La ciudad portuguesa de los azulejos: arte, playas vírgenes y la “Capilla Sixtina” del norte de Portugal

Más de 800 fachadas azulejadas, templos únicos y kilómetros de costa atlántica convierten a esta ciudad entre Oporto y Aveiro en un destino de color, historia y naturaleza por descubrir

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Iglesia de Válega, en Portugal (Adobe Stock).
Iglesia de Válega, en Portugal (Adobe Stock).

En el norte de Portugal, a medio camino entre Oporto y Aveiro, se esconde un tesoro aún por descubrir para la mayoría de los viajeros: Ovar. Esta ciudad, ajena a los grandes circuitos turísticos, es un auténtico museo al aire libre donde el arte del azulejo se despliega en todo su esplendor. Pasear por el centro histórico de Ovar es sumergirse en una explosión de colores y formas: más de 800 fachadas azulejadas convierten sus calles en una galería que brilla bajo el sol atlántico y revela el pasado cosmopolita de una ciudad marcada por la emigración y el retorno de sus vecinos enriquecidos en Brasil.

Pero Ovar no es solo azulejos. Entre dos fronteras naturales —el Atlántico y la ría de Aveiro—, este municipio presume de playas vírgenes, templos únicos como su “Capilla Sixtina” portuguesa, museos sorprendentes y una red de canales y marismas donde la naturaleza se vive en estado puro. Ovar es, ante todo, color, arte y calma, una escapada perfecta para quienes buscan autenticidad y belleza lejos de las rutas más transitadas.

Una ciudad de azulejos: arte, historia y rutas de color

La identidad visual de Ovar se forjó entre los siglos XIX y XX, cuando los emigrantes que regresaban de Brasil competían por cubrir sus nuevas casas con las cerámicas más vistosas, símbolo de éxito y modernidad. Así, el centro histórico atesora más de 800 fachadas azulejadas con patrones geométricos, motivos florales y escenas figurativas que convierten cada calle en una experiencia sensorial única. Hoy, una ruta circular señalizada con piezas de azulejo invita a descubrir los edificios más emblemáticos, desde el ayuntamiento en la Praça da República hasta la iglesia de Santo António y las Siete Capillas de la Pasión, pequeñas joyas rococó nacidas de la devoción y el ingenio arquitectónico local.

El arte se respira en cada esquina, pero también en los museos de la ciudad. El Museu de Ovar recorre la etnografía local, el Museu Escolar Oliveira Lopes revive las aulas del Portugal rural de hace un siglo y la Casa Museu de Arte Sacra reúne tesoros artísticos de la Orden Franciscana Seglar. En mayo, el mes del azulejo, Ovar celebra talleres, visitas guiadas y actividades para fomentar la conservación de este patrimonio único.

Playa de Furadouro, en Portugal (Adobe Stock).
Playa de Furadouro, en Portugal (Adobe Stock).

La “Capilla Sixtina” y sus playas vírgenes

Más allá del centro, las freguesías de Ovar guardan sorpresas como la Igreja Matriz de Santa Marinha, en Cortegaça, cuya fachada recubierta de azulejos blancos y azules es un homenaje a la iconografía religiosa tradicional. Pero la joya indiscutible es la Igreja Matriz de Válega, una iglesia comenzada en el siglo XVIII y revestida en el XX con azulejos policromados que cubren cada centímetro de su exterior e interior.

Realizados por la Fábrica Aleluia de Aveiro, estos paneles representan escenas bíblicas y, junto a las vidrieras elaboradas en Madrid y el artesonado de madera, han valido al templo el sobrenombre de “Capilla Sixtina” portuguesa. Al atardecer, la luz tiñe la fachada de tonos mágicos, convirtiendo la visita en una experiencia inolvidable.

Con 15 kilómetros de costa atlántica, Ovar presume de algunas de las playas más salvajes y menos masificadas de Portugal. La praia do Furadouro es la más accesible y animada, ideal para surfistas y bañistas aventureros, mientras que Torrão do Lameiro, Cortegaça, Maceda o São Pedro de Maceda ofrecen arenas blancas, dunas, pinares y un ambiente solitario casi intacto. A pie, en bicicleta o en kayak, la naturaleza es protagonista.

La ciudad vive entre el mar y la ría de Aveiro, una de las mayores zonas húmedas de Portugal, hogar de flamencos, garzas y águilas pescadoras. Cais da Ribeira invita a navegar en moliceiro o recorrer los 60 km de vías ciclables que rodean canales y marismas. Espacios como el Parque Ambiental do Buçaquinho y la Barrinha de Esmoriz son refugios verdes donde observar aves o disfrutar de jardines aromáticos y lagunas, mientras que el Parque da Fonte do Estanislau, documentado desde el siglo XI, encierra pasarelas de madera y antiguos molinos entre la vegetación ribereña.

La ciudad de Portugal declarada Patrimonio de la Humanidad con casas incrustadas en un acueducto medieval.

Cómo llegar

Desde Oporto, el trayecto tiene una duración estimada de 40 minutos por las carreteras A29 y N109. Por su parte, desde Coimbra, el viaje es de alrededor de 1 hora y 5 minutos por la vía A1.