
La irrupción de la inteligencia artificial en la vida cotidiana transforma la relación entre generaciones y abre nuevas posibilidades para quienes desean conectar su experiencia vital con los lenguajes del presente. Así lo sostiene Fredi Vivas, ingeniero, profesor universitario y CEO de RockingData, quien en diálogo con Infobae afirma: “La relación entre silver economy y la inteligencia artificial es muy amplia. De hecho, la IA es un subcampo de las ciencias de la computación, es una disciplina científica.”
Desde su mirada, la evolución tecnológica siempre tuvo un pulso común: la búsqueda de la inclusión. Vivas recuerda aquellos primeros años de internet, cuando los sitios web comenzaban a poblar la pantalla y lo digital se colaba en la vida cotidiana. “En ese momento ya empezaban a aparecer señales de cambio: páginas con alto contraste para personas con baja visión, cajeros que hablaban, herramientas que convertían el texto en voz. Era la tecnología intentando acercarse a todos.”
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Con el paso del tiempo, esa tendencia se profundizó. La inteligencia artificial vino a multiplicar esa intención: a ampliar la autonomía de las personas de la generación silver.
El vínculo entre las personas mayores y la tecnología dejó de ser una frontera. Durante años se creyó que no podían convivir, que eran dos mundos destinados a no encontrarse: “Esa idea ya quedó atrás o está quedando atrás. Hoy es común ver adultos mayores que hablan con Alexa o con Siri, que hacen cursos en línea, que usan aplicaciones para controlar su salud. Hay una apropiación distinta, más cercana, más cotidiana”.
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La accesibilidad y el diseño inclusivo de las nuevas herramientas digitales abrieron un espacio donde la curiosidad y el aprendizaje siguen vivos, sin importar la edad.
Vivas observa en la inteligencia artificial una puerta abierta al aprendizaje y la creatividad, especialmente para las personas mayores. Habla de una tecnología que se volvió más cercana, casi intuitiva. “La IA nos dio una interfaz más humana. La voz como medio, la biometría que reconoce gestos, los sistemas que interpretan lo que queremos decir. Todo eso simplifica los procesos, elimina fricciones”. Esa simplificación, dice el ingeniero, marca el inicio de una nueva etapa vital, donde el conocimiento y la imaginación no se detienen: se transforman.
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El acceso a herramientas intuitivas ha democratizado la posibilidad de crear y aprender a cualquier edad. “Si una persona de la generación silver quiere empezar a escribir un libro, por ejemplo, o escribir artículos porque quiere contar algo, pero tal vez no se lleva bien escribiendo con un teclado tradicional o tiene disminución visual, podría usar una herramienta de guía para convertirlo en texto.”
Además, la aparición de plataformas de programación simplificada permite que “una persona que quiere construir un sitio web para vender un producto, antes estaba limitado. En cambio, hoy con estas herramientas, por ejemplo, de vibe coding, que es la programación casi sin saber programar, eso está puesto en la mano de todos nosotros, incluso muchas veces casi gratis."
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Frente a la percepción extendida de que la inteligencia artificial implica reemplazo o automatización, Vivas propone una visión alternativa: “Mucha gente asocia la IA con el reemplazo de la automatización y, seguramente, en muchos casos en el futuro vamos a ver reemplazos de tareas específicas por máquinas haciendo esa tarea específica. La experiencia personal y lo que somos nosotros como personas no se reemplaza. Eso sin duda.”
En el ámbito laboral, Vivas nota un cambio silencioso pero profundo: la convivencia de generaciones dentro de un mismo equipo. Esa mezcla —dice— enriquece las ideas y los resultados. “Hoy veo grupos muy distintos, formados por personas de edades, trayectorias y orígenes diversos. Y me alegra ver cómo todo eso se combina, cómo el trabajo deja de tener una sola voz.”
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La clave está en asumir una mentalidad de crecimiento junto a la inteligencia artificial. No se trata de reemplazar, sino de potenciar. “En nuestro equipo hay una persona de la generación silver. Su experiencia se multiplica con las herramientas digitales: la velocidad en el procesamiento de datos, la precisión, la capacidad para generar nuevas ideas o explorar investigaciones impulsadas por inteligencia artificial. Todo eso no sustituye su conocimiento, lo amplifica. Y ahí aparecen las posibilidades extraordinarias.”

