
En España, el senderismo y las rutas verdes se han convertido en una forma privilegiada de descubrir el país desde una perspectiva pausada y cercana. Los antiguos trazados ferroviarios, que en su día unieron grandes ciudades, resurgen hoy como verdaderos caminos llenos de biodiversidad y cultura. Caminos antes reservados al traqueteo del tren ahora invitan a caminar, pedalear o dejarse sorprender por paisajes que el viajero convencional rara vez alcanza.
Entre todas esas sendas recuperadas, el Camino Natural Vía Verde de la Jara destaca por su carácter salvaje y su historia singular. Esta ruta, que une las orillas del Tajo con las laderas de la Sierra de Altamira, es mucho más que un itinerario de ocio: es la memoria viva de un ferrocarril que nunca llegó a ver pasar un tren regular, pero que hoy permite adentrarse en algunos de los parajes más vírgenes de la península.
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Un sueño ferroviario truncado
El origen de la Vía Verde de la Jara se remonta a 1926, cuando el general Primo de Rivera y su ministro de Obras Públicas, el Conde de Guadalhorce, impulsaron un ambicioso plan para romper la tradicional radialidad de la red ferroviaria española. El objetivo era conectar Talavera de la Reina con Villanueva de la Serena, enlazando los valles del Tajo y el Guadiana y atravesando parajes tan emblemáticos como Guadalupe.
Las obras arrancaron con fuerza a finales de los años veinte. Obreros y campesinos de la zona se sumaron a una tarea titánica: excavar túneles en la roca, tender elegantes viaductos y plantar estaciones en comarcas que hasta entonces vivían al margen de las grandes rutas. El trazado partía oficialmente de la estación de Calera y Chozas, evitando la duplicidad con la línea Madrid-Cáceres, ya existente.
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El estallido de la Guerra Civil y el posterior éxodo rural condenaron el proyecto al olvido. Solo en los años sesenta, impulsado por el Plan Badajoz, se completó el tramo entre Villanueva y Logrosán, que tuvo un breve uso mercante. Pero el informe desfavorable del Banco Mundial selló definitivamente el destino de la línea, dejando en el limbo los últimos 20 kilómetros que debían unir el lado manchego con el extremeño.
Una travesía entre naturaleza y patrimonio

La Vía Verde de la Jara recorre hoy 51,77 kilómetros entre la estación de Calera y Chozas y Santa Quiteria, atravesando localidades como Aldeanueva de Barbarroya, La Nava de Ricomalillo, Sevilleja de la Jara y Campillo de La Jara, en pleno corazón de Castilla-La Mancha. El camino, de tierra compactada, está preparado para senderistas y ciclistas y conecta, a través del Camino Natural de Las Villuercas, con la Vía Verde Vegas del Guadiana. El itinerario serpentea por el valle del río Tajo y cruza el embalse de Azután, desplegando a su paso un mosaico de ecosistemas de alto valor ecológico: la dehesa de El Arco, los valles de Huso y San Martín y la majestuosa sierra de Altamira.
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El viajero atraviesa bosques mediterráneos, encinares y paisajes de pizarra y granito, siempre escoltado por la tranquilidad de un entorno casi intacto. Igualmente, uno de los mayores atractivos de la ruta son sus 17 túneles y 5 viaductos, que añaden un punto de emoción y aventura al recorrido. Atravesar estos pasadizos excavados en la roca, o contemplar la amplitud de los viaductos tendidos sobre barrancos y ríos, permite al visitante comprender la magnitud del esfuerzo humano que requirió la construcción de la línea.
Pero la ruta no solo es un viaje natural, sino también una lección de historia y patrimonio rural. Cerca de la estación de Campillo de La Jara se conservan vestigios de antiguos molinos, testigos mudos de la vida tradicional de la comarca. En Sevilleja de la Jara, el Centro de Estudios Rapaces Ibéricas (CERI) se alza como referente en la recuperación del águila imperial española, ofreciendo además un aula de la naturaleza donde se desarrollan actividades educativas para grandes y pequeños.
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Un aviso importante
La Vía Verde de la Jara permanecerá cerrada temporalmente al público debido a su estado de conservación y a los graves problemas de seguridad detectados en el trazado. Según informan las autoridades, el mal estado del firme, la ausencia de iluminación en los túneles y la falta de gestión desde 2018 han llevado a decretar la prohibición de circular por la vía, recayendo toda responsabilidad sobre quienes no respeten este aviso.
Se subraya que está expresamente prohibido acceder o acercarse a los recintos de las estaciones en estado de abandono, así como al Túnel nº 9 —el siguiente a la estación de Nava-Fuentes—, cerrado por desprendimientos provocados por las lluvias. Cualquier accidente o incidencia derivada del incumplimiento de estas advertencias será responsabilidad exclusiva del infractor. Se informará oportunamente de cualquier cambio respecto a la reapertura de la vía.
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