
El legado del Imperio Romano en España sigue muy vivo gracias a rutas históricas como la Vía de la Plata, uno de los caminos más antiguos, rectilíneos y evocadores de la península. Construida hace más de dos mil años para unir Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga), esta calzada romana de más de 470 kilómetros fue la columna vertebral de comunicaciones, comercio y cultura entre el sur y el norte, y todavía hoy es el eje de una de las travesías más singulares para senderistas y viajeros. Entre todos sus tramos, hay uno de 65 kilómetros que invita a vivir una auténtica aventura entre dos ciudades Patrimonio de la Humanidad, dehesas infinitas de encinas, puentes romanos intactos y ventas donde el jamón de bellota cortado a mano es protagonista.
Recorrer este tramo de la Vía de la Plata es hacer un viaje en el tiempo a través de caminos empedrados, túneles y viaductos que han resistido el paso de siglos y civilizaciones. Es una ruta que aúna naturaleza, historia y gastronomía, y que ha servido de inspiración para peregrinos, trashumantes, exploradores y amantes de la buena mesa. Todo ello en un entorno donde el ritmo lo marcan las dehesas, los miliarios y el sabor de un producto único: el jamón ibérico.
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Una ruta de dos milenios
La Vía de la Plata nació en el año 139 a.C. como una calzada romana fundamental para la conquista y administración del oeste hispano. Su trazado, casi rectilíneo y perfectamente adaptado al terreno, fue la base de las vías de comunicación que hoy vertebran el occidente español: desde carreteras nacionales hasta autovías y, más recientemente, senderos de gran recorrido (GR) para caminantes y ciclistas. El tramo que une Plasencia y Béjar —aproximadamente 65 kilómetros— es uno de los mejor conservados y transitados, y sigue el antiguo ferrocarril que unía ambas localidades, ahora reconvertido en vía verde.
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A lo largo de esta travesía, el caminante cruza la Reserva de la Biosfera de la sierra de Béjar y los valles del Jerte y Ambroz, entre grandes extensiones de dehesa, encinares y alcornoques. El recorrido está salpicado de antiguas estaciones de tren recuperadas, elementos ferroviarios históricos y, sobre todo, de los vestigios romanos que dan nombre y sentido a la ruta: puentes, miliarios, tramos empedrados y restos de fortificaciones que transportan al pasado imperial.
En la provincia de Salamanca, la Vía de la Plata conserva algunos de los restos mejor preservados. Allí se pueden admirar hasta 28 miliarios y tramos del firme original, especialmente entre el Puerto de Béjar y Salamanca, así como puentes como el de la Malena y el majestuoso puente romano de Salamanca, de origen traiano y con 15 arcos aún intactos. Paneles divulgativos y aulas arqueológicas al aire libre jalonan el camino, facilitando la interpretación de la historia y la conexión con el entorno.
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Dehesas, jamón de bellota y ventas con historia
Pero la experiencia de esta ruta va más allá de la arqueología. El sendero atraviesa dehesas infinitas, el hábitat natural del cerdo ibérico, y conecta dos de las principales regiones productoras de jamón de bellota: Dehesa de Extremadura y Guijuelo. A lo largo del camino, antiguas ventas de carretera y restaurantes familiares invitan a detenerse para saborear este manjar cortado a mano, acompañado de embutidos, quesos y vinos locales. En enclaves como Plasencia o Béjar, así como en pequeñas localidades del recorrido, la gastronomía es parte esencial de la travesía.
Además de los placeres del paladar, la ruta permite al viajero descubrir la biodiversidad de la dehesa, observar aves rapaces, perderse en bosques centenarios y cruzar puentes que han visto pasar legiones, trashumantes y peregrinos del Camino Mozárabe a Santiago. El sendero es accesible a pie o en bicicleta, con señalización moderna y una red de servicios turísticos que facilita la experiencia para todos los perfiles de viajeros.
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