
Rihonor de Castilla y Rio de Onor son los nombres de dos pueblos: uno está en España, en la provincia de Zamora, y otro en Portugal. Sin embargo, en realidad se trata de una sola localidad, partida en dos por la frontera hispano-lusa, que funciona en la práctica como un solo lugar con dos pasaportes, dos husos horarios y una sola barra de bar. Es, probablemente, el único pueblo de la Península Ibérica que animará tanto a España como a Portugal en el partido que este lunes los enfrenta en los octavos de final del Mundial 2026.
La historia arranca en 1143, cuando el Tratado de Zamora formalizó la independencia del reino de Portugal respecto al leonés. La localidad, que hasta entonces pertenecía íntegramente al reino de León, quedó atrapada en la línea de conflicto entre ambas coronas. Los enfrentamientos bélicos por el control de la frontera se prolongaron hasta inicios del siglo XIII, cuando la situación se estabilizó en los términos que perduran hoy. El nombre del pueblo proviene del río Onor, que lo atraviesa. La denominación oficial en España incorporó el apéndice “de Castilla” durante el franquismo: hasta entonces, los documentos oficiales —incluido el Real Decreto de 1834 que creaba los partidos judiciales— la registraban simplemente como Rionor.
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El pueblo ocupa la cota más baja de la comarca de Sanabria, rodeado por los montes suaves de la Sierra de la Culebra. Sus casas, construidas en piedra y pizarra, dedican la planta inferior a cuadra y cobertizo, y la superior a vivienda. No hay garita, ni barrera, ni señal que advierta del cruce de la frontera: en un punto impreciso del camino vecinal, el asfalto desgastado cede paso a los adoquines portugueses.
Los propios habitantes no usan los nombres oficiales para orientarse. Llaman povo de cima a la parte española y povo de abaixo a la portuguesa —“pueblo de arriba” y “pueblo de abajo”—, y esa es toda la geografía que necesitan. En invierno, el pueblo reúne alrededor de 70 residentes: unos 50 en el lado luso y cerca de 20 en el español. La diferencia horaria entre España y Portugal —una hora— convierte cualquier cita entre vecinos en un ejercicio de precisión.
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El dialecto que se extingue con sus últimos hablantes
Además del castellano y el portugués, que los vecinos alternan o mezclan en lo que llaman “portuñol”, un puñado de habitantes conserva el rihonorés, un dialecto asturleonés emparentado con el mirandés que se habla en aldeas del norte de Portugal. Palabras como auguo (agua), fartura (abundancia) o muiñu (molino) sobreviven en boca de los mayores.
Pero el dialecto ya se está perdiendo. Los niños del lado español estudian en Puebla de Sanabria, en castellano; los del lado portugués se desplazan hasta Aveleda o Braganza, donde aprenden en portugués. El resultado es que la confluencia de lenguas cada vez es menor.
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Qué ver y cómo llegar
El recorrido completo del pueblo se puede hacer en poco más de media hora. En lo alto de la parte española se alza la iglesia de Santa Marina, construida en el siglo XVI sobre los cimientos de un templo del XIII. El puente romano sobre el río Onor, ubicado en el lado portugués, es la parada fotográfica obligada. La Casa do Touro —donde se guardaba el toro comunal— funciona hoy como espacio museístico. El único bar del pueblo es O Trilho de Onor, en el lado portugués, conocido por la generosidad de sus raciones y por platos como el chorizo. Quien quiera comer, tiene que cruzar la frontera.
Desde Zamora, el trayecto dura aproximadamente una hora y 25 minutos por la N-122. Desde Braganza, la capital portuguesa más próxima, son unos 30 minutos por las vías N218-3 y EN308.
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