Recientemente un evento inusual capturó la atención de los asistentes al Temple Nightclub en San Francisco: un robot humanoide, diseñado originalmente para aplicaciones militares, se presentó como DJ en una fiesta tecnológica. El robot, llamado Phantom MK1, es el primer humanoide desarrollado por la startup Foundation Robotics Lab, con sede en la misma ciudad. Aunque su propósito principal es operar en entornos de defensa y logística, su debut público mostró una faceta completamente distinta: el entretenimiento.
La presentación de Phantom tuvo lugar durante la “Tech GigaParty”, el 31 de enero, un evento que combinó una feria de inteligencia artificial, una sesión de networking y una noche de baile. Este peculiar debut marcó un hito para la compañía, que busca demostrar la versatilidad de su tecnología. El robot ofreció un set de música tech-house de 30 minutos, que fue recibido con entusiasmo por un público compuesto principalmente por profesionales del sector tecnológico.
Phantom MK1 no es un robot cualquiera. Con un diseño humanoide que incluye hombros anchos, un torso estilizado y una máscara negra sin rasgos faciales, está equipado con tecnología avanzada que le permite realizar movimientos precisos y fluidos. Aunque su actuación como DJ fue programada previamente, con humanos seleccionando las canciones y entrenando sus movimientos, la presentación fue una muestra de su capacidad para adaptarse a diferentes contextos.

El cofundador de Foundation Robotics Lab, Mike LeBlanc, explicó al medio local SFGate, que la compañía tiene como objetivo principal desarrollar robots humanoides para aplicaciones militares. Según LeBlanc, la empresa es la única en Estados Unidos que fabrica este tipo de robots específicamente para la defensa nacional, en contraste con otras compañías como Boston Dynamics, que han prohibido explícitamente la militarización de sus productos. “Creemos que los humanoides serán fundamentales para el futuro de la guerra”, afirmó LeBlanc, quien también señaló que los robots de la compañía están diseñados para ser “más grandes, más rápidos y más fuertes” que los humanos.
Aunque Phantom MK1 fue presentado como DJ, su diseño está orientado a tareas mucho más complejas. Según Futurism, los robots de esta línea ya están siendo utilizados por el ejército estadounidense para labores como el mantenimiento y reabastecimiento de aeronaves en regiones remotas. Además, la compañía tiene planes de expandir su uso a la fabricación de automóviles, la gestión de almacenes y otras industrias.
El robot pesa 80 kilogramos, mide 1,75 metros de altura y puede transportar hasta 20 kilogramos de carga. Su estructura incluye procesadores, cámaras, baterías y sensores en la parte superior del cuerpo, mientras que la parte inferior, aún en desarrollo, está diseñada para navegar terrenos difíciles y espacios reducidos. La compañía espera producir 40 unidades en 2025, 10.000 en 2026 y más de 20.000 en 2027, con el objetivo de alcanzar ingresos anuales recurrentes superiores a los mil millones de dólares.

La actuación de Phantom en el Temple Nightclub no fue pensado para ser solo un espectáculo, sino que fue una estrategia de marketing y diplomacia cultural. Según explicó LeBlanc a SFGate, la presentación buscaba mostrar que un robot diseñado para la guerra también puede ser “divertido”. “No estamos tratando de disculparnos por la fuerza de los robots”, afirmó. “Este es un momento divertido”. La compañía incluso está considerando contratar a un agente para gestionar las solicitudes de futuras apariciones públicas de Phantom, que han aumentado tras su debut.
El evento, que celebraba los “primeros 25 años del siglo XXI”, atrajo a un público diverso. Los boletos para la fiesta oscilaron entre 35 y 3.000 dólares, y los asistentes parecieron disfrutar del espectáculo, a pesar de la naturaleza inusual del DJ.
La aparición de Phantom como DJ también ha reavivado el debate sobre la ética en el desarrollo de robots militarizados. Según consignó SFGate, empresas como Boston Dynamics han expresado su preocupación por el uso de robots en contextos bélicos, argumentando que su militarización plantea riesgos éticos y de seguridad. En un comunicado, la compañía afirmó que “agregar armas a robots que se operan de forma remota o autónoma [...] plantea nuevos riesgos de daño y graves problemas éticos”.
En contraste, Foundation Robotics Lab ha adoptado una postura opuesta, argumentando que los robots humanoides serán esenciales para el futuro de la guerra.
Además de sus aplicaciones militares y comerciales, la compañía tiene planes aún más ambiciosos: planea utilizar sus ingresos para construir una colonia en la Antártida como primer paso hacia la colonización espacial. Desde allí, espera establecer bases en la Luna, Marte y otros planetas, consolidándose como pionera en infraestructura tanto en la Tierra como fuera de ella.
Por ahora, Phantom ha demostrado que puede entretener, pero su verdadero propósito continúa siendo motivo de debate.
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