
La explosión de gas en la mina Liushenyu de Shanxi, que dejó al menos 82 muertos el viernes y se convirtió en el peor desastre minero de China en más de una década, expuso fallas de seguridad extendidas en varias etapas de la producción, según mineros y fuentes del sector.
El saldo del siniestro incluye además dos desaparecidos y 128 sobrevivientes hospitalizados, entre ellos dos en estado crítico. De acuerdo con un informe difundido el lunes por CCTV, la investigación oficial preliminar concluyó que la mina cometió “graves actos ilegales”.
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Uno de los hallazgos centrales fue la sobreocupación ilegal de las labores subterráneas, según CCTV. El sistema oficial registró el ingreso de 124 trabajadores con tarjetas de posicionamiento, pero una verificación posterior determinó que en realidad había 247 personas bajo tierra, casi la mitad sin rastreo.
Ese desajuste es una de las claves para entender la magnitud del accidente. Li Weiqian, minero local con una década de experiencia subterránea, dijo a South China Morning Post que, una vez fijado el frente de trabajo de una mina, el número máximo de operarios por turno queda estrictamente determinado y, en teoría, solo esa cantidad de tarjetas debería estar activa bajo tierra.
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Li sostuvo que la diferencia entre los trabajadores rastreados y los realmente presentes indica que la producción en un frente oculto casi había alcanzado la escala de un frente autorizado y conforme a la norma. También afirmó que este tipo de explotación clandestina suele responder a dos objetivos: acelerar la producción para maximizar la extracción y evadir impuestos.
Los frentes ocultos alteran la ventilación y elevan el riesgo de explosión
Una mujer de apellido Liu, esposa de un minero de otra empresa, dijo que varios de sus amigos murieron en la explosión y confirmó que muchos trabajaban en pozos de carbón “ocultos”, es decir, no marcados en los mapas mineros ni registrados ante las autoridades.
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Li, que también fue oficial de seguridad minera durante seis años antes de abandonar el sector el año pasado, explicó que esos frentes ocultos comprometen gravemente los volúmenes fijos de aire diseñados como barrera de seguridad. Según el minero, la normativa nacional exige que la entrada y salida de aire en las galerías se mantengan por encima de ciertos umbrales para garantizar oxígeno suficiente y evacuar metano y otros gases tóxicos.
Al describir el efecto de esas obras clandestinas, Li dijo a South China Morning Post: “Las normas de ventilación quedan firmemente establecidas cuando se aprueba una mina de carbón”. Y añadió: “Si dentro se abre en secreto un frente ilegal y galerías adicionales, el caudal de aire requerido se divide, lo que facilita mucho que el metano se acumule hasta niveles explosivos”.
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Un minero de 51 años de apellido Wang, dedicado a instalar tuberías de combustible bajo tierra, dijo que estaba a 700 metros de la boca del pozo cuando ocurrió la explosión. Wang no era trabajador contratado y no llevaba rastreador, pero logró escapar después de correr durante media hora.
Otro trabajador, de apellido He y empleado de la mina Liushenyu, confirmó esa mecánica en una entrevista con China News Weekly. Según su relato, antes de inspecciones previstas la mina dedicaba entre una y dos horas a tapiar el frente oculto con ladrillos y cemento.
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He dijo que, si se esperaba una inspección de gran escala, la operación en el frente clandestino se detenía por completo. Si se trataba de una revisión menor, los mineros tomaban una ruta lateral y seguían trabajando en la zona escondida sin ser detectados.
Las sospechas apuntan también al sistema de monitoreo de metano
Li dijo a South China Morning Post que la capacidad de esas operaciones para eludir controles revelaba una práctica engañosa ya instalada. Según su hipótesis, los operadores eran advertidos con anticipación sobre las inspecciones, lo que les permitía cerrar temporalmente el frente oculto y sellar rápidamente la entrada con una pared de cemento: “Los inspectores simplemente no podrían verlo”.
