Eve Grynberg, retratista de la generación silver: “Quiero mostrar que las mujeres de 50, 60, y más, son fabulosas”

“Las fotos que inundan el Instagram de perfección con la IA me cansaron. Yo soy fanática de las imperfecciones, por eso me gusta sacar fotos de personas maduras; las imperfecciones me desafían”, dice esta francesa, que ya se siente mitad argentina, y que “renació” con el confinamiento del 2020

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La fotógrafa Eve Grynberg conversa sobre su trabajo, enfocado en retratar la belleza y vitalidad de las mujeres mayores de 50 años. Explora cómo su arte combate la invisibilidad social y celebra las 'huellas del tiempo', lejos de la perfección artificial de la era digital.

Eve Grynberg quiso dedicarse a la fotografía casi desde siempre, pero los mandatos familiares y la vida misma la llevaron por otros caminos, hasta que lo que ella define como ”sincronicidades” le brindaron la oportunidad de un “renacimiento”. “Sentí, casi físicamente, que me salían alas”, cuenta. “Esa es mi oportunidad —se dijo a sí misma—. Voy a ser lo que siempre quise ser”.

El desafío, entonces, era marcar la diferencia en un área a la cual, según los parámetros aun vigentes, ella llegaba “tarde”. Aprovechó su natural simpatía para generar lo que llama “experiencias fotográficas” con “modelos” mayores de 50 años y más allá.

“Sacar fotos de una joven no me genera ninguna emoción”, dice Eve que también siente rechazo hacia la perfección artificial que inunda las redes como instagram.

Se dedica desde entonces a retratar la belleza y vitalidad de las personas silver, para combatir la invisibilidad de que son objeto y para celebrar las huellas que nos deja el tiempo.

Eve Grynberg, fotógrafa de la
Eve Grynberg, fotógrafa de la generación silver

¿Cómo y por qué viniste a vivir a la Argentina, y de dónde sos?

— Soy francesa, parisina.

¿Qué circunscripción?

— Viví siempre en el barrio quince. Me vine a los treinta y tres, o sea, hace treinta años. Una segunda vida. Ya soy mitad y mitad, yo diría. Me vine para un desafío, una aventura. Trabajaba en la prensa femenina y me tomé un año sabático, vine con mi hija de siete años bajo el brazo y me quedé por amor. Esa es la realidad.

Te enamoraste acá. Lo conociste acá.

— Sí. Me enamoré acá. Duró muchos años, después vino el desamor pero decidí quedarme. Eso quizá es lo más importante. O sea, podía haber dicho: “Me vuelvo”, pero me quedé. Ya tenía dos hijos, un argentino y mi francesa.

O sea que te separaste de él, pero no de la Argentina.

— No, porque me desarrollé de una manera acá que quizá no lo hubiera hecho en París, en la ciudad más linda del mundo. Acá encontré mi equilibrio.

¿A qué te dedicabas? ¿Cuál era tu formación?

— Soy licenciada en Administración de Empresas. Mis padres tenían empresas. Tuve la suerte, o mala suerte, de ser buena alumna y mi papá me marcó un camino, a pesar de que desde los trece años me enloquecí con la fotografía. Pero… no había ni chance de que mis padres quisieran que yo fuese fotógrafa.

Eve Grynberg, durante la entrevista
Eve Grynberg, durante la entrevista en Infobae

No calificaba como profesión...

— No, no, no.

Era más un hobby.

— Sí, yo con tanto potencial… Pero muchas veces tu primer trabajo te marca el camino. Mi primer trabajo fue para un muy importante grupo de prensa, en la parte de comunicación, marketing, comercial. Estuve diez años ahí. Feliz, porque la materia prima eran las fotos. Yo trabajaba para la moda y la cosmética.

Con la imagen...

— La imagen. Y cuando llegué acá trabajé siempre en puestos de marketing y comunicación de las empresas. Trabajé para una muy importante empresa internacional de cosmética durante siete años, después en la moda y después me independicé. Desarrollé eventos, trabajé mucho para la colectividad francesa, y después mi renacimiento fue en el 2020.

Con la pandemia.

— Con la pandemia. El encierro.

Justo estoy leyendo un libro de un suizo, Paul Tournier, “Aprendiendo a envejecer”, que dijo: “Le deseo a todo el mundo que la vida los arrincone en un momento para que se reinventen”. Me gustó esa frase.

