De ciudad arrasada a capital cultural: el renacimiento inesperado de Gibellina

Sobre las ruinas del desastre, apostaron por el arte contemporáneo y la participación de creadores de renombre mundial que la convirtieron en un referente de esperanza y originalidad en Europa

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La recuperación del pueblo se redefinió tras un trágico sismo en 1968 que acabo con miles de vidas (Wikimedia Commons)
La recuperación del pueblo se redefinió tras un trágico sismo en 1968 que acabo con miles de vidas (Wikimedia Commons)

La historia de Gibellina, devastada por el terremoto ocurrido en el Valle del Belice en 1968, representa uno de los procesos de transformación urbana y social más documentados en Italia. Sicilia fue testigo de la destrucción de este municipio el 15 de enero de 1968, fecha en que un sismo de magnitud 6,4 obligó a sus habitantes a evacuar la ciudad original. Tras el desastre, la comunidad decidió reconstruir el núcleo urbano en una nueva ubicación, usando el arte contemporáneo y la participación colectiva como impulsos principales para su recuperación.

La localidad, según CNN, ha sido designada Capital de Arte Contemporáneo en 2026, destacando como un ejemplo de reconstrucción basada en la cultura.

El sismo devastó toda la zona occidental siciliana, y arrasó localidades como Gibellina, Salaparuta y Poggioreale en pocos segundos, dejando un saldo de 296 muertos, más de mil heridos y cerca de 100 mil personas sin hogar. En los primeros meses tras el terremoto, muchas familias recibieron pasajes para emigrar a Australia o Estados Unidos ante la falta de alternativas locales.

Solo tras la llegada del abogado Ludovico Corrao, futuro alcalde, la dirección de la recuperación se redefinió. Este impulsó el traslado de la ciudad a un terreno más llano, próximo a una autopista en obra, convencido de que esa elección posibilitaría una mayor sustentabilidad a largo plazo. Asimismo, la ubicación facilitó el desarrollo regional y la exportación.

La reconstrucción de Gibellina tras el sismo incluyó el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y la redefinición del espacio urbano mediante el arte contemporáneo (Wikimedia Commons)
La reconstrucción de Gibellina tras el sismo incluyó el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y la redefinición del espacio urbano mediante el arte contemporáneo (Wikimedia Commons)

Traslado y reconstrucción

Sus habitantes vivieron durante años en alojamientos temporales: primero en tiendas de campaña y, posteriormente, en cabañas metálicas donde convivían con animales domésticos. Las últimas familias solo abandonaron estas viviendas en 2006.

El diseño urbano, elaborado por planificadores estatales, introdujo calles amplias y espacios concebidos para automóviles, transformando las pautas tradicionales de convivencia de la ciudad. Andrea Cusumano, director del programa Capital de Arte Contemporáneo, explicó a CNN que este trazado “fue impuesto desde arriba” y resultó ajeno a la identidad local.

La reconstrucción no solo implicó levantar nuevos edificios, sino también recuperar el tejido comunitario. En enero de 1970, la nueva ciudad lanzó una convocatoria nacional a la que respondieron artistas e intelectuales de toda Italia, dando inicio a un proceso que convirtió al arte contemporáneo en centro de la recuperación social y emocional de Gibellina, de acuerdo a testimonios recogidos por CNN.

Gibellina será designada Capital de Arte Contemporáneo en 2026, consolidando su posicionamiento como referente de arte y cultura en Europa (Wikimedia Commons)
Gibellina será designada Capital de Arte Contemporáneo en 2026, consolidando su posicionamiento como referente de arte y cultura en Europa (Wikimedia Commons)

El arte contemporáneo renueva la identidad de Gibellina

La llegada de artistas internacionales modificó el entorno. Alberto Burri, figura relevante del siglo XX, creó el Cretto di Burri, una extensa obra de land art sobre las ruinas de la antigua Gibellina que cubre 86.000 metros cuadrados (926.000 pies cuadrados), con canales que replican el trazado de las calles originales y permiten a los visitantes recorrer simbólicamente el antiguo pueblo.

Otros artistas como Mario Schifano, Carla Accardi, Mimmo Paladino y Emilio Isgrò participaron en iniciativas colectivas o donaron obras. Hoy la ciudad cuenta con más de 5.500 piezas de arte contemporáneo. Gibellina es habitualmente llamada “Pompeya moderna”: los hechos del desastre quedaron asociados a la producción artística, redefiniendo el espacio público y atrayendo la atención internacional.

Francesca Corrao, presidenta de la institución cultural siciliana Fondazione Orestiadi, remarcó a CNN que el arte brindó una perspectiva de esperanza a la población. El actual alcalde, Salvatore Sutera, quien pasó su niñez en alojamientos precarios, indicó que muchos vecinos experimentaron desconfianza ante el cambio, debido a la profunda alteración del entorno y a la pérdida de hábitos cotidianos.

La designación busca restaurar el patrimonio cultural y atraer visitantes mediante exposiciones, residencias y restauraciones arquitectónicas (Wikimedia Commons)
La designación busca restaurar el patrimonio cultural y atraer visitantes mediante exposiciones, residencias y restauraciones arquitectónicas (Wikimedia Commons)

Retos y aspiraciones como ‘Capital de Arte Contemporáneo’

Actualmente, la población de Gibellina ronda los 3.000 habitantes, una cifra inferior a los aproximadamente 6.000 que vivían allí antes del terremoto, descenso vinculado a los flujos migratorios y las dificultades de las zonas rurales.

El modelo urbanístico privilegió grandes distancias y el predominio de vehículos, con consecuencias sobre la vida colectiva. No obstante, en los últimos años se abrieron bares, restaurantes y espacios de interacción social.

La designación como Capital de Arte Contemporáneo en 2026 representa la oportunidad de reactivar el municipio y restaurar parte de su patrimonio cultural, que ha sufrido deterioro con el tiempo. Michele Benfari, presidente de la asociación local de promoción cultural Percorsi a Morsi, subrayó en CNN el desafío de “mantener este legado artístico y atraer visitantes”. El ayuntamiento, junto a instituciones como la Fondazione Orestiadi y la comunidad artística, sigue trabajando para proyectar la ciudad internacionalmente.

El calendario de actividades para lo que resta de 2026 prevé exposiciones, residencias artísticas y la restauración de edificios representativos, como el teatro y algunas iglesias transformadas en galerías. A su vez, buscan consolidar la presencia sostenida de los artistas y evitar convertir la ciudad únicamente en un destino turístico, considerando este año como una etapa para profundizar la recuperación cultural y urbana.