
Un evento climático poco frecuente se está registrando en 2026: una significativa disminución de la temperatura superficial del mar en el Atlántico tropical, denominada Atlantic Niña (fase fría del Atlántico ecuatorial), ocurre al mismo tiempo que El Niño se consolida como uno de los más intensos en el Pacífico, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Esta situación modifica los pronósticos para la temporada de huracanes en el Atlántico y tiene implicancias directas para los países que integran la cuenca, incluyendo Estados Unidos.
La NOAA informó mediante su más reciente actualización, emitida por el Climate Prediction Center (CPC) el 9 de julio, que El Niño tiene una probabilidad del 97% de continuar hasta inicios de 2027 y un 81% de alcanzar una intensidad considerada “muy fuerte” entre octubre y diciembre. Paralelamente, las mediciones confirman que el Atlántico ecuatorial oriental experimenta anomalías negativas de temperatura que, de persistir, constituirán el sexto evento de Atlantic Niña desde 1980, según registros de la agencia.
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El contexto de ambos fenómenos es relevante porque El Niño y la Atlantic Niña afectan los patrones de viento, la temperatura y la formación de tormentas de modo diferente, pero al interactuar pueden alterar la actividad ciclónica en el Atlántico de manera sustancial, según especialistas de la NOAA y del sistema de monitoreo multidisciplinario NMME.
¿Qué es la Atlantic Niña (fase fría del Atlántico ecuatorial) y cómo la define NOAA?
La NOAA describe la Atlantic Niña como la fase fría del modo zonal del Atlántico, un ciclo climático natural que ocurre en el Atlántico ecuatorial. Se caracteriza por temperaturas superficiales del mar al menos 0,5 °C por debajo del promedio durante al menos dos temporadas consecutivas. Este fenómeno se origina por el fortalecimiento de los vientos alisios, que desplazan aguas cálidas superficiales y permiten el afloramiento de aguas profundas más frías.
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Las autoridades detallaron que, históricamente, la Atlantic Niña ha sido poco frecuente. Desde 1980 solo se han documentado cinco episodios con características similares al que se perfila para 2026. “La persistencia del enfriamiento en el Atlántico podría consolidar el evento este año,” precisó el informe del Climate Prediction Center, que monitorea las condiciones actuales y los registros históricos.

¿Qué es El Niño y cuál es su pronóstico para 2026?
El Niño es definido por la NOAA como la fase cálida del fenómeno ENSO (El Niño-Southern Oscillation), que implica un aumento sostenido de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Este patrón causa variaciones en los vientos alisios, la presión atmosférica y la distribución de lluvias en distintas regiones del planeta.
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El Climate Prediction Center comunicó que El Niño presenta condiciones favorables para intensificarse durante el segundo semestre de 2026, con un 97% de probabilidad de persistencia y un 81% de alcanzar una intensidad excepcional. Las mediciones actuales en la región Niño 3.4 del Pacífico central superan el umbral para catalogar el evento como uno de los más fuertes desde 1950, según los modelos de la NOAA y del North American Multi-Model Ensemble (NMME).
¿Cómo afecta la combinación de El Niño y Atlantic Niña a la temporada de huracanes?
La interacción de El Niño y Atlantic Niña (fase fría del Atlántico ecuatorial) genera condiciones que, según la NOAA, desfavorecen la formación de ciclones tropicales en el Atlántico. El Niño incrementa la cizalladura vertical del viento, un factor que dificulta la organización de tormentas y huracanes, mientras que la Atlantic Niña enfría la superficie oceánica, reduciendo la energía disponible para la convección y el desarrollo de tormentas.
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De acuerdo con el pronóstico de la NOAA para la temporada de huracanes 2026, se espera una actividad por debajo del promedio: entre ocho y catorce tormentas con nombre, de las cuales entre tres y seis podrían alcanzar la categoría de huracán y una a tres serían huracanes mayores. “La combinación de ambos fenómenos crea un escudo atmosférico que limita el potencial de desarrollo de ciclones,” sostiene el reporte del Climate Prediction Center.