— Sí. Lo voy a contar brevemente. Viene el encierro y mi padre fallece, el que me decía: “La foto no”. No había más eventos, era el parate total. Con la tristeza también sentí, casi físicamente, alas que me salían. Dije: “Esa es mi oportunidad. Voy a ser lo que siempre quise ser”. Fotógrafa. Es fuerte porque era mucho riesgo. ¿Qué voy a hacer para ser distinta de los cientos de miles de fotógrafos que no esperaron la pandemia para hacer esto? A veces en la vida hacemos muchas cosas que nos preparan para más adelante. Yo estaba preparada porque me formé en el marketing de lujo, que es el marketing de las experiencias. Entonces dije: “Yo no voy a sacar fotos, voy a armar una experiencia fotográfica”.

Mariana Rodríguez Campo
Mariana Rodríguez Campo

¿Cuál sería la diferencia?

— La diferencia es abismal. Porque esta experiencia te genera a vos, retratada, un clic, un cambio, una transformación; no solamente darte una linda imagen. Y menos mal que me puse en eso intuitivamente, porque hoy, con la inteligencia artificial, puedes con un clic y una aplicación subir una muy linda foto tuya. Yo no hago fotos “lindas”, lo que propongo es una experiencia de la que al principio no tenía tan claro los efectos. Lo que sí yo quería en pleno encierro, era contrarrestar la narrativa que era: “Los mayores de sesenta, cuídense, no salgan, pueden morirse”. Había una invisibilidad total y una manera de hablar de las personas mayores que no se condecía con lo que yo veía en mi estudio y con lo que yo sentía,

Los silver.

— Sí, silver, los mayores de 50 por el símbolo de nuestras canas. En Argentina muchas mujeres en ese entonces aún no se dejaban las canas. Es algo que se puso un poquito de “moda” en estos últimos dos, tres años, y diría que hay aún mucha resistencia porque es cierto que te envejece. Pero es también un mensaje de modernidad, de asumir, de aceptar.

De cierto orgullo también, de la edad.

— A algunas personas les queda precioso, a otras no. A veces es un color que no tiene brillo, a veces sí. Pero así como en los años veinte, treinta, las mujeres empezaron a cortarse el cabello, lo que también fue una revolución femenina, ahora son las canas. Pero en el 2020 las mujeres de sesenta con el barbijo y lo que vivíamos, nos sentíamos completamente invisibles. Entonces, con mi primer trabajo fotográfico yo sentí que podía mostrar a la sociedad, a los hombres, a las mujeres mismas, a los medios de comunicación, a los diseñadores de moda, a los publicistas, que las mujeres de cincuenta, sesenta, son fabulosas, brillan, tienen vida, no son para esconderlas en un placard. Entonces quise mostrar en una primera etapa la belleza de las huellas que te deja el paso del tiempo. Me gusta la persona que está en armonía con su vivencia y su imagen. En cuanto a la lucha contra el envejecimiento, por supuesto que hay un montón de cosas para que te veas bien, no estoy en contra de algunos tratamientos, pero estoy en contra de querer verse joven de cualquier manera.

Agnes Tassel
Agnes Tassel

Sí, el límite debería ser lo antinatural. Cuando hablabas de las canas, me acordaba, a lo mejor es un prejuicio mío, que le dije a una amiga que se las dejó: ‘A partir de ahora tenés que estar siempre bien arreglada…’, pero no sé si no es un prejuicio mío.

— No, no, a la mañana sos un fantasma si no te maquillás un poquito. Pero en realidad, el verse bien tiene que ver con la actitud. Yo hace como diez años que me dejé las canas, pero quizá un día me canso y me tiño. A veces digo: ¿por qué voy a vivir mis diez, veinte, treinta, quizá, siendo igual? Quizá me los cortaré, quizá… No sé, hay que liberarse. Yo soy fotógrafa. Vi, sentí, entendí muchas cosas que tienen que ver con el mirar y ser vista. El gran problema de la invisibilidad es que la gente deja de verte. Lo que pasa en mi espacio de foto es que las personas que se sienten observadas, miradas, con cariño, no con crítica, empiezan a volver a vivir, a vibrar. La mirada cariñosa te da mucho poder o fuerza.

¿Cómo fue ese renacer con la fotografía? ¿Ya tenías un estudio y empezaste a convocar mujeres que conocías, o... ?

— A veces hay sincronicidades y las mías fueron dos: la muerte de papá y que mi profesora de foto digital -yo siempre estuve con la foto analógica- se enfermó, tuvo cáncer. Vas a decir que lo que cuento es triste. Pero el hecho fue que decidió no hacer más foto y dedicarse a la pintura. Y antes de la pandemia me regaló su estudio.

Te marcó.

