Análisis de “Watch Dogs: Legion”: anarquía en Reino Unido para lograr el mejor espécimen de la franquicia

A base de una propuesta sólida y la inclusión de mecánicas novedosas, el tercer juego de la saga de hackers de Ubisoft tiene todo para ser el mejor de la trilogía.

Watch Dogs: Legion: reclutamiento

La saga Watch Dogs de Ubisoft, a pesar de nunca haber tenido juegos particularmente perfectos, siempre supo ofrecer buenos momentos de alguna u otra manera. O por lo menos eso intentó desde su primera entrega, cuya iniciativa fue revolucionar el género de mundo abierto con mecánicas de hackeo que atraviesan transversalmente todo el videojuego. Después de seis años, la tercera parte, Watch Dogs: Legion, llega para mejorar todo lo que hasta el momento hizo la compañía francesa con la franquicia y, además, para establecerse como el hermano favorito de la familia.

Si los inicios de la saga intentaron revolucionar los títulos de mundo abierto, Watch Dogs: Legion intenta hacer lo propio con la franquicia en sí. Es decir, direccionar su rumbo hacia otros lugares menos explorados y más novedosos. Eso sí, sin perder en dicha transición la esencia de los dos primeros. Para ello, el principal recurso del cual se vale el juego en cuestión para tratar de cambiar las cosas es la mecánica de “play as anyone” o “juega como cualquiera”. ¿De qué se trata? Para entender bien cómo funciona, primero es menester conocer cuál es el disparador que justifica que, en pocas palabras, esta historia no tenga un protagonista. O por lo menos, no como sus antecesores.

Watch Dogs: Legion transcurre en un futuro cercano. En uno en el que la ciudad de Londres es tomada por una fuerza armada que promete cuidar y proteger a los ciudadanos sin importar el costo que haya que pagar para poder lograrlo. En un futuro cercano donde las fake news son una herramientas más del poder y los medios se usan para instalar el miedo y el caos en la sociedad. En un futuro cercano donde primero se dispara y después se pregunta por qué. Ese futuro dejaría de ser cercano, para ser presente, si no fuera porque hay autos que se manejan solos por toda la ciudad y drones armados que hacen guardia como si de soldados de élite se tratase.

Watch Dogs: Legion retrata un futuro distópico cada vez más real.
Watch Dogs: Legion retrata un futuro distópico cada vez más real.

Dentro de ese contexto, Londres sufre un atentado y son los mismos medios, junto con las fuerzas armadas, quienes atribuyen el ataque a DedSec (la agrupación de hackers para la cual siempre trabajan los protagonistas de la saga) y tras ese boicot, la organización se disuelve. ¿Por qué esto justifica la mecánica de “jugar como cualquiera”? Porque el objetivo de los jugadores es –además de desmantelar toda la red de mentiras gubernamentales– darle entidad nuevamente a DedSec, y para ello será necesario reclutar agentes que quieran formar parte de esta renacida organización e iniciar una revolución.

Es por eso que Watch Dogs: Legion no tiene un protagonista principal. Porque a medida que se avanza se puede, o más bien se debe, reclutar agentes con distintas habilidades, para posteriormente escoger entre ellos y jugar con total libertad. Las posibilidades al principio parecen infinitas. Pero después de varias decenas de horas, salvo un puñado de personajes, la gran mayoría terminan sintiéndose como más de lo mismo.

Jugar como un asesino profesional con habilidades dignas del Agente 47, con una apicultora que lanza abejas eléctricas para reducir a los enemigos o con un artista callejero que usa una pistola de paintball como arma puede parecer tentador. Y realmente lo es. Ya que si bien no hay ninguna diferencia de estadísticas –como vida, energía, velocidad, etc., entre personajes– cada uno tiene herramientas únicas y un par de habilidades exclusivas que cambian bastante la manera de jugar.

Watch Dogs: Legion ofrece variadas herramientas para resolver las misiones de muchas maneras diferentes.
Watch Dogs: Legion ofrece variadas herramientas para resolver las misiones de muchas maneras diferentes.

Pero después de unas cuantas horas de cruzarse y analizar NPCs por toda la ciudad, casi todos –diría un 90%– tienen cualidades repetidas y casi que no vale la pena perder tiempo en seguir reclutando. Si no fuera porque algunos cuentan con habilidades pasivas que afectan a todos (por ejemplo, reclutar un médico hace que cada integrante del equipo salga del hospital más rápido si es abatidos) tranquilamente el juego podría completarse con menos de una decena de agentes. Sin embargo, pretender que cada uno de los miles de NPC ofrezca una experiencia diametralmente opuesta podría ser una expectativa un tanto inocente, por no decir ilusa.

