
El nombre de Jacob Elordi resuena con fuerza en la actualidad del cine internacional, no solo por su brillante nominación al Oscar por su papel en la versión de Frankenstein de Guillermo del Toro ni por su reciente promoción de Cumbres borrascosas junto a Margot Robbie, sino también por el vínculo especial que mantiene con España. El carismático actor australiano, conocido por su trabajo en Euphoria, ha mostrado en varias ocasiones su orgullo por sus raíces vascas, una herencia familiar que no ha dudado en compartir en entrevistas y redes sociales, donde se le ha visto luciendo la ikurriña e incluso confesando su admiración por el cuadro de Guernica.
Más allá del glamour de Hollywood, Elordi ha expresado su deseo de conocer en profundidad los lugares donde nació y creció su familia paterna, marcada por el exilio y la búsqueda de nuevas oportunidades en Australia. Sus orígenes se entrelazan con la historia de dos pintorescas localidades de Vizcaya: Ondarroa y Markina-Xemein, escenarios donde la Edad Media, el barroco y la tradición vasca conviven entre torres defensivas, palacios señoriales y puentes que cruzan ríos llenos de vida.
Ondarroa: entre la torre de Likona y el pulso marinero
Enclavada junto al meandro del río Artibai, la villa de Ondarroa es el lugar de nacimiento del abuelo de Jacob Elordi. A pesar de los incendios que arrasaron buena parte de su patrimonio medieval, la esencia de la villa pervive en sus calles escalonadas, donde se mezclan casas tradicionales y rincones llenos de historia. El paseo por su casco antiguo conduce hasta la torre medieval de Likona, construida en robusta sillería caliza, uno de los pocos vestigios de la Edad Media que desafió al fuego y al tiempo.
En la plaza Pedro Mari Unanue, la iglesia de Santa María se alza sobre la roca desde 1462, reformada varias veces pero fiel a su origen gótico. Su interior sorprende con las figuras conocidas como Kortxeleko mamuak, una docena de esculturas que representan distintas clases sociales de la época. Junto al templo, la antigua sede del ayuntamiento exhibe su peculiar fachada toscana, testigo de la vida cívica y comercial de Ondarroa.
Puentes con historia y arquitectura singular

El río Artibai, corazón de la localidad, está jalonado por tres puentes singulares. El Puente Viejo, reconstruido en piedra en el siglo XX tras siglos de servicio en madera, guarda la entrada al barrio pesquero y la Cofradía de Pescadores, una joya arquitectónica de 1919 que fusiona motivos medievales y barrocos. Al otro extremo, la Ermita de la Piedad acogía antaño a los caminantes que salían de la villa rumbo a Guipúzcoa, mientras buscaban protección bajo sus arcos.
Destaca el Puente Giratorio, una rareza mecánica en Europa que permitía el paso de botes río arriba gracias a su ingenioso sistema de cremallera y piñón. Más reciente es el puente Itsasaurre, diseñado por Santiago Calatrava e inaugurado en 1995, que aporta un toque contemporáneo y vanguardista al paisaje fluvial.
La historia de Ondarroa no se entendería sin su puerto pesquero, uno de los más importantes del País Vasco. A lo largo de los siglos, sus barcos han traído a puerto toneladas de bonito, anchoa, sardina y otras especies, forjando la identidad marinera de la villa y su economía. Hoy, el puerto mantiene su vitalidad, conjugando tradición y modernidad.
Markina-Xemein: barroco, gótico y pasión por la pelota
A pocos kilómetros de Ondarroa, en la comarca de Lea-Artibai, se encuentra Markina-Xemein, la villa donde el padre de Elordi vivió antes de emigrar a Australia. Este enclave, nacido de la unión de dos núcleos en el siglo XIV, conserva el trazado medieval, palacios barrocos y torres defensivas que evocan los orígenes de la familia. Tanto es así, que el palacio de Mugartegi (1666) es hoy sede del ayuntamiento y ejemplo del barroco vasco, mientras que la Torre Bidarte y el Palacio de Murga combinan funciones defensivas y residenciales. La iglesia y convento del Carmen (1724) y el palacio de Patrokua añaden riqueza monumental, albergando instituciones y organismos locales.
Markina-Xemein presume de su frontón del siglo XVIII, conocido como “la universidad de la pelota”, donde se han formado grandes pelotaris de cesta-punta que han dado fama internacional al pueblo. No menos singular es la ermita de San Miguel de Arretxinaga, ubicada en la confluencia de dos ríos y famosa por el extraño conjunto de rocas hidrotermales que acoge una imagen de San Miguel venciendo al demonio-dragón. Para completar la ruta, la iglesia de Xemein se erige como una de las más grandes de Euskadi, un templo gótico del siglo XVI con un retablo renacentista que subraya el peso religioso y cultural de la localidad.
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