Las estadísticas históricas muestran que durante los años en que se presentó la Atlantic Niña, el número de ciclones y tormentas que llegaron a la categoría de huracán disminuyó hasta en un 50% respecto a años con condiciones neutras, según la base de datos oficial de la NOAA.
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¿Qué muestran los mapas y datos oficiales de la NOAA sobre estos fenómenos?
Las imágenes satelitales y los mapas de anomalías de temperatura publicados por la NOAA el 15 de julio exhiben un cinturón de aguas cálidas en el Pacífico ecuatorial (El Niño) y una zona de aguas frías en el Atlántico oriental (Atlantic Niña). Los registros indican anomalías de entre 1 °C y 3 °C por debajo del promedio en el Atlántico, mientras que el Pacífico muestra aumentos superiores a 1,5 °C por encima del promedio en la región Niño 3.4.
El Climate Prediction Center remarca en su informe que estos valores se encuentran dentro del rango esperado para episodios fuertes de El Niño y, en el caso del Atlántico, para eventos de Niña poco habituales. Los datos provienen de estaciones oceanográficas y satélites operados por la NOAA y agencias internacionales colaboradoras.
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¿Cómo puede afectar la combinación de Atlantic Niña y El Niño a Estados Unidos?
Según la NOAA, la combinación de El Niño y Atlantic Niña (fase fría del Atlántico ecuatorial) puede reducir considerablemente el riesgo de huracanes que toquen tierra en Estados Unidos. El aumento de la cizalladura vertical del viento y el enfriamiento del Atlántico dificultan la organización de tormentas intensas cerca de la costa este y el golfo de México, regiones habitualmente vulnerables a impactos directos.
El pronóstico oficial para la temporada 2026 anticipa menos tormentas con nombre y huracanes en comparación con otros años, lo que podría traducirse en menor presión sobre los sistemas de emergencia, infraestructura y seguros en las zonas costeras. No obstante, la NOAA aclara que la reducción del riesgo no equivale a la eliminación total del peligro. Eventos aislados, como ocurrió con el huracán Andrew en 1992, pueden tener consecuencias graves incluso en temporadas con baja actividad general.
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La agencia recomienda que los residentes y autoridades estatales mantengan la vigilancia sobre los boletines oficiales y actualicen sus planes de contingencia ante la posibilidad de tormentas severas, aunque las probabilidades sean menores que en otros años.

¿Qué consecuencias puede tener esto para América Latina y el Caribe?
La reducción de la actividad ciclónica en el Atlántico, según la NOAA, puede disminuir el número de tormentas que impactan en regiones como el Caribe, Centroamérica, México y la costa atlántica de Sudamérica. Las autoridades meteorológicas de estos países suelen ajustar sus alertas y recursos en función de los pronósticos de la agencia estadounidense.
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“Aunque la actividad general sea baja, una sola tormenta puede tener consecuencias significativas para las comunidades costeras,” señala la NOAA en su comunicado oficial. Las autoridades subrayan la importancia de mantener la vigilancia y seguir las recomendaciones de protección civil y meteorología.
¿Hay precedentes de una combinación similar de fenómenos?
Según los registros de la NOAA, desde 1980 solo se han producido cinco episodios de Atlantic Niña (fase fría del Atlántico ecuatorial) con magnitudes similares a las actuales. En esos periodos, la formación de tormentas y huracanes fue menor, aunque no se descartan casos aislados de ciclones intensos. La combinación de un El Niño fuerte y una Atlantic Niña es poco común y representa un área activa de investigación científica.
El seguimiento de ambos fenómenos se realiza mediante modelos climáticos y redes de monitoreo internacional, que permiten actualizar los pronósticos y alertas de manera continua.
¿Qué recomienda la NOAA ante este escenario?
La NOAA aconseja a gobiernos, organismos de emergencia y población costera mantenerse atentos a los boletines oficiales y a las actualizaciones periódicas sobre el estado de los océanos y la atmósfera. Los pronósticos pueden variar si cambian las condiciones oceánicas, por lo que la preparación ante posibles eventos extremos sigue siendo prioritaria para las zonas vulnerables.
El monitoreo de la NOAA y sus agencias asociadas continuará durante los próximos meses, con informes disponibles en sus canales oficiales.
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