Philippe Sands, el abogado y escritor que participó en el juicio al dictador Augusto Pinochet: “Estuve a punto de defenderlo y mi mujer me amenazó con el divorcio”

El ensayista británico ha presentado su libro ‘Calle Londres 38′ en la Casa Encendida de Madrid, donde también ha hablado de la relación entre la literatura, la justicia y la memoria

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Philippe Sands, escritor y abogado experto en derecho internacional. (Cedida)
Philippe Sands, escritor y abogado experto en derecho internacional. (Cedida)

Pocas personas en el mundo son más influyentes en el derecho internacional contemporáneo que Philippe Sands. El abogado y profesor de la University College London lleva décadas como uno de los grandes exponentes en este ámbito gracias a libros como Calle Este-Oeste, Ruta de escape o La última colonia, donde ha abordado temas que van desde el origen y la evolución de las regulaciones intercontinentales hasta el desarrollo de conceptos como los crímenes de guerra, el terrorismo de Estado o la memoria histórica.

Esta, claro, es solo una de sus facetas. Como él mismo dice, gran parte de su tiempo lo pasa en las salas de los juzgados, participando en juicios internacionales como el que él mismo relata en su último libro, Calle Londres 38 (Anagrama). En aquella ocasión, quien se sentó en el banquillo de los tribunales no fue otro que el dictador chileno Augusto Pinochet, retenido en Reino Unido en 1998 tras una orden de arresto internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón, para decidir si se le sometía a un proceso de extradición.

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Entre esos dos mundos, el literario y el jurídico, Sands ha acabado creando uno propio que combina ambas facetas. Tal y como él mismo afirma en la presentación de Calle Londres 38 en La Casa Encendida de Madrid, ser escritor le ha transformado como jurista, y viceversa. Y cuando le preguntan si considera más importante una o la otra, advierte que ambas son “expresiones que se complementan y apuntan en la misma dirección”. Eso sí, él mismo advierte que, si queremos entender lo que ocurrió “realmente” en un genocidio como el de Ruanda, “puedes leer una o varias de las sentencias del Tribunal Internacional, o puedes leer una sola novela de Gaël Faye, y obtendrás una comprensión que ninguna sentencia puede comunicar”.

Cubierta de 'Calle Londres 38', de Philippe Sands.
Cubierta de 'Calle Londres 38', de Philippe Sands. (Anagrama)

Un juicio que casi acaba en divorcio

La sentencia del caso de Pinochet por parte de la Cámara de los Lores se considera una de las más importantes del derecho internacional del último medio siglo, ya que se dictaminó que un exjefe de Estado no tiene inmunidad frente a delitos internacionales como la tortura. Sands formó parte de la acusación, pero lo que no recoge la sentencia (y sí su literatura) es que a punto estuvo de estar al otro lado: “Los abogados ingleses tienen una regla conocida como el principio del taxista, que básicamente significa que cuando alguien te pide para un caso tienes que aceptarlo. Por eso, cuando me pidieron defender a Augusto Pinochet en 1998 ese principio entraba en juego y yo tendría que haberlo hecho".

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Sin embargo, se produjo una excepción curiosa cuando llegó a su casa y se lo contó a su esposa. Sands está casado con una mujer que, además de contar con “principios muy firmes”, resulta ser hija de un refugiado de España. “Cuando le dije que pensaba aceptar el caso de Pinochet, me preguntó: ‘¿De qué lado vas a estar?’, y yo le dije que no era lo ideal pero que del de Pinochet por el principio del taxista. Entonces ella dijo: ‘Vale, hazlo si quieres, pero si lo haces, mañana me divorcio de ti’“. Afortunadamente, finalmente pudo eximirse de esa responsabilidad y sigue, ha subrayado, felizmente casado.

Por otro lado, la extradición de Pinochet a España no llegó a materializarse porque el proceso quedó bloqueado por decisiones políticas y diplomáticas entre el Reino Unido y Chile, que finalmente permitieron su retorno a Santiago en lugar de su traslado a Madrid. “¿Hubo un acuerdo entre Chile y el Reino Unido para permitir que Pinochet regresara a Santiago en lugar de venir aquí a Madrid a enfrentarse a la justicia?”, se pregunta Sands. “Esta es otra de las cuestiones que trato de responder en mi libro”. Su objetivo no era “ajustar cuentas”, sino utilizar “el poder de la narración para explicar por qué la rendición de cuentas y la justicia son importantes”.

