
"Hace años que soy amigo de Mauricio. Era un hombre joven, muy buen mozo cuando nos conocimos", comenzó el presidente Donlad Trump su breve discurso antes de dar inicio a la reunión bilateral con Mauricio Macri en la Casa Rosadas.
El primer mandatario norteamericano llegó a las 7.20, casi media hora más tarde de lo pautado, a bordo de La Bestia, el auto blindado de siete toneladas que recorrió las calles de Buenos Aires desde el Palacio Duhau, donde se hospeda, hasta la Casa de Gobierno.
"En realidad hice negocios con su padre; excelente, muy buen amigo mío. Hicimos un gran trabajo, exitoso. Uno de los grandes trabajos fue en Manhattan cuando yo era un ciudadano civil sin saber que su hijo se convertiría en presidente de la Argentina; y creo que tú tampoco sabías que me iba a convertir en presidente de Estados Unidos", agregó Trump relajado.
Lo que se olvidó de recordar Trump fue una anécdota increíble: el día que compitió con Macri en los Estados Unidos, a mediados de la década del 80, perdió y -furioso- rompió todo.

La anécdota, que durante años se convirtió en mito, fue confirmada en 2013 por uno de los principales testigos: Franco Macri.
En 2013, Macri padre publicó un libro que terminó en la mesa de saldos muy rápidamente: "Charlas con mis nietos". Fue un relato autobiográfico con jugosas anécdotas con sus hijos y nietos, que en ese entonces no interesaron a nadie y que hoy, con Mauricio como presidente de la Nación y Trump en la Casa Blanca, cobran relevancia.
"En otra ocasión el que me impresionó con su aplomo, su seguridad y su capacidad de concentración, a sus pocos años, fue Mauricio", comenzó el empresario a recordar la anécdota incluyendo un elogio a su hijo, algo poco frecuente.

"Estábamos en Nueva York en el medio de difíciles negociaciones por Lincoln West y Donald Trump pretendía jugar al golf conmigo -deporte que, como todos, juego mal-", relató Franco.
Lincoln West fue un proyecto inmobiliario que pretendieron realizar los Macri en Nueva York y que terminaron vendiendo a Trump por 95 millones de dólares, en diciembre de 1984.
"Le expliqué que no tenía en el golf el mismo nivel que él pero que podía jugar con mi hijo mayor", siguió. En ese momento, Trump tenía 38 años y Mauricio era un joven de 25 . Según Franco "jugaron 18 hoyos" que le "parecieron interminables".

"El juego fue muy parejo, Trump jugaba bien pero en el último hoyo, Mauricio le ganó al magnate americano", sentenció el empresario.
Y ahí es cuando el relato cierra con el detalle más particular: "Ambos nos quedamos sorprendidos cuando Trump, fastidiado con su propio juego, rompió los hierros y las maderas uno a uno".
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