
Las sociedades occidentales avanzan hacia la condición de “superenvejecidas”, caracterizadas por contar con más del 20% de la población mayor de 65 años, un cambio demográfico que transformará de manera profunda la organización del trabajo, los mercados y la estructura empresarial en los próximos diez años, según advierte el reciente análisis “The Silver Economy: A Business Perspective on the Aging Society”, desarrollado por Therese Egeland, Kristina Heinonen e Inger G. Stensaker de la NHH Norwegian School of Economics y la Hanken School of Economics.
Frente a este escenario, la llamada “economía plateada” emerge no solo como una respuesta necesaria ante los retos del envejecimiento, sino como una oportunidad estratégica e innovadora para crear valor a escala individual, organizacional y social.
El informe advierte que, pese a la magnitud de este fenómeno, la mayoría de las empresas continúan subestimando o postergando su adaptación al mercado sénior, lo que abre una brecha significativa entre la realidad demográfica y el comportamiento empresarial.
Esto revela que los avances en la investigación y las recomendaciones políticas en torno a la economía plateada han sido “modestos” en su influencia sobre la práctica y la innovación comercial.
La economía plateada, definida como el conjunto de actividades económicas que permiten a los adultos mayores vivir vidas saludables, activas y productivas, trasciende la simple provisión de bienes y servicios específicos para este segmento.
Se concibe como un espacio sistémico de innovación, que abarca áreas tan diversas como la gestión de recursos humanos, el liderazgo, la estrategia de mercado, la salud, los servicios de cuidado a largo plazo, la movilidad, la tecnología y las finanzas. El valor estimado solo en Europa para 2025 supera los 5,7 billones de euros, cifra que revela claramente el potencial económico en juego.
En el ámbito laboral, el informe destaca la urgencia de afrontar la escasez estructural de mano de obra derivada de las pirámides demográficas invertidas. Para hacerlo, plantea tres orientaciones de acción: adoptar una visión de carreras sostenibles que abarquen todo el ciclo vital y no solo soluciones de última hora para personas mayores; combatir el edadismo revisando el lenguaje y los sesgos en los procesos organizativos; y aprovechar la capacidad de los trabajadores sénior como “nativos del problema” en la adopción acelerada de inteligencia artificial, subrayando que los empleados experimentados pueden aportar mayor valor en la generación y supervisión de soluciones complejas basadas en IA.
A nivel de mercado, el estudio introduce la figura del “consumidor plateado” y desafía la narrativa que asocia envejecimiento exclusivamente con dependencia o fragilidad. Propone, en cambio, una perspectiva basada en las capacidades y el potencial de contribución de los mayores, quienes cuentan con un creciente poder adquisitivo y una influencia subestimada en el diseño y la co-creación de productos y servicios.

Ejemplos de innovación incluyen plataformas digitales de asistencia sanitaria y tecnologías participativas que permiten a las personas mayores intervenir activamente en el desarrollo de soluciones que les conciernen.
El texto advierte sobre la importancia de diseñar mercados y servicios que consideren la autonomía, la resiliencia y la heterogeneidad de este grupo demográfico, evitando segmentaciones simplistas por edad y promoviendo el empoderamiento y la colaboración intergeneracional.
Destaca que la satisfacción de los consumidores sénior no solo depende de la accesibilidad o personalización, sino también del respeto, la percepción de agencia y la posibilidad de participación significativa.
Respecto a la transformación de las empresas, el informe sostiene que la reorientación proactiva hacia la economía plateada requiere aprender de los “emprendedores plateados”, quienes, al iniciar nuevos negocios en etapas avanzadas de la vida, suelen introducir productos radicalmente innovadores y generar beneficios tanto a nivel individual como laboral y social.
Subraya que el emprendimiento en la madurez aporta bienestar subjetivo y sentido de propósito, además de contribuir a mitigar la escasez de mano de obra y las presiones económicas ligadas al envejecimiento poblacional.
Una cifra destacada de la investigación es que en el Reino Unido, el 43% de los cuidadores familiares han debido abandonar su empleo para atender a familiares mayores, una situación que debilita la productividad y la retención de talento, afecta principalmente a las mujeres e impone costes insostenibles a las empresas. Según el informe de Home Instead citado en el análisis, esta situación “drena talento calificado de la fuerza laboral e impacta la productividad en todos los sectores”.
Estas realidades sugieren que las políticas laborales y empresariales deben incorporar medidas de flexibilidad, apoyo psicosocial y programas específicos para facilitar la conciliación e integración de los trabajadores cuidadoras. Destaca la necesidad de diseñar incentivos y políticas que permitan a los cuidadores mantenerse activos en el mercado de trabajo, como licencias especiales o prestaciones dirigidas.
El reporte enfatiza también la insuficiencia de las estrategias generalistas de previsión social. Los sistemas actuales, advierte, no bastan para garantizar la autonomía ni cubrir la demanda creciente de servicios personalizados de salud, vivienda y recreación para una ciudadanía mayor cada vez más numerosa.
El desafío se eleva a la coordinación entre sectores público y privado, la adopción de modelos de innovación en la prestación de cuidados —incluyendo nuevas formas de financiamiento y vouchers semejantes a los programas de guardería infantil— y el desarrollo de soluciones tecnológicas que faciliten la autonomía, la comunicación y la atención integral.
El análisis de Egeland, Heinonen y Stensaker articula nueve directrices estratégicas para orientar la transformación de empleos, mercados y empresas frente al envejecimiento.

Entre ellas destaca el llamado a reemplazar etiquetas de edad por el reconocimiento de capacidades, fomentar carreras sostenibles y colaboraciones intergeneracionales, involucrar sistemáticamente a empleados senior en procesos de innovación recurrente, y conectar los retos de la longevidad con otras agendas transformadoras —como la transición ecológica o la revolución digital— para generar sinergias valiosas.
Dos conceptos vertebran la propuesta: la intergeneracionalidad, que impulsa la interacción y transferencia de conocimiento y experiencias entre grupos de todas las edades, y el envejecimiento activo, entendido como la posibilidad real de encontrar sentido, autonomía y valor en el hecho de permanecer social y laboralmente involucrado durante todas las etapas vitales.
Estos principios, señala el informe, permiten convertir la transición demográfica de una narrativa de “costo” a una de “oportunidad estratégica” tanto para los individuos como para colectivos, firmas y la sociedad global.
La investigación concluye que, pese a los desafíos inéditos, una perspectiva empresarial innovadora resulta esencial para capitalizar el potencial de la economía plateada y transformar el envejecimiento poblacional en fuente de bienestar, crecimiento sostenible y resiliencia social.
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