Manifestación celebrada en Madrid en 1998 a favor de la decisión del juez Baltasar Garzón de solicitar la extradición de Augusto Pinochet al Reino Unido por delitos de genocidio, terrorismo y torturas. (Efe/Gustavo Cuevas/Archivo)
Manifestación celebrada en Madrid en 1998 a favor de la decisión del juez Baltasar Garzón de solicitar la extradición de Augusto Pinochet al Reino Unido por delitos de genocidio, terrorismo y torturas. (Efe/Gustavo Cuevas/Archivo)

La paradoja del papel de España en el arresto de Pinochet

Durante su conversación con el periodista Manuel Levín sobre la relación entre la literatura y el derecho, Sands ha reivindicado en varias ocasiones cómo los libros muchas veces han servido para que se conocieran hechos que los gobiernos trataban de enterrar. Señala, por ejemplo, la novela de Roberto Bolaño Nocturno de Chile, que, pese a presentarse como una novela, “resulta que está basada en muchas historias verdaderas”. “Los gobiernos pueden controlar presupuestos, instituciones y publicaciones, pero no pueden controlar lo que ocurre en la mente de las personas ni en la pluma de un escritor”.

El escritor y experto en derecho internacional ha señalado que “los países funcionan igual que las familias: hay secretos, silencios y presiones para no hablar”. “En el caso de España, muchos de vosotros recordaréis que, cuando ibais a la escuela, se os ofrecía una versión muy concreta de lo que ocurrió en la historia reciente”, le ha dicho a todos los presentes. Para él, España es un país que no ha afrontado su propio pasado y admitido todos los hechos: “Hace poco celebrasteis 50 años de libertad, pero ¿ha habido siquiera un solo caso contra alguien que cruzara la línea hacia la criminalidad en relación con el período anterior? No conozco lo suficiente la historia española, pero sospecho que probablemente no”.

En este sentido, para él que fuera un juez español el que emitiera la orden contra Pinochet representa “una de las grandes ironías del caso”. “¿Cuál es la autoridad moral de un país para juzgar los crímenes de otros cuando nunca ha juzgado sus propios crímenes? Este es un tema importante que hay que poner sobre la mesa“. Trató de hacerlo en Calle Londres 38, mostrando cómo, en todo caso, la Justicia nunca es solo el resultado de un juicio, “sino también una construcción narrativa en disputa permanente”, donde las sentencias no son el punto y final: las novelas, el cine, la música y la cultura en general “siembran semillas” sobre la responsabilidad y la memoria, influyendo en cómo una sociedad interpreta su pasado.

Augusto Pinochet junto al actual rey de España, Juan Carlos I en 1975. (Agencia EFE)
Augusto Pinochet junto al actual rey de España, Juan Carlos I en 1975. (Agencia EFE)

“No me gusta la idea de que un Estado controle lo que ocurrió en el pasado”

La cultura también sirve para contar los crímenes de todos aquellos que quedan fuera del alcance del derecho. Sands habla de todas aquellas empresas que, en diferentes regímenes que cometieron crímenes contra la humanidad, colaboraron de manera consciente en ese sistema. “El sector privado ha quedado completamente al margen en relación con los crímenes que los militares perpetraron en este periodo”. Como ejemplo, señala que de los 25 encausados en los juicios de Núremberg, solo 3 eran empresarios, y que todos ellos se libraron de una condena. “Eso influyó mucho en los juicios posteriores”.

Esta es una razón por la que, por más que pasen los años, hay algunas tensiones en la memoria histórica de un país que quedan sin resolver. Otra sería la confluencia de otros políticos que llegan a los gobiernos con ideologías revisionistas, como José Antonio Kast, actual presidente de Chile e hijo de un del partido nazi alemán emigrado, al que ha escuchado hablar de “perdonar” a colaboradores de Pinochet en las torturas y las desapariciones de miles de chilenos, actualmente encarcelados con condenas superiores incluso a los 1.000 años. “No creo que esto prevalezca a largo plazo”, ha afirmado. “Ahora están causando mucho revuelo, pero al final la verdad volverá y saldrá a la luz”.

José Antonio Kast jura el cargo como Presidente en Chile.

Puede que, en parte por ello, Sands se haya mostrado escéptico respecto a cualquier intento de los gobiernos por encargarse de la memoria de un país. “No me gusta la idea de que un Estado controle qué ocurrió en el pasado”, ha señalado. Frente a ello, defiende que el recuerdo colectivo se construye de forma plural, conflictiva y continua, a través de tribunales, libros, testimonios y formas culturales diversas. La historia nunca queda definitivamente cerrada: es un espacio de disputa permanente donde distintas voces compiten por dar sentido a lo ocurrido, y donde la literatura y el derecho actúan, no como mecanismos de cierre, sino como instrumentos que mantienen viva esa conversación sobre la verdad, la responsabilidad y la justicia.

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