El ingeniero también subraya el papel de la IA como copiloto o asistente, capaz de facilitar la mentoría y la transmisión de saberes entre generaciones. “Un mentor, una persona que tengas en tu equipo, más sesenta, que pueda construir cursos para seguir mentoreando a los más jóvenes, sería espectacular y lo podría hacer con herramientas de IA de una forma que antes era imposible de hacer.”
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Innovación y acompañamiento
En el escenario internacional, Vivas observa experiencias que combinan inteligencia artificial y envejecimiento activo en distintos territorios: el arte, la educación, la vida cotidiana. “En Japón hay proyectos de agentes conversacionales, una de las ramas más desarrolladas de la inteligencia artificial generativa. Surgieron en los últimos años y hoy funcionan como acompañantes emocionales para personas mayores que viven solas.”
En Europa algunos laboratorios exploran la IA como herramienta creativa: programas que ayudan a escribir poemas, crear collages o construir relatos interactivos: “Son formas de mantener encendida la curiosidad, de seguir activos a través de la creación.”
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Entre los proyectos que más lo sorprendieron, Vivas menciona Meal Vision y Celia AI. El primero, cuenta, utiliza una rama menos conocida pero muy poderosa de la inteligencia artificial: la visión computarizada. “No es inteligencia artificial generativa, sino una tecnología capaz de interpretar imágenes y videos. Meal Vision se usa en el ámbito de la nutrición: un sistema instalado en una balanza que reconoce los alimentos y ayuda a monitorear la dieta de las personas mayores, tanto en geriátricos como en sus casas”.
Celia AI, en cambio, apunta al cuidado cognitivo. “Es un sistema interactivo diseñado para detectar de manera temprana signos de Alzheimer y acompañar el tratamiento a través de dinámicas y juegos basados en inteligencia artificial”.
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Emociones, memoria y tecnología
El encuentro entre la inteligencia artificial y las emociones abre un territorio complejo. Hay posibilidades, pero también riesgos. “Puede generarse un vínculo muy poderoso —advierte Vivas—, y al mismo tiempo hay que tener cuidado. Ya existen casos donde esa relación no funcionó bien: personas que desarrollan una dependencia con voces creadas por inteligencia artificial o que prefieren hablar con un chatbot antes que con un amigo.”

Aun así, reconoce el valor de la tecnología para acompañar la memoria. “La inteligencia artificial puede ser un canal válido para preservar recuerdos, para resignificarlos. No reemplaza la memoria humana, la reordena, le da otra forma. Pero requiere sensibilidad, empatía y ética en su diseño.”
Las barreras invisibles
Cuando piensa en los obstáculos que enfrentan las personas mayores ante la inteligencia artificial, Vivas menciona dos: el miedo y la falta de propósito. “El miedo a equivocarse, a no saber lo suficiente, a mostrar fragilidad. Después de cierta edad, uno está acostumbrado a ser quien tiene las respuestas, y de pronto se encuentra frente a algo desconocido. Eso puede paralizar”, reflexiona.
El otro límite, dice, es no encontrar sentido. “Si no se entiende para qué sirve, si no hay un propósito claro, la herramienta pierde valor. El desafío está en hacer que la tecnología tenga un propósito que importe.”
La solución, según el ingeniero, pasa por poner al ser humano en el centro del proceso de alfabetización digital. “La tecnología es una herramienta, te potencia, te aumenta, pero no es el foco. El foco es los seres humanos. Cuando hablamos de alfabetización digital, de inteligencia artificial, es lo que se conoce como AI Literacy o alfabetización en inteligencia artificial, no puede ser solo técnica esa capacitación. Necesitamos interfaces más intuitivas, que se adapten al nivel de autonomía de cada persona, que tengan un diseño pensado desde la diversidad y, por supuesto, con humanos acompañando en ese proceso”.

Reinventarse en la era digital
Al pensar el futuro donde convergen tecnología, longevidad y creatividad, Vivas imagina un horizonte de reinvención. “El camino debería potenciar la posibilidad de volver a empezar. Hoy es el mejor momento para hacerlo. Una persona de 75 no solo puede usar tecnología: puede crear, inspirarse, sorprenderse. Puede colaborar con otras generaciones, convertirse en mentor, transmitir su experiencia de manera dinámica, usar herramientas digitales para contar su historia y construir nuevas narrativas.”
La creación no tiene fecha de vencimiento
Para Vivas, la capacidad de crear no envejece. “No creo que haya una edad en la que uno deje de poder escribir un libro, programar o aprender algo nuevo. No pasa por ahí”, afirma.
En ese sentido, la inteligencia artificial no es el centro, sino el medio. “Su valor está en habilitar, en expandir lo que queremos imaginar, construir o aprender. Es una herramienta que puede abrir caminos, no reemplazarlos.”
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