
A partir de esta semana, quienes acostumbren comprar bebidas alcohólicas en la ciudad de Chicago deberán prestar atención a los cambios en sus recibos. El motivo es la entrada en vigor de un nuevo impuesto del 1,5% sobre las bebidas alcohólicas que se adquieren para consumo fuera del establecimiento. Esta modificación, anunciada por el Departamento de Finanzas de la ciudad y que fue pospuesta dos meses para facilitar la adaptación de los minoristas, representa un cambio relevante en la manera en que se grava el alcohol vendido para llevar.
Hasta ahora, el sistema tributario sobre el alcohol en Chicago operaba principalmente a través de un gravamen aplicado por galón en etapas previas de la cadena de suministro. El nuevo esquema busca simplificar el proceso y hacerlo más transparente para el consumidor: a partir de este domingo, cada vez que un cliente pague por una botella de vino, un paquete de seis cervezas o cualquier bebida alcohólica destinada a ser consumida fuera de la tienda, el recibo mostrará claramente un cargo extra correspondiente al 1,5% del precio de venta al público.
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La nueva disposición afecta de manera directa a quienes realizan sus compras en licorerías, supermercados y tiendas de conveniencia de la ciudad. El impuesto se calcula sobre el precio de compra al por menor y se suma en el momento de pagar. Por ejemplo, si el gasto en alcohol asciende a 50 USD, el nuevo impuesto municipal añade 75 centavos al total, cifra a la que deben sumarse los otros impuestos estatales y locales sobre las ventas que ya existían. La medida se aplica en cualquier punto de venta donde el producto no se consume en el mismo establecimiento, es decir, desde la tradicional licorería de barrio hasta la sección de vinos de una gran cadena o la nevera de bebidas alcohólicas de una pequeña tienda de la esquina.
La implementación de este impuesto implica la desaparición del antiguo modelo basado en el cobro por galón, que se aplicaba durante las etapas anteriores del proceso de distribución. Ahora, la recaudación se traslada al punto de venta al menudeo, haciendo el impuesto más visible y directamente relacionado con el gasto real de los consumidores. Los minoristas tienen la obligación de recaudar el impuesto en cada operación y remitir lo recaudado mensualmente al municipio de Chicago. Este ajuste en la mecánica tributaria pretende agilizar la recaudación y evitar la complejidad de los cobros escalonados, unificando el proceso bajo una sola tasa aplicada al momento de la venta al público.
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Es importante subrayar que el nuevo gravamen no afecta a bares ni restaurantes. Quienes decidan disfrutar de un cóctel en su bar preferido de Logan Square o compartir una botella de vino en un restaurante de West Loop no verán reflejado este nuevo impuesto en su cuenta. El alcohol servido y consumido en estos establecimientos se mantiene bajo el sistema de impuestos por galón que se aplica a los distribuidores encargados de abastecer a los locales con licencia para consumo en el lugar. En consecuencia, la carga fiscal sobre bebidas alcohólicas que se consumen en bares o restaurantes permanece inalterada, y los precios de las copas o botellas en estos espacios no se ven modificados por esta reciente normativa.

El alcance del impuesto también se extiende a las compras directas al consumidor. A partir del 1 de marzo, los envíos de clubes de vinos y otras ventas directas de alcohol a domicilios en Chicago deben aplicar el nuevo impuesto del 1,5%. Esto significa que cualquier pedido realizado a través de plataformas que ofrecen entrega a domicilio, o mediante la suscripción a clubes especializados, está sujeto a este gravamen municipal. La finalidad es asegurar que las ventas de alcohol dirigidas directamente al consumidor final, sin intermediación de establecimientos físicos, contribuyan igualmente a los ingresos fiscales de la ciudad.
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En el contexto más amplio, el estado de Illinois ya recauda cientos de millones de dólares anualmente en impuestos sobre el alcohol, como parte de los 3.470 millones de dólares obtenidos a partir de los denominados “impuestos al pecado”. Estos gravámenes abarcan no solo el alcohol, sino también el tabaco, el cannabis y el juego. Sin embargo, el impuesto recién implementado en Chicago es independiente del esquema estatal y se aplica exclusivamente dentro de los límites de la ciudad. De este modo, mientras que los residentes de Illinois soportan una carga impositiva significativa sobre estos productos, la ciudad de Chicago suma ahora una tarifa propia que incrementa el costo de las bebidas alcohólicas adquiridas para consumo fuera del establecimiento.
El nuevo impuesto del 1,5% sobre las bebidas alcohólicas para llevar en Chicago transforma la manera en que se recauda este tributo, haciéndolo más visible y directo para los consumidores, y marcando una diferencia clara respecto a bares, restaurantes y envíos a domicilio. Con esta medida, la ciudad busca fortalecer sus ingresos municipales sin alterar la fiscalidad de las experiencias sociales en establecimientos, pero sí incrementando el precio de la botella que se disfruta en casa.
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