
Hooters of America, la conocida cadena de restaurantes fundada en 1983 y reconocida por su plantilla femenina con uniforme distintivo y su menú centrado en alitas de pollo, solicitó protección por bancarrota bajo el Capítulo 11, según informó la empresa este lunes en un comunicado recogido por CNN. Pese a las dificultades financieras, la compañía aseguró que continuará operando y planea salir del proceso concursal en un plazo estimado de entre 90 y 120 días.
Como parte del procedimiento de reorganización, la empresa venderá los 100 restaurantes que posee directamente a dos grupos franquiciados que ya administran locales de Hooters en las zonas de Tampa, en Florida, y Chicago, en Illinois. Estas dos entidades, que juntas ya operan aproximadamente un tercio de los locales franquiciados de la marca en Estados Unidos, asumirán el control de los establecimientos afectados por la bancarrota, según el comunicado de prensa.
La reestructuración tiene como objetivo garantizar la continuidad operativa de la marca, en un contexto de presión económica generalizada que ha afectado a otras cadenas del segmento “fast-casual”, como BurgerFi y Red Lobster, ambas también en procesos de bancarrota recientemente.

“Este anuncio representa un hito importante en nuestros esfuerzos por reforzar la base financiera de Hooters y continuar ofreciendo la experiencia de hospitalidad centrada en el cliente y los alimentos que nuestras comunidades esperan de nosotros”, declaró Sal Melilli, director ejecutivo de Hooters of America, en el mismo comunicado.
Operaciones seguirán durante la bancarrota
La empresa presentó la solicitud en un tribunal de Texas, una jurisdicción comúnmente utilizada por compañías en dificultades financieras que buscan reorganizar sus deudas sin cesar operaciones. Según informó Hooters, durante el proceso de bancarrota se mantendrán abiertas las unidades operativas, aunque se encuentra evaluando la “huella operativa” de sus locales propios, lo que podría derivar en cierres adicionales.
Durante el año pasado, la cadena cerró decenas de locales alegando el aumento de los costos laborales y de alimentos. Estos ajustes forman parte de una estrategia más amplia para reducir gastos y adaptarse a una industria que ha sufrido múltiples cambios de comportamiento en los consumidores tras la pandemia.
Además de los problemas financieros, la empresa ha enfrentado controversias legales. Según detalló CNN, ha sido objeto de demandas por presunta discriminación racial y de género, lo que ha generado presión sobre su modelo de negocio y su imagen corporativa.

Regreso al liderazgo de los fundadores
La operación de compra de los locales corporativos incluye a los fundadores originales de la marca, entre ellos Neil Kiefer, actual director ejecutivo del grupo franquiciado Hooters Inc. En declaraciones citadas por la cadena, Kiefer aseguró que esta adquisición permitirá que la marca “regrese a sus raíces”, con una dirección más alineada con los valores originales de la empresa.
En entrevista con Bloomberg News, Kiefer adelantó que una de las prioridades será hacer que Hooters sea “más amigable para las familias”, lo que sugiere una posible evolución del concepto tradicional del restaurante. Kiefer también subrayó que durante años la marca ha estado en manos de firmas de capital privado y grupos sin vínculos con la historia del restaurante, lo que a su juicio afectó la coherencia de la gestión.
Hooters fue adquirida en 2019 por las firmas de inversión Nord Bay Capital y TriArtisan Capital Advisors, que desde entonces habían liderado las operaciones estratégicas de la compañía. La transición a un modelo liderado nuevamente por los fundadores podría suponer un cambio en la orientación de la marca. “La famosa experiencia de Hooters seguirá presente. Nuestros reconocidos restaurantes están aquí para quedarse”, afirmó la empresa en su comunicado oficial.

Auge y declive de una marca icónica
Hooters of America se fundó en Clearwater, Florida, en 1983 y ganó notoriedad en las décadas siguientes por su estilo de servicio centrado en la imagen de sus camareras, las “Hooters Girls”, y un ambiente deportivo informal. Su menú, que incluye alitas de pollo, hamburguesas y cervezas, se convirtió en un estándar de la restauración informal estadounidense.
Durante los años noventa y principios de los 2000, la empresa experimentó una rápida expansión tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. En su apogeo, la cadena llegó a operar cientos de restaurantes y a diversificar sus negocios con incursiones en productos licenciados, líneas de ropa y hasta una aerolínea de corta vida, Hooters Air, que operó entre 2003 y 2006.
Con el paso del tiempo, el modelo de negocio de Hooters empezó a recibir críticas crecientes por su enfoque en la sexualización del personal femenino, en un contexto social cada vez más sensible a las cuestiones de género y representación. Paralelamente, surgieron nuevas cadenas con propuestas gastronómicas similares pero sin la misma carga de polémica, lo que restó atractivo a la marca.
La pandemia de COVID-19 agravó aún más la situación, forzando cierres temporales y afectando de forma severa al tráfico de clientes. Pese a esfuerzos por modernizar su oferta y expandirse en el mercado digital con entregas a domicilio y menús simplificados, la empresa no logró recuperar el nivel de rentabilidad necesario. El aumento sostenido de los costos operativos, tanto en materias primas como en salarios, terminó por afectar su viabilidad financiera, derivando en cierres de locales y, finalmente, en la declaración de bancarrota.
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