Esta mecánica rige y define el estilo de gran parte del juego. Pero a pesar de ofrecer muchas aristas interesantes (como la muerte permanente y todo el sistema de rutinas y agendas que tienen los personajes, por ejemplo), todo decanta en un gran problema: Un storytelling sin personalidad. ¿Qué significa esto? Que la falta de un protagonista hace que la historia tenga un componente menos: el personal. Si bien el primer Watch Dogs no se destacó por ser técnicamente perfecto, el mismo añadía a cuentagotas algunos conflictos que Aiden Pearce, su protagonista, padecía en el mientras tanto; lo que generaba, de alguna manera, que el plot sea mucho más atrapante. Dicho esto, y después de 6 años, Pearce sigue siendo un personaje bastante querible y es por eso que su futura llegada como personaje jugable en Watch Dogs: Legion significó una gran noticia para los fanáticos.

Diciendo lo anterior no estoy descalificando el arco argumental del juego. Sólo que en esta oportunidad no hay una historia personal detrás que motive y justifique las acciones del jugador, ni un protagonista con el cual identificarse o empatizar; lo que podría resultar un tanto repelente para algunos. En Legion todo es distinto. El pretexto para “ensuciarse las manos” es la rebelión de un pueblo contra la fuerza opresora, contra la manipulación de los medios y contra la falsa seguridad que prometen las organizaciones armadas. Aunque son enfoques distintos, estas últimas motivaciones podrían ser incluso más interesantes que la vida de algún protagonista aleatorio. De hecho, el principal motivo por el cual se evidencia sobremanera el problema del storytelling es, más que nada, técnico.

La ciudad de Londres está increíblemente retratada a lo largo y ancho de todo el mapa de juego.
La ciudad de Londres está increíblemente retratada a lo largo y ancho de todo el mapa de juego.

Porque poder jugar con cualquier personaje tiene su precio. Y eso implica que las escenas cinematográficas también pueden estar interpretadas por cualquier personaje. Eso se traduce, muchas veces, en conversaciones estériles, modelos poco expresivos y diálogos con tonos disparejos que no logran transmitir con efectividad lo que se ve en pantalla. Algo que sería totalmente evitable en títulos en los que hay un único protagonista, al cual se le puede dedicar mucho trabajo para cubrir todos los detalles.

Pero lo que no carece de personalidad es el planteo jugable en sí de Watch Dogs: Legion. Principalmente porque logra que la propuesta pueda sentirse como un verdadero sandbox; uno en el que los jugadores pueden experimentar distintas aproximaciones y estilos de juego para cada una de las misiones. Esto sucede gracias a la modesta pero efectiva cantidad de gadgets disponibles para los agentes; la acertadísima incorporación de drones como un elemento que realmente afecta al desarrollo del juego y, algo no menor, el diseño de las locaciones. Este último ítem es quizá el que más potencia a los dos anteriores, ya que la gran mayoría de edificios y zonas restringidas tienen varias entradas y puntos ciegos, lo que cambia drásticamente la manera de encarar una infiltración según el acceso que se elija.

Un detalle que no se puede dejar de comentar sobre el título en cuestión, con respecto a sus antecesores, es que si Watch Dogs 2 mejoraba todo lo que el primero había hecho, Legion hace lo mismo con la segunda entrega. Tanto las habilidades de sigilo, el hackeo, la conducción, la recreación de la ciudad y el shooting han mejorado considerablemente y se sienten mejor amalgamados con todo el contexto en general.

En Watch Dogs: Legion se puede jugar como cualquiera: un obrero, un hacker profesional, un asesino a sueldo o incluso como una anciana.
En Watch Dogs: Legion se puede jugar como cualquiera: un obrero, un hacker profesional, un asesino a sueldo o incluso como una anciana.

Watch Dogs: Legion despertó un gran hype desde su anuncio, aunque particularmente más después de dar a conocer las novedades que traería esta tercera entrega. El resultado final es más que positivo, gracias a una experiencia que es tan concreta como atrapante y que logra transmitir una gran sensación de libertad que, casi siempre, se puede disfrutar sin piedras en el camino.