
En el corazón del Alt Camp tarraconense, el río Gaià serpentea entre bosques y peñas, creando un paisaje de aguas claras y vegetación exuberante que invita a la aventura. En este entorno privilegiado, la ruta de las pasarelas del Pont d’Armentera se ha convertido en uno de los recorridos de senderismo más sorprendentes y singulares de Cataluña. Con sus pozas cristalinas, una acequia medieval y varios tramos de pasarelas y puentes colgantes, el itinerario combina naturaleza salvaje, historia hidráulica y un punto de adrenalina, especialmente en los sectores más aéreos. No es un camino para quienes sufren vértigo ni para familias con niños pequeños, pero para los amantes de la montaña y el senderismo, supone una experiencia inolvidable.
La ruta, que discurre entre el Pont d’Armentera y el pueblo de Querol, forma parte del Camí de les Terres del Gaià y sumerge al caminante en un universo de agua, roca y vegetación donde el tiempo parece detenerse. Son apenas 5,5 kilómetros lineales —unas dos horas de marcha—, pero cada metro está cargado de sorpresas: desde antiguas esclusas y pozas escondidas hasta acueductos medievales y pasarelas de madera colgadas de la roca. Un recorrido para liberar la mente y dejarse llevar por el murmullo del río y la belleza de un entorno aún poco transitado.
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Primer tramo: del Pont d’Armentera a las pasarelas de Riastres
La excursión comienza en los antiguos lavaderos del Pont d’Armentera, junto a la calle Raval Vell. Tras un breve descenso por escaleras, se accede al río, donde una pequeña zona de picnic invita a hacer una pausa antes de comenzar la marcha. Justo aquí, el Gorg del Salt ofrece la primera sorpresa: una cascada y un par de pozas (una de ellas profunda) que se llenan de vida en verano. Aunque el baño tiene sus riesgos —así lo advierte la señalización—, es difícil resistirse a la tentación de refrescarse en sus aguas.

El sendero avanza paralelo al río por el Passeig del Riu del Pont d’Armentera, tramo sencillo y accesible para familias con niños pequeños. Paneles interpretativos y zonas de baño —como la poza cerca de la esclusa y las ruinas de la antigua fábrica textil de Cal Jaume Xicó— animan el recorrido. El paseo finaliza bajo el puente de la carretera a Querol; a partir de aquí, la ruta gana en dificultad y ya no es apta para los más pequeños.
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La segunda parte se adentra en el Camí de les Terres del Gaià, perfectamente señalizado. El mayor reto llega con las pasarelas de Riastres, un tramo aéreo sobre la roca equipado con pasarelas de madera y cuerdas para avanzar con seguridad. Aquí, la sensación de altura se intensifica y la precaución es obligada: solo se debe pasar de uno en uno, sin superar los 120 kilos de peso, y evitando hacerlo con viento o lluvia. En este sector, dos pequeñas cuevas en la roca recuerdan la función hidráulica del lugar, ya que forman parte de la acequia medieval que recogía y distribuía el agua para los huertos del Pont d’Armentera.
Del acueducto de la Rasa del Pendot a las pasarelas de Querol
Al dejar atrás las pasarelas de Riastres, el sendero se aleja del río y atraviesa campos de almendros y una zona de sol intenso, antes de alcanzar el acueducto de la Rasa del Pendot, un rincón encantador presidido por una higuera y la antigua acequia medieval. Desde aquí, el camino desciende de nuevo hacia el río por un sendero estrecho, sin apenas señalización, pero con la ayuda de un hito de piedras y una barandilla de madera como referencia.
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En la zona del Molinot, el sendero vuelve a sorprender con nuevos pasos equipados con cuerdas sobre el río, ideales para los más aventureros. El río Gaià discurre aquí a pocos metros, permitiendo observar peces y, en las pozas, darse un chapuzón en plena naturaleza.
El punto culminante es el Pont del Molinot, un puente colgante de dos tramos, sin barandillas y con un vaivén que obliga a cruzar con calma y atención, sobre todo si se va acompañado de niños. Junto al puente, las ruinas de la antigua central eléctrica del Molinot y una poza profunda invitan a descansar y refrescarse antes de continuar.
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Un poco más adelante, las pasarelas de Querol ofrecen el tramo más bonito de toda la ruta: cuerdas y pasarelas colgadas sobre las rocas, a poca altura sobre el río, en un entorno de pinos y vegetación exuberante. Desde aquí se puede regresar al Pont d’Armentera o, para los más intrépidos y con tiempo, proseguir hasta el Pont de Mas Boixanc y la poza del Gorg Negre, ampliando el recorrido hasta casi 18 kilómetros.
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