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El inesperado pedido del CEO de Google a los jóvenes

En una entrevista con el creador Rowan Cheung tras el I/O 2026, Sundar Pichai pidió a los jóvenes que se tomen tiempo para absorber el ritmo del cambio, y dijo que si él tuviera 18 años, iría a la universidad

Caricatura editorial de Sundar Pichai sentado, con un lado mostrando una autopista digital con logos de Google y chips de IA, y el otro un sendero de universidad.
La reflexión del CEO de Google para los jóvenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Hay algo extraño en escuchar al CEO de la compañía que más está acelerando la inteligencia artificial decir que los jóvenes deben frenar. Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet, lo dijo esta semana en una entrevista con Rowan Cheung publicada en YouTube tras el cierre de Google I/O 2026. La frase no se ajustaba a ningún libreto corporativo, y por eso vale leerla dos veces. “Como humanos no estamos cableados para este ritmo de cambio. No es fácil vivir un período de cambio masivo”.

Lo dijo el ejecutivo que acaba de presentar Gemini 3.5, Omni, Spark, Daily Brief, Antigravity y un calendario hacia la inteligencia artificial general que su jefe de DeepMind proyectó para 2029. La compañía que invierte hasta 190.000 millones de dólares al año en infraestructura. El responsable de la operación tecnológica que está empujando el mundo más rápido que nadie. Y, sin embargo, su consejo al joven de 18 años que entra hoy al mercado laboral fue otro: bajen un cambio.

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La paradoja se ve mejor cuando viene del que conduce

Pichai no dio el consejo desde afuera. Lo dio desde adentro. Quien dice “el mundo cambia demasiado rápido” suele ser el espectador. Acá lo dice el conductor. Ese es el dato que vale la pena pesar.

Y el consejo tiene contenido concreto. Pichai pidió a los jóvenes que aprendan a usar las herramientas, que se sientan nativos en esta tecnología, pero que lo hagan con la misma mirada con la que alguien aprendía cosas en YouTube hace años: como un proceso continuo, no como una carrera. El verbo que repitió fue “absorber”. Es lo opuesto al verbo dominante del valle de Silicio, que es “deployar”.

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Una ilustración de un reloj de arena central con símbolos digitales (chips, código, logos Google) cayendo, y libros y diplomas acumulándose abajo, rodeado por jóvenes observando.
El tiempo, la nueva moneda de cambio entre las exigencias del mundo digital y el valor de una formación profunda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La frase sobre la universidad que rompe el consenso

El momento más fuerte de la conversación fue otro. Cheung le preguntó si recomendaría hoy ir a la universidad. La pregunta tiene fondo: en Silicon Valley el discurso dominante hace más de una década ya es que la universidad es una pérdida de tiempo. Peter Thiel paga becas desde 2010 para que los jóvenes la abandonen y emprendan. Y aun así Pichai respondió: “Sí. Si yo tuviera 18 años, iría a la universidad”.

Después agregó por qué. “Aprendí muchas cosas en la universidad. Conocí ahí a mi esposa actual. No lo cambiaría por nada”. Esa última frase desarmaba el debate técnico y lo llevaba al plano humano. El CEO de Google no defiende la universidad por su contenido. La defiende por la experiencia.

Es una posición valiente en un ambiente que ya considera anticuada la idea de estudiar cuatro años antes de empezar a producir. Pero coincide con la primera tesis de la entrevista: el ritmo del cambio agobia, y la formación tradicional sigue cumpliendo una función que ningún curso acelerado de tres meses puede reemplazar.

El otro consejo, escondido en la respuesta sobre ingenieros

En otro momento de la entrevista, Pichai dejó caer una idea que define el oficio que viene. Dijo que la métrica vieja del trabajo de ingeniería, donde el 75% del código que escribe un ingeniero hoy incluye sugerencias de inteligencia artificial que él acepta, ya quedó atrás. La nueva métrica es otra. Cada ingeniero, según él, va a manejar un equipo de agentes. La tarea ya no es escribir código sino orquestar agentes que escriben código.

El cambio de oficio implica un cambio de habilidades. Lo técnico se mueve. Lo que queda como diferencial es la capacidad de pensar lo que se está pidiendo, de evaluar lo que devuelven los sistemas, de decidir qué tarea vale la pena delegar y cuál no. Y esa capacidad, casualmente, es la que se entrena en una formación larga. No en un curso acelerado de tres meses.

Las dos partes de la entrevista cierran sobre lo mismo. Pichai está diciéndole al joven que no se acelere para alcanzar la curva, porque la curva va a moverse de nuevo en seis meses. Lo que sí va a permanecer es la capacidad de pensar despacio sobre las cosas que importan.

Ilustración de un ingeniero de pie en un podio, dirigiendo un semicírculo de pequeños robots y pantallas con código y el logo de Google; líneas de circuito en el fondo.
El futuro del trabajo técnico: de escribir código a coordinar equipos de agentes inteligentes en un entorno cada vez más automatizado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo que esto le dice al mercado

El consejo de Pichai no aplica solo a estudiantes. Aplica a cualquiera que esté tomando decisiones bajo presión de “no quedarme afuera”. El CEO de Google está admitiendo, sin decirlo con esas palabras, que la ansiedad por ir rápido es parte del problema, no de la solución. Y que las decisiones tomadas en pánico, de abandonar la universidad para no perder el tren, de saltearse procesos formativos para no quedarse atrás, son las que después se pagan.

Pichai no le habló al inversor ni al CEO. Le habló al pibe de 18. Pero el mensaje sirve para todos.Hay algo extraño en escuchar al CEO de la compañía que más está acelerando la inteligencia artificial decir que los jóvenes deben frenar. Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet, lo dijo esta semana en una entrevista con Rowan Cheung publicada en YouTube tras el cierre de Google I/O 2026. La frase no se ajustaba a ningún libreto corporativo, y por eso vale leerla dos veces. “Como humanos no estamos cableados para este ritmo de cambio. No es fácil vivir un período de cambio masivo”.

Lo dijo el ejecutivo que acaba de presentar Gemini 3.5, Omni, Spark, Daily Brief, Antigravity y un calendario hacia la inteligencia artificial general que su jefe de DeepMind proyectó para 2029. La compañía que invierte hasta 190.000 millones de dólares al año en infraestructura. El responsable de la operación tecnológica que está empujando el mundo más rápido que nadie. Y, sin embargo, su consejo al joven de 18 años que entra hoy al mercado laboral fue otro: bajen un cambio.

La paradoja se ve mejor cuando viene del que conduce

Pichai no dio el consejo desde afuera. Lo dio desde adentro. Quien dice “el mundo cambia demasiado rápido” suele ser el espectador. Acá lo dice el conductor. Ese es el dato que vale la pena pesar.

Y el consejo tiene contenido concreto. Pichai pidió a los jóvenes que aprendan a usar las herramientas, que se sientan nativos en esta tecnología, pero que lo hagan con la misma mirada con la que alguien aprendía cosas en YouTube hace años: como un proceso continuo, no como una carrera. El verbo que repitió fue “absorber”. Es lo opuesto al verbo dominante del valle de Silicio, que es “deployar”.

La frase sobre la universidad que rompe el consenso

El momento más fuerte de la conversación fue otro. Cheung le preguntó si recomendaría hoy ir a la universidad. La pregunta tiene fondo: en Silicon Valley el discurso dominante hace más de una década ya es que la universidad es una pérdida de tiempo. Peter Thiel paga becas desde 2010 para que los jóvenes la abandonen y emprendan. Y aun así Pichai respondió: “Sí. Si yo tuviera 18 años, iría a la universidad”.

Después agregó por qué. “Aprendí muchas cosas en la universidad. Conocí ahí a mi esposa actual. No lo cambiaría por nada”. Esa última frase desarmaba el debate técnico y lo llevaba al plano humano. El CEO de Google no defiende la universidad por su contenido. La defiende por la experiencia.

Es una posición valiente en un ambiente que ya considera anticuada la idea de estudiar cuatro años antes de empezar a producir. Pero coincide con la primera tesis de la entrevista: el ritmo del cambio agobia, y la formación tradicional sigue cumpliendo una función que ningún curso acelerado de tres meses puede reemplazar.

Ilustración en tinta y acuarela de un ingeniero joven manejando una consola flotante. Pequeños robots, pantallas con código y logos de Google lo rodean.
La formación tradicional sigue cumpliendo una función que ningún curso acelerado de tres meses puede reemplazar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El otro consejo, escondido en la respuesta sobre ingenieros

En otro momento de la entrevista, Pichai dejó caer una idea que define el oficio que viene. Dijo que la métrica vieja del trabajo de ingeniería, donde el 75% del código que escribe un ingeniero hoy incluye sugerencias de inteligencia artificial que él acepta, ya quedó atrás. La nueva métrica es otra. Cada ingeniero, según él, va a manejar un equipo de agentes. La tarea ya no es escribir código sino orquestar agentes que escriben código.

El cambio de oficio implica un cambio de habilidades. Lo técnico se mueve. Lo que queda como diferencial es la capacidad de pensar lo que se está pidiendo, de evaluar lo que devuelven los sistemas, de decidir qué tarea vale la pena delegar y cuál no. Y esa capacidad, casualmente, es la que se entrena en una formación larga. No en un curso acelerado de tres meses.

Las dos partes de la entrevista cierran sobre lo mismo. Pichai está diciéndole al joven que no se acelere para alcanzar la curva, porque la curva va a moverse de nuevo en seis meses. Lo que sí va a permanecer es la capacidad de pensar despacio sobre las cosas que importan.

Lo que esto le dice al mercado

El consejo de Pichai no aplica solo a estudiantes. Aplica a cualquiera que esté tomando decisiones bajo presión de “no quedarme afuera”. El CEO de Google está admitiendo, sin decirlo con esas palabras, que la ansiedad por ir rápido es parte del problema, no de la solución. Y que las decisiones tomadas en pánico, de abandonar la universidad para no perder el tren, de saltearse procesos formativos para no quedarse atrás, son las que después se pagan.

Pichai no le habló al inversor ni al CEO. Le habló al pibe de 18. Pero el mensaje sirve para todos.

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