
Con la llegada de la primavera, el viajero se puede embarcar en una aventura a bordo de trenes históricos que convierten el trayecto en una auténtica experiencia. Lejos de la velocidad frenética de los trenes modernos, estos convoyes recuperan la magia de los trenes de antaño, donde el paisaje se observa tras ventanillas abiertas y pueden disfrutar de una jornada única. Para quienes buscan una escapada con aroma a nostalgia y patrimonio, la temporada de trenes clásicos ofrece una oportunidad única de redescubrir el país con otros ojos.
Esta primavera, al menos tres servicios ferroviarios históricos retoman sus circulaciones en distintas rutas emblemáticas. El Tren de Felipe II, el Tren de la Fresa y el Tren de Arganda no solo nos transportan físicamente, sino que permiten revivir la historia, la ingeniería y el encanto de épocas pasadas. Cada uno propone un viaje diferente, pero todos comparten el placer de viajar sin prisas y de conectar el presente con la tradición ferroviaria española.
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Tren de Arganda
El Tren de Arganda es el resultado del esfuerzo y la pasión de los aficionados al ferrocarril, que desde 1990 trabajan por conservar y difundir el legado histórico de estos convoyes. El próximo 29 de marzo volverá a ponerse en marcha la emblemática locomotora de vapor de 1886, rescatada del desguace y restaurada para recorrer cuatro kilómetros entre La Poveda y Laguna del Campillo, en la Comunidad de Madrid.
Durante un trayecto de 40 a 45 minutos, el tren cruza dos veces el río Jarama sobre un impresionante puente de hierro de 175 metros, regalando a los viajeros la sensación de estar viviendo una escena de otra época. Las salidas programadas, que suelen colgar el cartel de completo, han convertido a este tren en una de las propuestas más queridas del patrimonio ferroviario español, ideal para familias, nostálgicos y amantes de la historia industrial.
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Tren de la Fresa

El legendario Tren de la Fresa es una de las rutas históricas más queridas de España. Inaugurada en 1851 y considerada una de las más antiguas del país, su servicio turístico se inició el 22 de marzo sobre la línea original Madrid-Aranjuez. Durante los 49 kilómetros de recorrido, los pasajeros disfrutan de un viaje fiel al espíritu de la época, a bordo de coches históricos con estructuras de madera y ventanillas que dejan entrar el aire y el paisaje.
El ritmo pausado del tren, la posibilidad de asomarse para contemplar los campos y la evocación del pasado ferroviario hacen de este trayecto una experiencia distinta a la del transporte actual. El viaje no termina con la llegada a Aranjuez: la ciudad, declarada Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad, amplía la experiencia con la visita a los jardines, el Palacio Real y la degustación de las célebres fresas que dan nombre al tren.
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Tren de Felipe II
El Tren de Felipe II es uno de los primeros en inaugurar la temporada de primavera, arrancando a partir del 21 de marzo. Este convoy propone una inmersión en los desplazamientos que el monarca realizaba entre Madrid y San Lorenzo de El Escorial, trasladando a los pasajeros desde la estación de Príncipe Pío hasta el pie del monumental monasterio en apenas una hora.
El tren está formado por cuatro coches restaurados, con cabinas de ocho plazas, y es impulsado por una locomotora diésel de 2.180 caballos capaz de alcanzar los 100 km/h. La experiencia se adapta a todo tipo de viajeros gracias a tres paquetes diferentes, que van desde la visita libre a El Escorial hasta recorridos guiados y propuestas temáticas para familias o aficionados a la historia.
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El trayecto, más allá del destino, permite disfrutar del paisaje de la sierra madrileña y de la atmósfera única que solo puede ofrecer un tren clásico. El interior, cuidadosamente ambientado, y la atención al detalle convierten el viaje en una invitación a imaginar cómo viajaban reyes y cortesanos siglos atrás.
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