— Me marcó. Y mi formación y mi experiencia laboral me sirvieron, porque en el marketing de lujo cuidás todo, los sentidos, las emociones. Cuidás la manera de acercarte al otro. Cuidás el ambiente, la música, el perfume, lo que le das de tomar, despertás todos los sentidos de la otra persona para que se sienta a gusto. En los retratos de moda la dinámica es distinta. El fotógrafo o la fotógrafa tiene que concentrarse en la ropa. No le importa cómo te llamás, quién sos, hay un timing completamente distinto. Mis sesiones son muy largas, duran como tres horas, y terminan con una charla, porque la persona se entregó. Más allá de amar la fotografía, descubrí puntos a mi favor. Tengo mucha empatía, mucha facilidad para encontrar la belleza en el otro, porque considero que todo el mundo tiene algo que lo distingue, y tengo esta facilidad para hacer que el otro confíe y se entregue rápidamente.

Eve Grynberg es la presidentre
Eve Grynberg es la presidentre de la asociación de mujeres franco-argentinas Marianne

¿Qué destino tuvieron esas fotos? ¿Se expusieron, se publicaron?

— Sí, yo hice una primera edición que se llamó Fabulosas, con cincuenta retratos de cincuenta mujeres mayores de cincuenta. Con una intrusa: un cuadro de una mujer de 20 junto al de una mayor de setenta. Un diálogo entre ellas dos, porque yo siempre digo que en la mujer de setenta existe la joven que fue, y en la de veinte ya existe la que será a los setenta. En mi segunda muestra, dos años después, Fabulosas 2, abordé otra temática, quizá más tabú, porque la primera fue decir “a todas edades puedes ser linda si lo creés, si te conectás con vos, si empezás a encontrar quién sos, tu propósito, vas a brillar, vas a ser linda, etcétera”. Eso lo creo porque veo metamorfosis en mi espacio de fotos. Veo gente que viene casi deprimida y sale en una nube de felicidad. Y si después dejan de creer eso, las fotos, porque son tangibles, permiten recordarles cómo son cuando se sienten bien con ellas mismas. En la segunda, abordé la temática de la sensualidad, del deseo y del erotismo desde la madurez. Una temática aún más tabú. Fue un trabajo que duró casi un año con las mujeres que trabajaron para que yo las fotografiase.

La discriminación por edad es muy tolerada. Esto del edadismo ¿te motivó de entrada o lo fuiste descubriendo después?

— En realidad, cuando sos fotógrafa, podés fotografiar cualquier cosa. Puedo sacar muy bien fotos de un chico, de una mujer, de una joven, de un hombre, de una pareja, de una familia. Pero al principio empecé a retratar a mis amigas, o sea, personas de mi edad, que después me mandaron a sus amigas y de golpe me llené de fotos de personas mayores de cincuenta. Eso fue un poquito al azar. Y justo en un momento en el que se hablaba mal de esta franja de edad. Sin embargo en estos cinco años, la cosa cambió mucho. Ya se habla mucho de la silver economy, ya se ven las oportunidades de negocio, las ex top model vuelven a las pasarelas a los cincuenta, sesenta años. Ahora, lo que me está pasando es que me abruma toda la tecnología. Yo soy cada vez más fanática de las imperfecciones, por eso me gusta sacar fotos de personas maduras, porque sacar fotos de una joven no me genera ninguna emoción. Las imperfecciones me desafían. Las fotos que inundan el Instagram de perfección de la IA me cansaron. Yo hasta reivindico a veces una foto movida, si transmite una emoción. Quizá mi próxima muestra será con mayores de ochenta. Soy cada vez más fanática de las personas mayores de ochenta, que al final son las más humanas. Yo las llamo diamantes, es la edad de los diamantes, porque brillan, tienen conversación, acumularon un saber, puedes hablar, son emotivas. Cuando tengamos robots o híbridos o..., estas personas van a ser buscadas por su humanidad, son los últimos humanos. Las conversaciones que tengo hoy con mi madre de 94 no las tengo con nadie más. Ella tiene una amplitud de temas, de saber, de expertise que me fascina. Son diamantes.

"Maman"
"Maman"

Otra cosa que genera rechazo, al menos a mí, es la proliferación de la cirugía estética, el exceso...

— No todas las arrugas son lindas, por supuesto. Pero por ejemplo hoy en Asia sobre todo hay una locura por la juventud. Quieren ser lisas, lisas, lisas. Hay jóvenes que a los trece, catorce, ya se quieren poner... cosas. Por eso pienso que nuestro rol como mujeres maduras es transmitir a las más jóvenes que también es lindo envejecer. Ojo, tampoco es la panacea, si no tenés la salud, si no sos independiente... Si me decís: “Vamos a vivir hasta los ciento veinte”, esa idea no es que me agrada. Pero yo, con más de sesenta, nunca estuve tan alineada con mi eje. Si yo puedo transmitir a una joven el no temer al envejecimiento, la sabiduría, el hecho de que podés seguir teniendo muchas actividades, viajar, vivir liberada del qué dirán, transmitir que jubilarse es una oportunidad en tu vida para hacer todo lo que no pudiste hacer antes y podés vivir durante diez, veinte años cosas espectaculares...

