La increíble catedral gótica con una torre de 87 metros de altura donde se midió la circunferencia de la Tierra y nació el metro

Sobre su campanario de 87 metros, astrónomos ilustrados calcularon la circunferencia del planeta en el siglo XVIII, convirtiendo a este templo medieval en un hito de la ciencia y la arquitectura

Guardar
Rodez, en Francia (Adobe Stock).
Rodez, en Francia (Adobe Stock).

En el corazón de Occitania, a medio camino entre la historia, la ciencia y la espiritualidad, se alza la catedral de Notre-Dame de Rodez, una joya gótica de piedra rojiza que domina el perfil de la ciudad y la región desde hace más de un milenio. Su campanario, de 87 metros de altura, es un faro visible a kilómetros de distancia, guiando al viajero por valles y mesetas hasta llegar a este enclave monumental del sur de Francia. Pero, más allá de su imponente presencia y su valor religioso, la catedral de Rodez guarda un secreto que la conecta con uno de los grandes hitos de la Ilustración: aquí, sobre su torre, se calculó la circunferencia de la Tierra y se definió el metro como unidad de medida universal.

Entre 1792 y 1798, en plena Revolución Francesa, los astrónomos Jean-Baptiste Joseph Delambre y Pierre Méchain eligieron este lugar como punto de cierre de la medición del arco de meridiano entre Dunkerque y Barcelona, una proeza científica que cambió para siempre la manera de medir el mundo. Rodez se convirtió así en una inesperada capital científica, donde la razón y la fe compartieron bóveda bajo la mirada de las gárgolas y las vidrieras de la catedral.

PUBLICIDAD

De fortaleza medieval a epicentro de la Ilustración

La llegada a Rodez impresiona desde el primer instante: la silueta de la catedral de Notre-Dame, construida entre los siglos XIII y XVI, se recorta sobre la meseta con una robustez que recuerda su antiguo papel defensivo. Su fachada occidental, sin puertas ni aberturas, revela su integración en la muralla medieval de la ciudad, mientras que el campanario — uno de los más altos y bellos de Francia — se erige como un prodigio de la arquitectura gótica de arenisca rosa.

Rodez, en Francia (Adobe Stock).
Rodez, en Francia (Adobe Stock).

Durante tres siglos, canteros y artesanos levantaron este templo monumental, cuya sobriedad exterior contrasta con la luminosidad y riqueza de su interior. Las bóvedas alcanzan los 30 metros de altura, y la luz tamizada por las vidrieras —firmadas por el artista suizo Stéphane Belzère en el siglo XXI— dibuja juegos cromáticos que cambian a lo largo del día. Entre los tesoros destacan el coro de madera tallada, el púlpito sostenido por un Atlas esculpido, una sucesión de capillas laterales y un órgano monumental, además de un retablo policromado en la capilla del Santo Sepulcro.

PUBLICIDAD

Una de las experiencias más emocionantes es la ascensión a la terraza del campanario. Tras superar más de 400 peldaños de una escalera de caracol, el visitante se ve recompensado con una panorámica de 360º sobre los tejados de arenisca rosada, las colinas del Aveyron y, en días despejados, hasta el macizo Central y el valle del Tarn. El ascenso, acompañado por guías locales, permite descubrir inscripciones de los antiguos artesanos, esculturas secretas y las nueve campanas aún activas en la torre cuadrada.

Rodez y la medición de la Tierra: el legado científico de la catedral

El gran hito científico de la catedral de Rodez tuvo lugar a finales del siglo XVIII, cuando Delambre y Méchain culminaron aquí la medición del arco de meridiano que unía Dunkerque con Barcelona. Sobre el campanario instalaron instrumentos de precisión para calcular la distancia entre los dos puntos, lo que permitió definir el metro como una diezmillonésima parte de la distancia del polo al ecuador. Este experimento, piedra angular de la Ilustración francesa, transformó la catedral en un laboratorio a cielo abierto, donde la ciencia y la religión convivieron bajo la misma bóveda gótica.

La elección de Rodez no fue casual: su campanario ofrecía una visibilidad excepcional y una referencia estable para las triangulaciones geodésicas. Durante años, la ciudad se convirtió en escala obligada para astrónomos, matemáticos y científicos que, a partir de aquí, ayudaron a establecer el sistema métrico decimal que hoy rige las medidas en todo el mundo.

Cinco de los pueblos más bonitos de Francia en la frontera con España, según ‘National Geographic’.

El legado de aquella aventura científica sigue vivo. En la plaza y en el propio campanario, placas y paneles informativos recuerdan el papel crucial de Rodez en la historia de la ciencia. El visitante curioso puede recorrer los mismos peldaños que subieron los astrónomos, asomarse a las terrazas donde se instalaron los instrumentos y contemplar la ciudad desde la perspectiva de quienes, hace más de dos siglos, midieron la circunferencia de la Tierra desde este insólito observatorio.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD