
¿Cuál es el país más antiguo del mundo? Puede haber múltiples respuestas a esta pregunta, y todas correctas, dependiendo del punto de vista y los criterios que se utilicen. En el tercer milenio antes de Cristo, por ejemplo, la actual Irak ya estaba habitada y tenía una ciudad, Uruk, con cerca de 50.000 habitantes. Por las mismas fechas —cientos de años más o menos—, Egipto, Grecia y China ya tenían no sólo asentamientos, sino civilizaciones en ciernes. Y Rusia también reclama sus antecedentes milenarios.
Sin embargo, las ‘versiones antiguas’ de estos países no tienen mucho que ver con sus situaciones actuales, ni políticamente ni culturalmente ni en lo relativo a sus fronteras. De hecho, la mayoría de las naciones actuales son en realidad bastante jóvenes. Así, la Rusia actual nació tras la disolución de la Unión Soviética en 1991; el Irán moderno —oficialmente la República Islámica de Irán— viene de 1979; y la República de Italia, a pesar de las ruinas del Imperio Romano que todavía persisten en sus ciudades, se fundó en 1946. Del mismo modo, la República Popular China fue proclamada en 1949, y la Grecia moderna —oficialmente, la Tercera República Helénica— comenzó en 1974, tras la abolición de la monarquía.
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Y es que los países no son inmutables, los Estados crecen y desaparecen, las estructuras políticas se transforman y las nuevas naciones que emergen de las cenizas de los antiguos imperios son más bien las herederas de sus antecesores, parecidas pero diferentes. Bajo este criterio, el país más antiguo del mundo es aquel que lleve más siglos sin evolucionar, que se mantenga con la misma estructura política, imperturbable, con unas fronteras inalteradas.
Entonces, ¿cuál es el país más antiguo del mundo? La respuesta se encuentra dentro de la bota de Italia: se trata de San Marino, la tercera nación más pequeña del mundo —tras el Vaticano y Mónaco—, conocida como “la república más serena” por su estabilidad política durante casi 2.000 años.
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Así es San Marino
San Marino es un país autónomo dentro del centro de Italia, situado entre las regiones de Emilia-Romaña y Las Marcas. Su frontera occidental está a solo 20 minutos en coche de la ciudad costera italiana de Rímini, frente al mar Adriático. Otro lugar cercano, a unas dos horas por carretera, es Bolonia.
El país se llama así en honor, obviamente, a San Marino, un cantero de la actual Croacia que escapó de la persecución religiosa del Imperio Romano y construyó una iglesia en el Monte Titano. Allí creció la comunidad que se convertiría en San Marino, un país fundado en el año 301, ya con el nombre de República de San Marino, que conserva hoy. Desde entonces, como Suiza —otra nación pequeña y aislada por las montañas— ha sido testigo de una historia en la que la mayoría de las veces no ha participado. Gracias a ello ha mantenido su independencia en todos estos años.
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En la Edad Media, la familia Malatesta, gobernante de Rímini, trató de quedarse con su territorio, pero fracasó. Durante su campaña italiana, Napoleón reconoció la independencia del país, y en el siglo XIX acogió a los combatientes destacados que luchaban por unificación italiana, como Giuseppe Garibaldi. Cuando estos ganaron, firmaron en 1862 un tratado de amistad con San Marino. En la Segunda Guerra Mundial se mantuvo neutral, pero fue ocupado brevemente por el Ejército alemán durante su retirada y fue escenario de una batalla entre este y los aliados.
Como símbolo de esta inmovilidad y de la fortaleza con la que ha resistido los embates de la historia, en el centro de San Marino se erige el Monte Titano, que domina el paisaje con tres torres medievales que coronan sus tres picos más altos. Tanto esta formación rocosa como el centro histórico de la ciudad fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008.
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