La tradición, la devoción y la emoción se adueñan de las calles de toda Andalucía cuando el Viernes de Dolores marca el inicio de las procesiones. Aunque, durante algo más de una semana, las cofradías recorren las calles de las distintas provincias de la región, hay una que suele llevarse todas las miradas: la Semana Santa de Sevilla. Más allá de su inolvidable Madrugá, la capital andaluza alberga más de 70 hermandades. Pero solo una de ellas ostenta el valioso título de ser la más antigua, la Hermandad del Silencio, ya que fue fundada por los vecinos hace más de 600 años.
Los registros más antiguos sobre la Hermandad del Silencio de Sevilla datan de 1356, cuando el arzobispo Nuño de Fuente aprobó sus primeras reglas. Algunas fuentes sitúan la fundación de esta hermandad en 1340, lo que la posicionaría como la primera hermandad de penitencia de la ciudad y, por extensión, la más antigua de Sevilla. Su origen se ubica en la parroquia de Omnium Sanctorum, en el barrio de la Feria, donde un grupo de vecinos impulsó la creación de la cofradía para realizar actos de penitencia, ayudar a los necesitados y fomentar el culto al Santísimo Cristo de la Misericordia.
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La Semana Santa sevillana mantiene un legado de fe y tradición que se remonta a varios siglos. La identificación de la hermandad más antigua resulta compleja debido a la existencia de sesenta cofradías que recorren la ciudad hacia la Catedral, además de dieciséis que procesionan en los días previos, como el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión, sin acceder al templo principal.
La madrugada del Viernes Santo, su día grande

Tras el dominio almohade, Sevilla experimentó una rápida transformación religiosa que consolidó la fe católica entre sus habitantes. En 1340, un grupo de vecinos de la parroquia de Omnium Sanctorum impulsó la creación de una hermandad dedicada al culto a Jesús Nazareno, conocida como la Hermandad del Silencio. Esta corporación, considerada la más antigua de nazarenos en la ciudad, ha contado entre sus miembros con reyes de España y figuras destacadas de la Iglesia, como San Antonio María Claret.
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La aprobación oficial de las reglas de la hermandad llegó en 1356, bajo la autoridad del arzobispo Nuño de Fuente. En sus estatutos originales ya se establecía la obligación de realizar la Estación de Penitencia en la madrugada del Viernes Santo. Las primeras salidas procesionales no tenían como destino la Catedral, sino la iglesia de San Lázaro.
A lo largo de su historia, la Hermandad del Silencio tuvo que trasladarse por distintos templos de la ciudad. Su asentamiento definitivo se produjo en 1572, al instalarse en el convento de San Antonio Abad, donde actualmente se rinde culto a Jesús Nazareno y la Virgen de la Concepción.
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El prestigio de la Hermandad del Silencio ha trascendido el ámbito religioso. Su influencia ha resultado determinante en la configuración de la Semana Santa sevillana, así como en la estructura del Consejo General de Hermandades y Cofradías y la organización de la Carrera Oficial.
El eje sobre el que gira la cofradía: el dogma de la Inmaculada Concepción

En 1615, la Hermandad del Silencio asumió un compromiso singular al realizar un voto a favor del dogma de la Inmaculada Concepción, anticipándose más de dos siglos a su proclamación oficial por parte de la Iglesia. Este juramento se mantiene presente en cada estación de penitencia, donde tres nazarenos desfilan portando una espada, una bandera blanca y un cirio encendido, símbolos que recuerdan la firme adhesión doctrinal de la hermandad.
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La procesión del Silencio durante la madrugada del Viernes Santo se ha consolidado como uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa de Sevilla. Más de 1.200 nazarenos, vestidos con túnicas negras de ruan y cinturón de esparto, recorren el centro histórico en medio de un silencio absoluto, generando una atmósfera de recogimiento y solemnidad. Este estilo procesional ha servido de referencia para otras cofradías que buscan un enfoque marcado por la austeridad y la introspección.
El compromiso con la defensa de la Inmaculada Concepción distingue a la Hermandad del Silencio desde su origen. El voto realizado en 1615 estableció la obligación de creer, confesar y defender este dogma, incluso con la vida. La presencia de los tres nazarenos con espada, bandera y cirio votivo permanece como testimonio visible de ese compromiso histórico.
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