
Entre montañas, bosques y carreteras sinuosas se esconden pequeños municipios donde el tiempo parece avanzar más despacio y donde la piedra continúa marcando el paisaje y la vida cotidiana. Uno de esos lugares es Mura, un pequeño pueblo situado junto a Manresa que se ha convertido en una de las escapadas rurales más atractivas para quienes buscan desconectar del ritmo de la ciudad y sumergirse en un entorno medieval rodeado de naturaleza.
Situado en la comarca de El Bages, en pleno corazón del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, Mura conserva intacta buena parte de su esencia histórica. Sus calles estrechas y empedradas, las fachadas de piedra y las pequeñas plazas escondidas entre desniveles convierten cualquier paseo en una experiencia auténtica. Más allá de su belleza, el gran atractivo del municipio reside en esa atmósfera que hace sentir al visitante como si hubiera retrocedido varios siglos en el tiempo.
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Rodeado de montañas y vegetación, este rincón forma parte de uno de los espacios naturales más singulares de Cataluña. El parque natural, que se extiende entre las comarcas de El Bages y El Vallès Occidental, destaca por un paisaje dominado por riscos, monolitos, cuevas, canales y profundas hondonadas. Entre sus cumbres más conocidas sobresalen La Mola, con 1.104 metros de altitud, y el Montcau, dos de los puntos más emblemáticos, según recoge Regio7.

Un casco antiguo lleno de historia
Pasear por Mura es hacerlo sin prisas. El casco antiguo invita a perderse sin seguir una ruta fija, descubriendo rincones que parecen sacados de una postal. Las viviendas tradicionales, muchas de ellas restauradas respetando la arquitectura original, mantienen intacta la identidad rural. En cada esquina aparecen detalles que recuerdan su pasado medieval: pasadizos, escaleras de piedra, arcos y antiguos lavaderos que todavía conservan el ambiente de otra época.
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Uno de los lugares más destacados del municipio es la Iglesia de Sant Martí de Mura, situada en la parte baja del pueblo. Este templo románico representa uno de los principales símbolos históricos de la localidad y refleja la relevancia que tuvo Mura durante la Edad Media. Muy cerca también pueden encontrarse antiguas fuentes y pequeños rincones naturales que completan el encanto del entorno.
Otro de los grandes atractivos de la zona es Puig de la Balma, una singular masía construida parcialmente bajo una enorme roca. Este espacio, convertido actualmente en alojamiento turístico y museo, permite descubrir cómo era la vida rural tradicional en la comarca gracias a la conservación de herramientas, muebles y objetos históricos. La imagen de la casa integrada en la montaña se ha convertido en una de las estampas más icónicas de la zona.
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Naturaleza y rutas para desconectar
Además de su patrimonio arquitectónico, Mura es también un destino ideal para los amantes del senderismo y la naturaleza. Desde el pueblo parten diversas rutas que atraviesan bosques, torrentes y formaciones rocosas del parque natural. Muchas de ellas conducen a miradores desde los que se obtienen espectaculares vistas. Entre los puntos de interés destacan también la ermita de Sant Antoni, la Font de l’Era o el Gorg del Pare, un rincón natural especialmente visitado durante los meses más cálidos.
La Cueva de Mura es otro de los espacios más conocidos del municipio. Esta cavidad, de aproximadamente 180 metros de longitud, forma parte del rico patrimonio geológico del macizo de Sant Llorenç. Aunque actualmente permanece cerrada hasta nuevo aviso, continúa siendo uno de los elementos más representativos del entorno natural de la localidad.
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