Claro, pero para eso hay que empezar antes, prepararse, para que la jubilación no llegue de repente y uno no sepa qué hacer. Empezar una nueva vida, si no se la preparó antes, no es fácil.

— Sí. Es más fácil si tenés una pasión. Si tenés una vocación, una pasión, está bien. Si no, tenés que repensar dónde y cómo querés vivir, es importante haber hecho amistades, no pensar que lo que te califica es lo que dice tu tarjeta profesional. Es importante conectar con tus deseos, con tu esencia. Claro que no todos tienen esta posibilidad. Yo veo en tus entrevistas que abordás un montón de temáticas. La educación financiera es importante, la salud es importante, la alimentación, todo eso. Lo que nos pasa a las de sesenta es que muchas veces conocimos en nuestra familia mujeres que se resignaron a cierta vida porque no tenían otra. De ahí el desafío y la creatividad que tenemos, podemos tener audacia. O sea, nadie nos dice qué hay que hacer a los sesenta. ¿Estás soltera? ¿Te quieres volver a enamorar? ¿Y por qué no? Estás casada desde hace treinta años, ya hay un desgaste, y por qué no lo vas a volver a seducir o por qué no tenés el coraje de dejarlo o dejarla y empezar otra cosa, porque quizá tenés veinte o treinta años más por delante. Hoy en día tengo otra función en una asociación de mujeres [Marianne] y hay una palabra que yo realmente quiero transmitir, gritar a todo el mundo: sé audaz, atrevete. Porque vida hay una sola, sos la actriz, la directora, sos todo de la película. Está en tu mano el deseo y la posibilidad de hacerlo. ¿Tenés miedo? Hay muchos miedos que te autolimitan. En mi experiencia la fotografías es una herramienta que habilita al otro a decir: Guau, ¿y por qué no? Puede se, no sé, irte a un seminario, encerrarte en la montaña, con gente que te despierta ganas... Hay que hacer algo, no hay que resignarse porque ahí envejecés.

La pasividad es por ahí lo más complicado, salvo que estemos hablando de un intelectual, cuya pasión es leer y pensar. Y la soledad no deseada...

— Eso lo peor, todo el mundo lo dice, la soledad.

La soledad no deseada es muy negativa.

— ¿Sabés lo que pasa también con la gente muy mayor, de 80, 90, que está muchas veces solita? Pueden estar muy conectadas, no sentir la soledad, pero les falta el abrazo, la piel. Eso es muy importante.

Desde tu experiencia en el marketing y la comunicación, +no hay un retraso en la publicidad, en hablarle a esa franja de edad, o cuando lo hace es sólo en función de abuelito, abuelita?

— Yo logré que una revista femenina hiciera un especial silver. Habíamos elegido una modelo con el pelo plateado. Pero no se animaron a buscar una de 80 o 90, arrugada. La modelo era muy fresca, muy joven. Pero te puedo mostrar muchas campañas de productos de lujo que jugaron con este contraste. Yo misma participé como modelo de varias campañas y siempre digo: “Acepto si no soy la abuelita que teje al lado del fuego”. Hice varias publicidades en las que estaba vestida muy canchera. No está muy desarrollado acá eso, quizás en Europa la gente tiene un poder adquisitivo muy superior al de acá.

Diego Bernardini
Diego Bernardini

Pero en la moda, por ejemplo, hay marcas que tienen ropa para personas grandes, pero en su difusión no entra la gente de edad.

— Para mí es una cuestión de escala. Yo hago un paralelismo entre los chicos y los abuelos. Cuando yo llegué a Argentina, en la moda infantil había rosa, celeste y blanco. En treinta años, la moda infantil cambió de A a Z y ahora hay propuestas muy cancheras para los chicos. Bueno, en Francia a veces veo bastones con colores flúo, con flores. Vimos a una Iris Apfel, que fue una gran musa en Nueva York, conocida por sus accesorios, sus anteojos. Pasados los sesenta todos tenemos anteojos.

— Una moda y un diseño que piensen en los silver.

