Esta es la única capital de provincia que tiene su catedral en un pueblo a 70 kilómetros: un templo del siglo XII con 304 caras esculpidas en el techo

Esta catedral es una de las más impresionantes de España y su interior está lleno de secretos

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Concatedral de Santa María, en Sigüenza
Concatedral de Santa María, en Sigüenza (Wikimedia).

Guadalajara es una de esas provincias castellanas que guardan infinidad de secretos. Su capital, a menos de una hora de Madrid, tiene un casco histórico con el Palacio del Infantado como gran protagonista y una vida tranquila que contrasta con el ritmo de la capital. Pero hay una curiosidad que pocos visitantes conocen y que convierte a esta provincia en un caso singular dentro del mapa eclesiástico español.

Guadalajara es la única capital de provincia española cuya catedral no está en la ciudad que le da nombre. Para encontrarla, hay que recorrer unos 70 kilómetros hacia el norte, hasta Sigüenza, una localidad de menos de 5.000 habitantes donde se levanta uno de los templos medievales más singulares de Castilla-La Mancha. Un edificio que empezó a construirse en el siglo XII, que acumula ocho siglos de historia en sus muros y que guarda en su interior uno de los techos más insólitos de la arquitectura religiosa española: 304 rostros esculpidos que miran desde las alturas.

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¿Por qué la catedral no está en la capital?

La explicación es histórica. La sede episcopal de la diócesis se estableció en Sigüenza durante la Edad Media, cuando esta localidad tenía un peso político y religioso considerablemente mayor que el del núcleo urbano que hoy es la capital provincial. Con el paso de los siglos, Guadalajara fue ganando relevancia como ciudad, pero la sede de la diócesis nunca se trasladó.

El resultado es una situación que persiste hasta hoy: la diócesis se denomina oficialmente Sigüenza-Guadalajara, y el principal templo de la capital es la Concatedral de Santa María, que comparte rango con la catedral pero no la sustituye. Un matiz que convierte a Guadalajara en un caso poco habitual dentro del mapa nacional y que, de paso, ofrece la excusa perfecta para visitar Sigüenza.

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En este sentido, la Catedral de Sigüenza comenzó a construirse en el siglo XII, poco después de la reconquista de la zona por parte de los reinos cristianos. Su aspecto exterior responde a ese contexto: muros compactos, torres robustas y una silueta que recuerda más a una fortaleza que a un templo. Esto no es casualidad, pues el edificio también cumplía funciones estratégicas en su época. Igualmente, el interior acumula siglos de intervenciones y estilos. La base es románica, pero a lo largo de los siglos se incorporaron elementos góticos, renacentistas y barrocos, una superposición visible tanto en la fachada como en las capillas, el coro y los distintos retablos que jalonan el recorrido interior.

Un techo con 304 rostros

Concatedral de Santa María, en Sigüenza
Concatedral de Santa María, en Sigüenza (Catedral de Sigüenza).

El detalle más insólito de la catedral se encuentra en la llamada Sacristía de las Cabezas. Al entrar, el visitante se encuentra con 304 rostros esculpidos que decoran el techo, cada uno con rasgos distintos y ninguno igual al anterior. Fueron realizados en el siglo XVI durante una reforma renacentista y se interpretan como una representación simbólica de la humanidad: obispos, monjes, guerreros, reyes, campesinos y nobles de distintas edades y condiciones sociales, todos mirando hacia abajo desde las bóvedas.

No representan a personajes concretos identificados de forma oficial, pero su variedad y detalle los convierten en uno de los elementos más fotografiados y comentados de cuantos alberga el templo. Pero más allá de las 304 cabezas, la catedral destaca por otros elementos de primer orden. El sepulcro de Martín Vázquez de Arce, conocido como el Doncel de Sigüenza, es una de las esculturas funerarias más reconocidas del arte gótico español.

La figura yacente del joven caballero, representado leyendo un libro, ha sido reproducida y estudiada como ejemplo de la escultura funeraria medieval en su momento de mayor refinamiento. Las capillas, el coro y retablos como el de San Juan y Santa Catalina o el de Nuestra Señora de la Leche completan un recorrido interior que refleja la evolución artística del edificio a lo largo de ocho siglos de historia.

Sigüenza, una visita que va más allá del templo

La visita a la catedral es perfecta para descubrir todos los secretos que atesora la localidad. Un paseo por su casco histórico revela edificios y rincones de enorme valor patrimonial. Entre los elementos más destacados figuran el castillo medieval, hoy reconvertido en parador nacional, así como la Plaza Mayor o barrios como el Humanista. A esto se le suma el Palacio Episcopal y la casa Plateresca, lugares donde convergen estilos renacentistas y barrocos bajo la luz de Castilla.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

Pero Sigüenza también es destino de primera para los amantes de la naturaleza. En su entorno directo, el municipio abarca hasta tres espacios naturales protegidos: el Parque Natural del Río Dulce, el Lugar de Interés Comunitario del Río Salado y la Microreserva de los Saladares del Río Salado. Numerosas rutas de senderismo se internan por estos parajes, permitiendo al viajero descubrir paisajes de gran valor ecológico y espectaculares panorámicas.

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