Apenas cruzó la puerta de la casa más famosa del país, Gabriel Lucero se convirtió no solo en el primer eliminado de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe), sino también en el primer invitado de La Cumbre, el stream que conduce Santiago del Moro tras cada gala. Allí, ya lejos del aislamiento y con la adrenalina todavía a flor de piel, el ex participante hizo una autocrítica sincera sobre su paso por el reality.
Lucero quedó eliminado con el 54,8% de los votos negativos en el mano a mano final frente a Yanina Zilli, que obtuvo el 45,2%. Su salida no sorprendió del todo: durante la semana había manifestado en varias oportunidades sus ganas de irse, una frase que en el universo Gran Hermano suele ser letal. Y él mismo lo reconoció. “Sí, seguramente me jugó muy en contra”, admitió cuando Del Moro le preguntó si ese miedo inicial a irse primero terminó empujándolo hacia ese destino. “Me quería ir, pero no me quería ir. Quería quedarme. Pero me jugó en contra el mal descanso”, explicó, intentando poner en palabras lo que sintió dentro de la casa.
El conductor también tocó un tema delicado que había trascendido en la gala: la reciente muerte del padre de Lucero. “Entraste haciendo un duelo”, señaló Del Moro. El caricaturista no esquivó la pregunta. “En realidad el duelo de mi padre lo hice mucho tiempo antes. No tenía buena relación con él o no tenía relación. Igual pensé que no me iba a pegar y me pegó fuerte”, confesó. “Esos fantasmas te ganaron adentro de la casa”, le dijo el conductor. “Me ganaron”, respondió sin vueltas. Lucero explicó que había contado la situación en confianza, convencido de que no era algo determinante. Sin embargo, ya afuera entendió que ese proceso emocional, sumado al encierro, lo sobrepasó.

Otro punto clave fue la imagen pública que arrastraba. Conocido por su acidez en redes sociales y por personajes filosos, muchos esperaban verlo “picante” dentro de la casa. Pero eso no ocurrió. “Creo que parte de lo que jugó en contra fue que yo estaba con mucho miedo del afuera, mucho miedo de la cancelación. La conozco, sé cómo funciona”, explicó. El temor a que revisaran su pasado en redes, a que algún comentario viejo volviera como un boomerang, lo paralizó. “No podía dejar de pensar en eso, en mi pareja, en no hacer nada que la pusiera incómoda. Sobrepensé, sobrepensé y no me relajé nunca”, reconoció.
En el análisis del panel, compuesto por Eugenia Ruiz y Santiago “Tato” Algorta, también surgió una crítica fuerte: el contraste entre el Lucero de Twitter y el Lucero del cara a cara. “En redes sos re picante y acá no te la bancaste”, le señaló el uruguayo. Él aceptó el diagnóstico. “No es lo mismo escribir que hablar. No es lo mismo cantar que actuar”, reflexionó, marcando la diferencia entre la ironía mediada por una pantalla y la confrontación directa.

De hecho, uno de los momentos más comentados fue cuando Yanina Zilli lo enfrentó en vivo y él quedó en silencio. “Se me ocurre después”, admitió entre risas cuando Del Moro le preguntó por qué no respondió con la agudeza que lo caracteriza. “Cuando uno es ácido en Twitter tiene tiempo para pensar. Acá es tête a tête”, explicó.
Lucero también hizo un repaso estratégico. Reconoció que fue un error acercarse a Emanuel Di Gioia, quien terminó votando de manera personal y lo dejó expuesto. “Ya estaba en ese bando, no me podía pasar al otro”, dijo, asumiendo que quedó atrapado en una jugada que no le convenía.
Cuando le preguntaron quiénes son las “plantas” de la casa, en alusión a la nueva modalidad que se viene (la placa planta, donde los propios participantes nominarán a quienes consideran que no juegan), apuntó a “los más chicos”, a quienes ve “posados”, más atentos a los seguidores que al juego. También sorprendió al mencionar a Yipio como posible ganadora. “Es muy inteligente”, sostuvo, aunque reconoció que todavía no se mostró del todo.

En cuanto a su perfil como jugador, recibió puntajes duros: un dos y un uno por parte de los analistas del stream. ¿Las virtudes? Ser buen compañero, respetuoso y honesto. ¿Los defectos? Tibieza y falta de juego frontal.
“Yo no me voy a castigar por cómo fui, porque soy como soy. Hice lo que pude”, respondió con serenidad. Admitió que recién empezaba a relajarse cuando quedó eliminado. “Ya me estaba dando hambre de juego”, dijo, sugiriendo que con más tiempo podría haber mostrado otra versión.
Sin embargo, Gran Hermano no da segundas oportunidades inmediatas. La casa, como él mismo definió, “te gana”. “En un momento quedás desnudo y no podés fingir ningún personaje de Twitter. No entran personajes, entran personas reales”, concluyó, dejando una reflexión que trasciende su experiencia.
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