
Desde Nueva York.- El Mercado Nocturno de Uptown concluyó su quinta edición enfocándose en la visibilidad de emprendedores inmigrantes, mujeres y minorías, consolidando su posición como símbolo de inclusión y resistencia en el norte de Manhattan.
“Es una forma de decir ‘aquí estamos’, sin pedir permiso”, afirmó Ana Rodríguez, vecina de Washington Heights, al describir el sentido profundo del evento, según The New York Times. Su declaración sintetiza el espíritu de un mercado que, en esta última temporada, recuperó su acento local en el corazón de Harlem, bajo el viaducto de la 12ª Avenida y la calle 133. El espacio se ha afianzado como un punto de encuentro donde la diversidad cultural y la resistencia comunitaria convergen.
Desde su origen, la propuesta impulsada por MASC Hospitality Group junto a organizaciones locales, ha puesto en el centro a vendedores inmigrantes, mujeres y minorías raciales. En 2024, más del 70% de los puestos respondían a estos criterios, demostrando un compromiso sostenido con la inclusión y el desarrollo económico de sectores históricamente marginados en Nueva York.

Cada primer jueves de mes, entre mayo y octubre, el ambiente del mercado se construye a partir de una selección única de sabores, sonidos y expresiones artísticas. El aire se llena de especias, humo de parrilla y dulce de guayaba, mientras los ritmos de reguetón, jazz africano y hip-hop clásico se combinan bajo las luces colgantes. La oferta gastronómica refleja la diversidad de los habitantes del norte de Manhattan: arepas venezolanas, jollof rice de Ghana, jerk chicken jamaiquino, empanadas argentinas y tostones con camarones se reparten entre los puestos, con largas filas para degustar los tacos de birria de La Braza.
La dimensión humana se evidencia en relatos como el de María López, propietaria de Rosie’s Empanadas, quien comparte que su receta es herencia de su abuela de Guayaquil. “Yo cocino para que la gente pruebe Ecuador, pero también para sentir que no lo he perdido. Aquí se respeta eso”, explica mientras atiende a los clientes.
En otro extremo, el chef El-Amin fusiona la tradición soul con ingredientes del Magreb y defiende: “Esto es fusión, pero también es resistencia. Los afroamericanos, los caribeños, los latinos, siempre encontramos formas de crear comunidad con la comida. Este mercado representa eso”.
La programación artística y musical constituye una parte inseparable del evento. DJ’s, músicos afrodescendientes, bailarines de bomba y jóvenes poetas del Bronx comparten sus visiones sobre identidad y migración. El músico senegalés Jamal Kofi, intérprete de kora, describe la experiencia: “Tocar aquí es diferente. No es un show, es un diálogo. La gente viene, se detiene, pregunta por el instrumento, comparte. Es comunidad”.
El público del mercado se caracteriza por su diversidad. Familias dominicanas, parejas jóvenes del Bronx, turistas, estudiantes de Columbia y abuelos del barrio coinciden en un entorno que celebra la pertenencia y la diferencia. Para Ana Rodríguez, este espacio es fundamental para las nuevas generaciones: “Vengo con mi hija para que pruebe comida de otros países, para que vea que su cultura también está aquí. Este mercado le dice que sí importamos, que sí estamos presentes”.

Un momento emblemático ocurre cuando una banda afrocaribeña enciende una rueda de salsa improvisada. Personas desconocidas se toman de las manos, un vendedor se suma al baile y los aplausos reflejan la comunión espontánea que define la esencia del evento.
El Mercado Nocturno de Uptown se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la gentrificación y la invisibilización en el norte de Manhattan. Más allá de la gastronomía y el arte, el evento afirma el valor cultural y económico de quienes han sido desplazados o ignorados en la narrativa dominante de la ciudad. Esta última temporada, al menos en este formato, deja un mensaje evidente: Uptown no necesita reinventarse, solo necesita espacio para brillar.
La cita tiene lugar bajo el viaducto de la 12ª Avenida y la calle 133, en Harlem, los primeros jueves de cada mes, de mayo a octubre, de 16:00 a 22:00. La entrada es gratuita. El acceso es posible en la línea 1 del metro (137th St – City College) o en las líneas A/B/C/D (125th St). Para automóviles, se recomienda Riverside Parking (69 St. Clair Place) o el garaje de 3333 Broadway.
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