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Talavera de la Reina, Albacete y Guadalajara: las ciudades donde la factura energética absorbe más renta que en Madrid y Barcelona

Un nuevo mapa barrio a barrio revela que el problema no está solo en el importe del recibo, sino en el esfuerzo que supone para cada hogar según sus ingresos

Sobre un suelo de madera se ve un ladrón con varios enchufes, la mano de un hombre encendiendo el ladrón y una factura de la luz.
Un hombre enciende una largadera con varios enchufes con una factura de luz en la mano (Alberto Ortega / Europa Press)
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Pagar más por la luz, el gas o la calefacción no significa necesariamente sufrir más pobreza energética. La sección censal con la factura energética doméstica más alta del primer Atlas de la Pobreza Energética de España se encuentra en Madrid, con cerca de 1.783 euros al año, pero ese gasto representa alrededor del 3% de la renta de los hogares de esa zona. En cambio, la mayor carga energética aparece en Campo de Criptana, en Ciudad Real: allí la factura ronda los 1.172 euros anuales, pero se lleva casi el 10% de los ingresos.

Esa diferencia resume la principal conclusión económica del informe: el problema no está solo en cuánto se paga, sino en cuánto cuesta pagarlo. El Atlas, elaborado por investigadores del Basque Centre for Climate Change en el marco del Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática, analiza por primera vez la pobreza energética en España a escala de sección censal.

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El trabajo incluye un mapa interactivo que permite consultar los datos casi barrio a barrio y comparar, para cada zona, tanto el importe de la factura como el peso que tiene sobre los ingresos de los hogares.

El informe destaca que en 2023, la factura media fue de 763 euros por hogar, mientras que la carga energética media alcanzó el 3,67% de la renta. Sin embargo, en las zonas más vulnerables supera el 9%.

Cuando una factura más baja supone más esfuerzo

La carga energética mide qué parte de los ingresos netos de un hogar se destina a pagar la energía doméstica. Es decir, no se fija solo en el importe del recibo, sino en el esfuerzo económico que supone para cada familia. Una factura elevada puede ser asumible en una zona con rentas altas, mientras que una más baja puede convertirse en un problema si los ingresos son reducidos.

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El propio informe señala esta paradoja: en ciudades como Madrid y Barcelona, los recibos pueden ser elevados en términos absolutos, pero los mayores niveles de renta moderan su peso relativo. En cambio, otras ciudades con ingresos más bajos pueden registrar una vulnerabilidad mayor aunque la factura no sea la más cara.

Esa escala permite detectar diferencias que quedarían ocultas en una media municipal o autonómica. Al agrupar esos datos por municipio, se observa que, entre las localidades con al menos 50 secciones analizadas, Talavera de la Reina, Albacete y Guadalajara aparecen con una carga energética media superior a la de Madrid y Barcelona. Por eso, el mapa de la pobreza energética no coincide necesariamente con el de las facturas más altas.

El secretario general de Facua, Rubén Sánchez, ha informado de que el recibo de la luz para un usuario medio con la tarifa regulada, el denominado Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), se encareció un 15,5% en 2025, siendo así la tercera factura más elevada de la historia, tan solo por detrás de 2021 (1.116,04 euros) y 2022 (1.538,53 euros), según un estudio realizado por la asociación de consumidores. (Europa Press/Facua)

Las ciudades medias donde más pesa la energía

En Talavera de la Reina, la factura energética media ronda los 836 euros anuales, pero la carga se sitúa cerca del 4,9% de la renta. En Albacete, el gasto medio es más alto, de unos 1.024 euros, y también representa alrededor del 4,9% de los ingresos. En Guadalajara, la factura media se aproxima a los 941 euros y la carga energética se sitúa en torno al 4,3%

Son porcentajes superiores a los observados en las dos mayores ciudades del país. En Madrid, la factura media ronda los 817 euros, pero la carga se queda alrededor del 3,2%. En Barcelona, el gasto medio se aproxima a los 787 euros y representa cerca del 2,9% de la renta.

La comparación muestra hasta qué punto el mismo gasto puede tener efectos distintos según los ingresos disponibles. En estas ciudades medias, los hogares destinan una parte mayor de su presupuesto a cubrir consumos básicos como electricidad, gas, calefacción o combustibles domésticos.

La brecha también aparece dentro de las grandes ciudades

El Atlas no solo muestra diferencias entre municipios, sino también dentro de una misma ciudad. En Madrid, la carga energética oscila entre zonas donde el recibo apenas representa alrededor del 1,2% de los ingresos y otras donde alcanza el 7,5%. En Barcelona, el rango va aproximadamente del 1,4% al 5,1%, mientras que en Sevilla se mueve entre el 1,4% y el 6,5%.

Esas diferencias reflejan que dos hogares de una misma ciudad pueden enfrentarse a esfuerzos muy distintos para pagar la energía doméstica. El informe señala que las secciones más afectadas tienden a concentrarse en áreas periféricas y barrios de menor renta, aunque el Atlas mide el fenómeno por sección censal, una unidad estadística más pequeña que el barrio administrativo.

Bajos ingresos y viviendas ineficientes

La pobreza energética no depende solo del mercado eléctrico o del precio del gas. El informe señala que las áreas más vulnerables suelen reunir tres factores: bajos ingresos, elevada carga energética y viviendas antiguas e ineficientes. Es decir, los hogares con menos renta pueden vivir además en casas que necesitan más energía para mantener una temperatura adecuada.

Esa combinación hace que la solución no pase únicamente por abaratar el recibo de forma puntual. El Atlas plantea que sus datos pueden servir para identificar las zonas donde tendría más impacto actuar sobre los edificios: rehabilitar viviendas, mejorar su eficiencia energética o sustituir sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles por tecnologías limpias.

También apunta a un problema en el reparto de las ayudas. Según el informe, solo un 1% de las ayudas adicionales para la rehabilitación de viviendas llega actualmente a hogares vulnerables. Es decir, el reto no es solo mejorar las casas que más energía consumen, sino conseguir que esos apoyos lleguen a quienes realmente lo necesitan.

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