El distrito escolar de Dallas registra aumento en préstamos de libros tras prohibición de celulares

La entrada en vigor de la restricción estatal sobre dispositivos móviles en escuelas públicas ha impulsado un cambio en los hábitos estudiantiles, provocando un alza considerable en la circulación de ejemplares físicos en las bibliotecas escolares

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Una mujer joven de cabello castaño corto, vestida con un suéter verde, lee un libro azul en una mesa de madera en una biblioteca. Hay otros libros y una taza de té.
Una mujer joven lee atentamente un libro en una biblioteca de Estados Unidos, sentada en una mesa de madera con más libros y una taza de té, bajo una arquitectura clásica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La llegada de la prohibición estatal de teléfonos celulares en las escuelas públicas de Texas ha marcado un cambio inesperado en la rutina diaria de los estudiantes del distrito escolar independiente de Dallas (Dallas ISD). Desde que esta medida entró en vigor, los pasillos y aulas han experimentado una transformación palpable: donde antes predominaban las pantallas, ahora los libros físicos han cobrado un nuevo protagonismo. Este fenómeno ha captado la atención de autoridades y docentes, que observan cómo una restricción tecnológica ha impulsado un resurgimiento del interés por la lectura entre los jóvenes.

El primer año escolar completo bajo la nueva normativa ha traído consigo un aumento significativo en los préstamos de libros de la biblioteca en todo el distrito. Funcionarios de Dallas ISD atribuyen este crecimiento, en gran medida, a la ausencia de teléfonos celulares durante la jornada escolar. La prohibición ha obligado a los estudiantes a buscar alternativas de entretenimiento y distracción, especialmente en los momentos libres, como después de concluir sus tareas o durante el almuerzo. Ante la imposibilidad de recurrir a sus dispositivos, muchos han optado por acercarse a las bibliotecas escolares, donde encuentran en las historias impresas una nueva fuente de estímulo intelectual y recreativo.

Mujer joven con cabello ondulado y gafas leyendo un libro en una mesa de madera. Hay pilas de libros y una taza humeante de té.
Una mujer joven con gafas lee atentamente un libro en una mesa de una gran biblioteca de Estados Unidos, rodeada de estanterías llenas de volúmenes y luz natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para ilustrar este cambio, basta con observar las cifras que ha reportado el propio distrito. Desde el primer día de clases hasta el 31 de marzo de 2026, la circulación total de libros alcanzó 1.084.837 ejemplares, un salto notable frente a los 872.430 préstamos registrados en el mismo periodo del año anterior. Este incremento del 24,35 % representa más de 200.000 libros adicionales prestados en menos de un año escolar, una variación que los responsables de las bibliotecas consideran extraordinaria y directamente vinculada a la nueva política estatal.

Las estadísticas detalladas refuerzan el argumento de que la prohibición de celulares ha tenido un efecto inmediato y cuantificable en los hábitos de lectura de los estudiantes. El crecimiento no se limita a un sector específico, sino que abarca todos los niveles educativos dentro del distrito. La circulación total, comparada año con año hasta el 31 de marzo, revela un avance sostenido que contrasta con la tendencia de años previos, donde el acceso a dispositivos personales competía de manera contundente con los libros como opción de ocio y aprendizaje.

Este fenómeno no solo se percibe en los números globales, sino que también se manifiesta con fuerza en escuelas individuales, como la secundaria Hillcrest, donde la bibliotecaria Nina Canales ha sido testigo directa del cambio de hábitos. Canales relató que, en las primeras nueve semanas del año escolar 2024-2025, los estudiantes habían tomado prestados aproximadamente 500 libros. Sin embargo, durante el mismo periodo del ciclo actual, esa cifra se disparó a cerca de 1.800 libros, lo que la dejó sorprendida al grado de revisar varias veces el informe para asegurarse de que no había cometido un error.

Una mujer joven de cabello oscuro sentada en una mesa de madera, leyendo un libro con tapa marrón. Detrás hay estanterías llenas de libros y grandes ventanas.
Una mujer joven se concentra en la lectura de un libro en una biblioteca tradicional de Estados Unidos, rodeada de estanterías llenas de volúmenes y luz natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La experiencia en Hillcrest se replica en otras instituciones del distrito, donde los estudiantes, privados de la posibilidad de utilizar sus teléfonos, han comenzado a explorar el catálogo de las bibliotecas con renovado interés. Canales señala que la reacción inicial de los alumnos fue de aburrimiento y desconcierto, expresando frases como “¡Ay, qué aburrido estoy! No puedo usar el móvil después de terminar mis tareas ni durante el almuerzo”. Sin embargo, una vez que se sumergieron en las historias disponibles, muchos dejaron de extrañar sus dispositivos, encontrando en la lectura una alternativa satisfactoria y estimulante.

El testimonio de una estudiante, Jiménez, ilustra cómo el impacto de la medida trasciende incluso el entorno escolar: “Ahora que estoy muy ocupada con el trabajo y la universidad, no echo mucho de menos mi teléfono, ni siquiera en casa”. Estas voces reflejan un cambio en la percepción y el uso del tiempo libre, así como una adaptación positiva frente a una restricción inicialmente vista como una limitación.

La prohibición estatal del uso de teléfonos móviles en las escuelas públicas de Texas fue aprobada por la Legislatura estatal en 2025, bajo el nombre de ley HB 1481. Esta normativa veta el uso de cualquier dispositivo de comunicación personal, incluidas tabletas y relojes inteligentes, a todos los estudiantes durante el horario escolar. Los legisladores argumentaron que la medida busca mantener a los alumnos concentrados en sus actividades académicas y reducir las distracciones tecnológicas que pueden interferir con el aprendizaje.

Dallas ISD ha adoptado la normativa con rigor, implementando controles para asegurar que los estudiantes no porten ni utilicen dispositivos personales durante las horas de clase. Esta política representa la primera prohibición estatal de su tipo en Texas y ha generado debates sobre el equilibrio entre disciplina escolar y autonomía estudiantil. No obstante, los resultados observados en el distrito, especialmente el aumento de préstamos bibliotecarios, ofrecen un ejemplo concreto de cómo una decisión regulatoria puede modificar conductas y generar efectos inesperados en la vida escolar diaria.