— No se sienten cómodos con los audífonos. Yo les digo que tomen el subte. Todos los jóvenes tienen sus cositos en los oídos. O sea, hay que replantear. En Japón hay una moda para los mayores muy, muy buena, porque es no gender y casi diría no edad. La podés usar a los veinte y a los sesenta. Muy fácil de limpiar, muy cómoda... En Argentina no lo veo, y durante muchos años la propuesta para la gente mayor, es triste, marrón, gris, triste. Los zapatos... ¿por qué los zapatos ortopédicos son tan feos?

¿Tenés alguna otra iniciativa o campaña de este tipo, referida al edadismo o, mejor dicho, al empoderamiento de las silver?

— Siempre voy a tratar... Vi que escribiste sobre Caroline Ida, la influencer, yo la conocí, tuvimos, tenemos, charlas muy a menudo, porque se avanzó mucho sobre el body positive. Lamentablemente, en la última Fashion Week de Francia, vimos de nuevo aparecer esta anorexia, este himno a la juventud. Igual la Silver Economy es matemática. O sea, es demográfico. No paramos de crecer.

Entonces, en algún momento van a tener que mirar esto.

— Sí, Pero por ahora la juventud vende más. O transmite algo que tiene que ver con el dinamismo, no sé. Yo creo en la intergeneracionalidad.

Cecilia Hortal
Cecilia Hortal

Sí, es muy importante.

— Hay jóvenes brillantísimos, hay jóvenes tontos, hay viejos tontos. Y si fuiste tonto, envejecés aún más tonto, y hay viejos... Para mí no es una mala palabra, yo soy vieja para mucha gente y los adultos mayores, los silver, podemos ser brillantes. Las empresas tienen que cambiar y valorar la intergeneracionalidad, y pienso que de a poquito hay mucha gente que se está dedicando a esto, a tratar de cambiar el chip. Pienso que estamos bien encaminados.

Sí.

— Pero surgió la IA (ríe). Es un tsunami que aún no sabemos bien qué va a pasar, pero yo te diría que en un año este nuevo jugador transformó muchas cosas. Porque lo que pensábamos que iba a tardar diez años va a tardar un año, porque va a una velocidad abrumadora. Esta doble realidad, hay una falsa, una verdadera, pero la falsa parece verdad. Hasta ahora creíamos lo que se veía, y ahora lo que se ve puede ser tanto falso como verdadero. Hay que poner a la luz la experiencia.

¿Trabajas en blanco y negro?

— No, hago todo en color. Las fotos salen en color de mi cámara y después yo las mando a la persona, mando quizá trescientas fotos, de las que después ella elige diez y yo edito diez fotos. Esto es a propósito. Mando todo porque es un superlindo souvenir. Pero elegir diez es obligar a mi retratada a pasar tiempo en la computadora y mirarse, porque muchas veces no nos miramos. Cuando envejecés, mirarte para por amigarte con algunas cosas, ver, mirar, aceptar y empezar a amarte. Envejece también te conecta con la cadena de tu familia. O sea, envejeciendo, mis manos son las manos de mi papá. Tengo algo de mi mamá que a veces lo veo y a veces no lo veo. Cuando lo ves, te genera muchas cosas sobre ti, dependiendo de cuál fue tu relación con ellos. Elegir diez es eso. Después yo mando diez magníficas fotos a la persona. Ahora, mis muestras son en blanco y negro porque hay más unidad, y también porque el blanco y negro me permite jugar con este pelo blanco.

Agnes Tassel
Agnes Tassel

En tu vida cotidiana, ¿hay cosas que te molesta que te pasen o te digan debido a la edad?

— No, estoy tan asumida... A veces también envejecer tiene algo que ver con cómo fuiste de joven. Si fuiste muy bella, muy bella, envejecer quizá te cuesta más. Yo ni cuando tenía veinte, llegaba a un lugar, y se daban vuelta, nunca. Mi impacto lo tenía más intelectualmente o por mi personalidad. Siempre tuve una personalidad creativa y siempre hice lo que me encantaba hacer. Siempre tuve audacia y siempre daba fuerza al otro, tenía mucho carisma. Al envejecer, lo tengo quizá el doble, al triple (ríe), porque soy aún más consciente de eso. Uso muchos accesorios, nunca me he visto como una joven, pero me visto como quiero, a mi manera. La gente piensa que es por ser francesa, pero no, en Francia son mucho más clásicas. Tengo una nariz grande, nunca quise operármela. Tengo una personalidad y la asumo. Y cuando la gente me viene a ver, se siente cómoda porque realmente estoy en la búsqueda de la personalidad del otro y no de la belleza geométrica, lisa, perfecta. Transmito mucha confianza porque hay coherencia entre lo que yo digo y cómo soy.

[FOTOS: gentileza Eve Grynberg]

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