
Conocida como la Costa Verde, el litoral asturiano es uno de los más impresionantes del mundo. Recibe este nombre, verde, por ser la menos urbanizada de España, lo que hace de ella un destino natural impresionante, lleno de bellos parajes donde destacan sus más de 200 playas. Estas son rincones mágicos que atraen cada año a miles de turistas y no es para menos, pues se enclavan entre acantilados, sobre dunas, detrás de montañas o junto a pintorescos puertos pesqueros.
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Pero lejos de la masificación y escondida en uno de los pueblos más turísticos de Asturias, la playa de Vallina, o del Gallo, es uno de los secretos mejor guardados de Asturias. Se trata del arenal más grande del concejo de Cudillero y uno de los más bonitos de la provincia, pues más allá de su belleza natural, cuenta con un atractivo único que la diferencia de los demás. Sobre su arena, una serie de cascadas de agua dulce desembocan dando lugar a un paisaje único.
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Un paraíso virgen lejos del turismo
La playa de Vallina se encuentra en la parroquia de Oviñana y cuenta con poco más de un kilómetro de longitud. El paraje, de arena oscura y bolos, se encuentra resguardado por imponentes acantilados, que aunque ofrecen cierta protección visual, no son suficientes para frenar la furia del mar Cantábrico. Las olas, siempre presentes y con una fuerza imparable, son las que convierten este rincón natural en uno de los mejores lugares para practicar surf en la costa asturiana.

A pesar de la dureza del oleaje, que obliga a extremar la precaución para aquellos que se aventuran a bañarse, la playa de Vallina ha sabido mantener su carácter virgen. De hecho, no solo es un paisaje protegido, sino que también es parte de la Zona de Especial Protección de Aves y se encuentra dentro de un Lugar de Interés Comunitario. Un escenario de rara belleza que ha logrado conservar su entorno prácticamente intacto, con una naturaleza salvaje que, desde cualquier perspectiva, regala una estampa impresionante.
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El secreto de las cascadas
Al acercarse a la playa de Vallina, lo primero que sorprende son las cascadas que se precipitan desde los acantilados y los arroyos cercanos. Las aguas de varios arroyos locales se vierten directamente sobre la arena, creando pequeños saltos de agua que desembocan en el mar. Este espectáculo natural, aunque no único en la costa asturiana, tiene una particularidad: en la playa de Vallina se pueden contar hasta cinco cascadas. Algunas de ellas descienden suavemente entre las rocas, mientras otras caen con fuerza, formando pequeños charcos antes de continuar su viaje hacia el Cantábrico.
La imagen de estas aguas saltando de roca en roca, con su constante movimiento y su camino hacia el mar, se ha convertido en una de las postales más bellas de la costa norte de España. Un espectáculo que, si bien es común en algunas playas asturianas, alcanza aquí una belleza singular que cautiva a todos aquellos que tienen la suerte de presenciarlo. Además, junto a una de estas cascadas, en la misma playa, se erige un viejo molino de muros de piedra, como un guardián que mira desafiante hacia el mar. Es solo uno de los vestigios de un pasado que, aunque parece lejano, sigue muy presente en la historia de la zona.
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En tiempos pasados, los arroyos de la región fueron utilizados para mover los molinos que molían el grano cultivado en la parroquia de Oviñana. En el siglo XVIII, la parroquia contaba con seis de ellos, pero el paso del tiempo y la llegada de nuevas fuentes de energía hicieron que la mayoría de ellos desaparecieran. Hoy, los molinos que se conservan, especialmente el que se encuentra junto a la cascada, sirven como recordatorio de un tiempo en el que la naturaleza se utilizaba para la producción local. El molino cercano al arroyo Vivigo es otro de los testimonios de ese pasado agrícola, aun en buen estado, y marca una referencia para aquellos que se aventuran a descubrir este tesoro
El Mirador del Sablón: un balcón al mar Cantábrico
Uno de los puntos de vista más privilegiados de la playa de Vallina es el mirador del Sablón, situado a unos 100 metros de altura sobre el nivel del mar. Desde allí, la vista de la playa y los acantilados que la rodean es sobrecogedora. El mirador ofrece una panorámica espectacular de la costa, y es el lugar perfecto para aquellos que buscan capturar la esencia del paisaje asturiano en su máxima expresión.
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El mirador del Sablón también se ha ganado la fama de ser uno de los mejores lugares para disfrutar de uno de los atardeceres más impresionantes de España. Un banco dispuesto en el mirador invita a los viajeros a detenerse, relajarse y dejarse cautivar por la belleza del entorno. Durante el ocaso, cuando el sol se pone sobre el mar Cantábrico, el cielo se tiñe de tonos cálidos que se reflejan en las aguas, creando una escena idónea para disfrutar en solitario o en compañía.
Cómo llegar
Desde Gijón, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la carretera A-8. Por su parte, desde Oviedo el trayecto tiene una duración estimada de 50 minutos por la misma vía.
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