
El reencuentro de Kyle Adler y Ana María Navarrete en Santiago cerró una herida de más de tres décadas y devolvió esperanza a una familia fracturada por la historia de Chile. El joven, que hoy reside en Denver, supo hace pocos años que había sido robado en su infancia y adoptado ilegalmente en Estados Unidos. Tras largas gestiones, Adler abrazó por primera vez a su madre biológica y comenzó a reconstruir los lazos que la dictadura militar cortó de raíz.
La historia de Kyle es solo una pieza de una realidad mucho más amplia. Durante los años 70 y 80, miles de niños en Chile fueron arrancados de sus hogares y enviados lejos de sus familias.
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Gracias a la colaboración de organizaciones como Connecting Roots y la tecnología de pruebas de ADN, la verdad salió a la luz. Madre e hijo compartieron una semana que, aunque breve, les permitió recuperar parte del tiempo arrebatado.
Niñez robada bajo la dictadura de Pinochet
Durante la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990, operó una red de adopciones ilegales que afectó a sectores vulnerables. Las autoridades chilenas estiman que más de 20.000 menores fueron sustraídos de sus familias, la mayoría de bajos recursos o indígenas, y enviados al extranjero a través de procedimientos irregulares.
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Los niños desaparecían en hospitales, consultorios y casas particulares, muchas veces con la complicidad de funcionarios, jueces, médicos y religiosas. El caso de Adler se inserta en este contexto.
Cuando tenía nueve meses, una cuidadora entregó al pequeño a un matrimonio estadounidense con la mediación de un sacerdote local. Ana María Navarrete, su madre, tenía solo 19 años y trabajaba jornadas largas en Coronel, una ciudad pesquera al sur de Santiago.
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Al regresar a casa un día, su hijo ya no estaba. “Y ella se los dio”, recordó con dolor Navarrete ante AP News, aún sin obtener justicia por lo sucedido.
Una búsqueda marcada por la identidad y la resiliencia
Kyle Adler creció en un suburbio acomodado de Chicago, sin saber su verdadero origen. Sus padres adoptivos, Mike y Connie Adler, lo criaron con afecto y jamás sospecharon el trasfondo irregular de la adopción, según contó el propio Kyle: “Mis padres no me robaron. No me llamaron Kyle por malicia. Ellos me veían como la persona que querían que yo llegara a ser, y hay mucho amor que pusieron en eso”, expresó en diálogo con AP News.
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La muerte de sus padres adoptivos en 2022 lo impulsó a buscar respuestas. Durante años, lidió con una crisis de identidad que lo llevó a terapia y a investigar sus raíces.

En 2017, halló la organización Nos Buscamos y contactó a su fundadora, Constanza Del Rio, quien a los pocos meses corroboró su historia y organizó un primer encuentro virtual con Navarrete.
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La confirmación biológica llegó con un kit de ADN proporcionado por MyHeritage y Connecting Roots, aliados en la lucha por la reunificación de familias separadas por adopciones ilegales. La prueba demostró el parentesco y allanó el camino para el ansiado reencuentro en Chile.
El reencuentro y la reconstrucción de una familia
El reencuentro en el aeropuerto de Santiago de Chile fue un momento inolvidable para ambos. Vestidos de blanco, madre e hijo se abrazaron entre lágrimas, mientras las cámaras registraban el instante.
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“Estoy tan feliz de conocerlo por fin, se cumplió mi sueño”, declaró Navarrete.

Durante una semana, recorrieron juntos los sitios que marcaron su historia: la playa de Coronel, el hospital donde nació Adler y la casa de donde lo sustrajeron. Recuperaron su acta de nacimiento original y el joven conoció a uno de sus cuatro hermanos. En Miami, antes del viaje, había visto a otra hermana y a una sobrina.
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La familia compartió recuerdos, fotografías y objetos significativos. Adler llevó consigo su diploma de graduación y unos zapatitos de bebé que sus padres adoptivos conservaron durante décadas.
Pese a que Kyle no habla español, la tecnología y la ayuda de traductores de Connecting Roots facilitaron la comunicación.
El rol clave de las organizaciones y la tecnología
Organizaciones como Connecting Roots y Nos Buscamos desempeñan un papel central en la búsqueda de justicia y reparación. Estas entidades colaboran con plataformas de genealogía como MyHeritage para ofrecer pruebas de ADN gratuitas a víctimas y familias separadas.
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La base de datos digital y el trabajo en red permitieron identificar casos y organizar reencuentros, mientras otras agrupaciones, como Grafting Hope, luchan en tribunales internacionales por los derechos de los afectados.

El fundador de Connecting Roots, Tyler Graf, también hijo adoptivo separado en dictadura, acompañó a Adler en su viaje y sintetizó el objetivo de estas acciones: “Ahora es momento de reparar estas familias y devolverles la posibilidad de saber de dónde vienen”, explicó a AP News.
Herramientas como estas han permitido que cientos de chilenos adopten un rol activo en la búsqueda de sus raíces y en la denuncia de las violaciones cometidas.
El contexto de las adopciones y la deuda pendiente del Estado
Las adopciones ilegales en Chile contaron con la participación de múltiples actores: agencias, funcionarios, jueces, enfermeras y médicos. Según el abogado y activista Jimmy Lippert Thyden González, otro niño robado en dictadura, “era un esfuerzo por erradicar a la clase pobre y a la población indígena”.
Muchas madres nunca volvieron a ver a sus hijos tras la primera consulta médica, ya que el sistema las dejó desamparadas.

A pesar de la magnitud de los crímenes, el Estado chileno no sancionó a los responsables ni implementó políticas integrales de reparación. La mayoría de las familias afectadas siguen esperando justicia.
Las heridas personales y la esperanza de justicia
Para Ana María Navarrete, el reencuentro trajo alegría, pero también revivió el dolor de los años perdidos. “Me tomó tanto tiempo encontrarlo. Y después de pasar una semana juntos, verlo partir es como perderlo de nuevo”, confesó entre lágrimas.
La madre espera que la familia pueda reunirse nuevamente en diciembre y anhela que los responsables reciban castigo: “Quiero justicia. No solo para mí, sino también para él, porque no sé qué vida tuvo”.
Adler, por su parte, busca reconciliar su identidad y superar las heridas del pasado. “No soy solo el hijo que perdiste. Soy el hijo que encontraste y ahora vuelvo a ser tu hijo”, expresó en una frase que resume el sentido de toda la lucha.
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