
Nueva York enfrenta el primer aviso de tormenta de nieve extrema desde 2017 debido a un fenómeno invernal que podría arrojar entre 30 y 50 centímetros de nieve sobre la ciudad en pocas horas y dejar paralizado el transporte y la vida cotidiana.
The New York Times destaca que este tipo de episodios marcó la historia del clima local, revolucionó la infraestructura urbana, y sigue dejando récords de precipitaciones, pérdidas humanas y económicas, cuya huella aún persiste.
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En enero de este año, una tormenta intensa ya había cubierto Central Park con cerca de 28 centímetros de nieve y registrado temperaturas mínimas históricas, pero la que se avecina se prevé aún más peligrosa por combinar ráfagas intensas y precipitaciones superiores a lo habitual.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos señaló que las condiciones volverán a acercarse al umbral de ventisca, un fenómeno que Nueva York no experimentaba desde hace casi una década.

Ross Dickman, meteorólogo de la agencia, explicó en diálogo con el diario estadounidense The New York Times: “Siempre veremos estas tormentas impactando nuestra historia colectiva”.
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La ciudad enfrentó algunas de las nevadas más intensas de Estados Unidos en los últimos siglos, eventos que suelen detener la actividad y complicar el retorno de líderes nacionales al país, como ocurrió en 2016 con el entonces vicepresidente Joseph R. Biden Jr., quien no pudo regresar a Washington tras un viaje oficial debido al cierre del espacio aéreo.
En el pasado, la magnitud de estos temporales forzó la suspensión total de los sistemas de transporte, bloqueó la conectividad de barrios enteros, dejó a miles de personas sin energía eléctrica y sometió a la infraestructura neoyorquina a pruebas extremas.
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Las tormentas de nieve más severas desde el siglo XIX
Según The New York Times, el récord absoluto se registró entre el 22 y el 24 de enero de 2016, cuando una poderosa ventisca, impulsada por vientos equivalentes a una tormenta tropical, dejó 69,8 centímetros de nieve en Central Park.
La nieve caía a razón de casi ocho centímetros por hora en algunos sectores, derribó árboles, arrasó tendidos eléctricos y provocó inundaciones costeras.
Según datos oficiales citados por el diario estadounidense, al menos 18 personas murieron, principalmente por accidentes de tránsito o durante tareas de limpieza.

La nevada más intensa en décadas llegó el 11 de febrero de 2006, cubriendo el parque central con 68,3 centímetros de nieve.
El evento, aunque no alcanzó la categoría de ventisca en el centro urbano, paralizó el transporte ferroviario y dejó varados a miles de pasajeros en los aeropuertos de la región.
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En vísperas de la Navidad de 1947, una tormenta originada en el sur de Estados Unidos desató en Nueva York una de las mayores acumulaciones históricas: 67,1 centímetros en Central Park, con picos de precipitación de más de ocho centímetros en apenas una hora.
El saldo humano fue trágico, con 77 víctimas mortales. El jefe de meteorología local, Benjamin Parry, detalló en un informe que las pérdidas económicas debieron calcularse en “millones de dólares”.
Otra de las páginas sombrías se escribió entre el 12 y el 14 de marzo de 1888, con la famosa ventisca primaveral que pasó a la historia por su brutalidad.
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Lo que comenzó como una lluvia ligera se transformó en un fenómeno devastador que dejó un manto de 53,3 centímetros de nieve y ráfagas de hasta 137 kilómetros por hora.
Calles y vías férreas, entonces al descubierto, permanecieron bloqueadas; las comunicaciones colapsaron al romperse cables telegráficos y telefónicos y aproximadamente 200 personas murieron a causa de las condiciones extremas.

Impacto social, económico y en la vida cotidiana
Las consecuencias de estas nevadas superan el paisaje invernal y las postales urbanas llenas de blanco.
Los eventos más recientes han obligado a suspender las actividades escolares durante días consecutivos, como ocurrió tras la tormenta del 25 y 26 de febrero de 2010, que sumó 53 centímetros de nieve, dejó decenas de miles de hogares sin suministro eléctrico y causó el cierre adicional de los centros educativos decretado por el entonces alcalde Michael R. Bloomberg.
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The New York Times destaca que en períodos de inestabilidad meteorológica tan marcada, los residentes del área metropolitana quedan sujetos tanto a la incertidumbre de los servicios públicos como al aislamiento temporal de sus comunidades, mientras los organismos oficiales y equipos de emergencia buscan garantizar la movilidad y el abastecimiento básico.
Long Island se ha destacado por recibir algunos de los peores embates de los temporales, cumpliendo los criterios de ventisca en 2006, con ráfagas superiores a 56 kilómetros por hora y visibilidad casi nula, lo que llevó a la cancelación total de los servicios ferroviarios de la zona.
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