamérica.

En 1958, debutó como vocalista en diversas orquestas porteña. Su salto internacional llegó en 1960, cuando viajó a Europa junto al grupo de Hugo Díaz. El primer éxito discográfico no tardó en llegar, impulsado por la grabación de canciones populares argentinas en Bélgica. Allí conoció a la pintora belga Renée Govaerts, con quien se casó y compartió toda su vida.
La carrera de Cortez se consolidó en España tras dos históricos conciertos en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1967, donde interpretó obras de autores como Atahualpa Yupanqui, Antonio Machado y Pablo Neruda. Estos recitales marcaron un antes y un después en la canción en España, impulsando la musicalización de grandes poetas y llevando la literatura al escenario musical. Su capacidad para transformar versos en canciones lo distinguió en el panorama cultural iberoamericano.
En ese sentido, abrió un camino que fue seguido luego con gran éxito por Joan Manuel Serrat, tres años más joven que él. El intérprete y composito catalán incluyó dos poemas de Antonio Machado musicalizados por Cortez en uno de sus primeros discos (Cantares): “Las moscas” y “Retrato”.
En México, Cortez se ganó el reconocimiento como “La voz de la amistad”, gracias a la difusión de sus discos y presentaciones televisivas. El público mexicano lo recibió con entusiasmo, y durante años, sus giras y conciertos en el país se convirtieron en citas ineludibles.

El regreso a Argentina supuso un reencuentro con sus orígenes. Aunque el reconocimiento en su tierra natal llegó más tarde, Cortez logró el aplauso unánime en el Teatro Coliseo de Buenos Aires en 1978, y posteriormente se convirtió en el primer cantante popular en presentarse en el mítico Teatro Colón, acompañado por la Orquesta Sinfónica del Teatro Argentino de La Plata.
A lo largo de su trayectoria, Cortez musicalizó poemas de autores universales: Antonio Machado, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte), Miguel Hernández, Pablo Neruda, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, y Jorge Luis Borges, entre otros. Sus álbumes “Poemas y Canciones” se consideran piezas emblemáticas de la integración entre música y literatura.
La colaboración y amistad con Joan Manuel Serrat constituyó un capítulo esencial en la vida de Cortez. El propio Cortez relató cómo conoció a Serrat y cómo ambos compartieron admiración y respeto mutuo. Consideró un gesto de gran reconocimiento por parte de Serrat el que éste incluyera “Las moscas” y “Retrato”, en su álbum. “A mi juicio Serrat es de lo mejor que hay en España, junto a dos o tres nombres más”, dijo Alberto Cortez. Para él, Serrat era “un poeta formidable, que ha trascendido mucho más allá del mito que sobre él ha creado la gente”. La relación entre ambos, marcada por la complicidad y la admiración, enriqueció el cancionero ibérico.

Otra etapa relevante de la trayectoria artística de Cortez fue su trabajo junto a Facundo Cabral en el espectáculo “Lo Cortez no quita lo Cabral”, que recorrió América y España con enorme éxito, combinando canciones, textos poéticos y humorísticos. Tras superar problemas de salud, Cortez continuó su labor artística con renovado compromiso.
En sus últimos años, recibió reconocimientos como el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical (2007) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2015) en España, reflejo de una vida dedicada a la creación y difusión de la poesía hecha música.
Su voz de barítono, el dominio del piano y la guitarra, y la profundidad de su obra lo sitúan como una figura central en la historia de la música en español.
Video: Cortez y Serrat grabaron juntos una versión del tema “Nanas de la cebolla”, el poema de Miguel Hernández que el catalán musicalizó.
La vejez: letra de la canción de Alberto Cortez
Me llegará lentamente y me hallará distraído
Probablemente dormido sobre un colchón de laureles
Se instalará en el espejo, inevitable y serena
Y empezará su faena por los primeros bosquejos
Con unas hebras de plata, me pintará los cabellos
Y alguna línea en el cuello que tapará la corbata
Aumentará mi codicia, mis mañas y mis antojos
Y me dará un par de anteojos para sufrir las noticias
La vejez está a la vuelta de cualquier esquina
Allí donde uno menos se imagina
Se nos presenta por primera vez
La vejez es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonía de clausura
De lo que fue la juventud alguna vez
Con admirable destreza, como el mejor artesano
Le irá quitando su antigua firmeza y asesorando al galeno
Me hará prohibir el cigarro porque dirán
Que el catarro viene ganando terreno
Me inventará un par de excusas para menguar la impotencia
Que vale más la experiencia que pretensiones ilusas
Y llegará la bufanda, las zapatillas de paño
El reuma, año tras año aumentará su demanda
La vejez es la antesala de lo inevitable
El último camino transitable
Ante la duda que vendrá después
La vejez es todo el equipaje de una vida
Dispuesto ante la puerta de salida
Por la que no se puede ya, volver
A lo mejor más que viejo, seré un anciano honorable
Tranquilo y lo más probable gran decidor de consejos
O a lo peor, por celosa me apartará de la gente
Y cortará lentamente mis pobres últimas rosas
La vejez está a la vuelta de cualquier esquina
Allí donde uno menos se imagina
Se nos presenta por primera vez
La vejez es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonía de clausura
De lo que fue la juventud alguna vez
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