
Lo que parecía una historia de cambio de vida idílico en la campiña francesa se ha transformado en un proyecto mucho más complejo y costoso de lo previsto. Ben Pearson, exingeniero aeronáutico de la RAF de 40 años, y su marido Nathan, profesor de inglés de 32, invirtieron todos sus ahorros en la compra de un pequeño “pueblo privado” abandonado en Francia. La idea era construir allí su hogar de jubilación, pero en pocos meses el presupuesto se agotó y las obras avanzan ahora a un ritmo más lento, condicionado por su situación económica.
Desde el principio, la pareja se enfrentó a una realidad muy distinta a la imaginada. La propiedad, situada en Sainte Segros, fue adquirida por unos 80.000 euros (69.125 libras esterlinas), según informó el Daily Mail. El conjunto incluye cinco construcciones agrícolas y se extiende sobre unas dos hectáreas de terreno edificable. Sobre el papel, era un proyecto ambicioso pero viable. En la práctica, los costes ocultos comenzaron a multiplicarse rápidamente.
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“Era nuestro plan de jubilación”, explican sobre la decisión de dejar atrás su vida en Reino Unido. Sin embargo, apenas firmada la compraventa, comenzaron los problemas. El presupuesto inicial de unos 115.000 euros (100.000 libras esterlinas) se destinó casi por completo a trabajos esenciales que no se veían a simple vista: renovación completa del sistema eléctrico, instalación de fontanería nueva y construcción de una fosa séptica.

Diez meses después del inicio de las obras, ese presupuesto ya estaba completamente agotado. Con lo que quedaba, la pareja solo ha podido acondicionar tres estancias: el salón, un dormitorio y una cocina que aún no está terminada y cuya finalización se prevé, como pronto, para junio.
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Durante las primeras etapas del proyecto, la pareja se instaló en una caravana dentro de un granero, donde vivieron durante cuatro meses mientras avanzaban las obras. En octubre de 2025 pudieron dar el paso a la vivienda principal, que sigue sin estar finalizada.
Cuentas vacías y reformas a medio camino
La situación económica actual es delicada. “Tenemos las cuentas vacías, pero no vamos a dar marcha atrás”, afirman, a pesar de haber agotado prácticamente todos sus ahorros. Para seguir adelante, Ben ha asumido parte de las obras de forma manual, reduciendo al máximo los costes de mano de obra externa.

A las dificultades financieras se suman otros obstáculos, como el aislamiento rural y las barreras lingüísticas. “Ha habido grandes desafíos”, explica Nathan. “Desde los trámites del Brexit hasta la comunicación diaria con los servicios locales, dificultada por nuestro limitado francés”. Sin embargo, mantienen la motivación, ya que su objetivo principal era “escapar de la vida caótica de Inglaterra”.
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El proyecto, que inicialmente parecía asequible, requerirá aún entre 117.000 y 175.500 euros (100.000 y 150.000 libras) adicionales para completarse. Con los ingresos actuales limitados al salario mensual de Nathan, las obras avanzan de forma intermitente. La planta superior, de hecho, no se retomará hasta finales de 2027, como mínimo. A pesar de todo, la pareja mantiene su determinación y no contempla dar marcha atrás. “Es lo mejor que hemos hecho. No cambiaríamos nada”, aseguran, incluso con la incertidumbre económica.
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