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Un tunelero de 48 años de apellido Liu, que trabaja en la mina Liushenyu, afirmó a South China Morning Post: “Los túneles no autorizados no son raros en las minas de carbón del condado de Qinyuan. He trabajado en seis minas y al menos dos de ellas tenían túneles no autorizados dentro de sus áreas mineras”.
En la misma entrevista agregó: “Cuando bajaba a la mina, lo hacía con los mineros encargados de estos túneles ocultos, pero ellos no llevaban tarjetas de posicionamiento del personal. Llevar una tarjeta de rastreo expondría los frentes no autorizados”.
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Un comerciante local de apellido Ma, que trabajó en el pasado en la mina, dijo que había sufrido una lesión por una gestión caótica. Según su relato, su supervisor, apurado, le pidió desconectar una tubería de alta presión sin despresurizarla antes y el tubo lo golpeó, lo que le fracturó varias costillas.
Ma también dijo que la explosión de la semana pasada no fue el primer incidente fatal en la mina y que un accidente el año pasado había causado dos muertes, un dato que el medio no pudo verificar de manera independiente.
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Wu Hongbao, gerente minero recientemente jubilado en la región autónoma de Mongolia Interior, explicó a South China Morning Post que una explosión de gas requiere tres condiciones simultáneas: una concentración de metano de entre 5 y 16%, una concentración de oxígeno en la mezcla de al menos 12% y una fuente de ignición. “Si ocurre una explosión, significa que las tres condiciones críticas tuvieron que estar presentes al mismo tiempo”, dijo.
Wu añadió que el sistema chino de regulación del gas está completamente conectado en red desde los niveles de condado y ciudad hasta la escala nacional, y que el hecho de que nadie detectara el cruce de un umbral peligroso en la mina de Shanxi apunta a graves fallas en la gestión de seguridad. También sostuvo que, gracias a los sistemas digitales de monitoreo, los responsables de seguridad, los ingenieros jefes de mina y los inspectores gubernamentales pueden acceder en tiempo real a los datos.
Li afirmó que, si la gestión fuera adecuada, deberían activarse alertas cuando la concentración de metano alcanza el 1%. “Es sospechoso que no haya activado ninguna alarma”, dijo. “En teoría, todos los electricistas, inspectores y jefes de equipo deberían llevar alarmas de gas, y deberían estar instaladas en cada túnel”.
Wu, que comenzó como minero subterráneo en 1989 y acumula más de 30 años de experiencia en gestión de seguridad minera, dijo a South China Morning Post que la tecnología de monitoreo de gas, incluidas las alarmas portátiles y suspendidas bajo tierra, existe desde hace más de 26 años. Según su evaluación, si los sensores detectaron una concentración ascendente y no se disparó una alarma a tiempo, la mina no mantuvo adecuadamente el sistema o lo desconectó de forma deliberada en violación de las normas de seguridad.
Tras la explosión, fuentes de la industria dijeron que esperan un endurecimiento de los controles sobre la gestión del gas en todo el sector carbonífero chino y una aceleración del despliegue de capacidades de monitoreo inteligente. Un documento interno emitido el domingo por la Administración Nacional de Seguridad Minera y obtenido por South China Morning Post ordenó a los reguladores de todas las provincias y regiones productoras de carbón “cerrar por completo las lagunas en el control del gas y prevenir y desactivar eficazmente los grandes riesgos de seguridad”.
Ese documento dispone más inspecciones mediante controles encubiertos y visitas sorpresa para “reprimir severamente y corregir” prácticas ilegales e irregulares. Entre ellas menciona el ingreso de mineros a pozos sin tarjetas de posicionamiento personal, la explotación de frentes ocultos no aprobados y cualquier falsificación de los sistemas de monitoreo de gas, que podrá ser sancionada con severidad y, si corresponde, derivada a investigación y procesamiento penal.
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