
Al norte de Cáceres, a orillas del río Jerte, se enclava uno de los pueblos más especiales de Extremadura. Su entramado urbano refleja una riqueza histórica incalculable y descubre uno de los mayores conjuntos monumentales de la provincia. Así, se pueden encontrar infinidad de rincones que recuerdan a su pasado señorial, así como a su periodo de importancia militar, pues durante la Edad Media se convirtió en un importante emplazamiento.
Todo esto combina a la perfección con entorno impresionante y que brinda infinidad de atractivos para los amantes de la naturaleza. El pueblo en concreto es Plasencia, una villa que sorprende al viajero gracias a su impresionante patrimonio y que no deja indiferente a nadie. Pero esto no es todo, pues cuenta también con una importante oferta hotelera de la mano del Parador de Turismo, así como con una rica gastronomía local que quita el aliento.
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Un punto estratégico relevante

Fundada en 1186 por Alfonso VIII con el lema Ut placeat Deo et hominibus (’Para agradar a Dios y a los hombres’), Plasencia fue un bastión clave en la Reconquista y ha conservado gran parte de su carácter defensivo. Sin embargo, tal y como explican desde su portal web de turismo, la “población lleva existiendo desde época prehistórica. Hay un castro vetón en el monte de Valcorchero, restos romanos en Fuentidueñas, una muralla anterior al rey castellano en la zona de La Mota, donde hoy está el Parador Nacional de Turismo que se llamaba Ambracia o Torre de Ambros”.
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Sin embargo, sí es verdad que su formación como ciudad, con sus cortes y fueros, data del siglo XII. Esta no fue por deseo del monarca, sino del de su esposa, Leonor de Plantagenet, hermana del Rey Ricardo Corazón de León, la cual quedó fascinada con el paisaje formado por el meandro del río Jerte. Igualmente, durante la Reconquista la villa se convirtió en un punto clave para ambos bandos, pero cobró especial importancia tras la conquista cristiana.
Así lo refleja su muralla, que con más de dos kilómetros de perímetro, rodea el centro histórico y está salpicada por varias puertas y torres que rememoran su pasado militar. A su vez, la Plaza Mayor, en el corazón del casco antiguo, es un punto neurálgico de la ciudad. Flanqueada por edificios históricos, es conocida por su arquitectura y por albergar el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI. La plaza cobra vida especialmente los martes, cuando se celebra el tradicional mercado, uno de los más antiguos de Extremadura, que atrae tanto a locales como a visitantes.
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Las dos catedrales de Plasencia

El encanto de Plasencia reside en su pintoresco casco histórico. Sus calles conforman un trazado urbano que invita a perderse y descubrir todos sus secretos y monumentos. Así de todo su conjunto monumental destacan las catedrales de Plasencia: la Catedral Vieja y la Catedral Nueva. La Catedral Vieja, iniciada en el siglo XIII, es un ejemplo destacado del románico tardío con elementos góticos. Su claustro es uno de los espacios más visitados, gracias a su belleza y la tranquilidad que ofrece. La torre del campanario, conocida como la Torre del Melón por la forma de su cúpula, es otro de los símbolos del edificio.
Junto a la Catedral Vieja se encuentra la Catedral Nueva, construida en los siglos XV y XVI, una obra inacabada que presenta una mezcla de estilos renacentista y gótico. Su fachada plateresca, decorada con motivos vegetales y figuras humanas, es uno de los mejores ejemplos de este estilo arquitectónico en España. En el interior, destacan el retablo mayor y el coro, tallado en madera de nogal con gran detalle. A su vez, la muralla es otro de sus elementos destacados.
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Construida en el siglo XIII, rodea el caso antiguo y a lo largo de los siglos ha sufrido varias modificaciones, pero aún conserva puertas originales como la Puerta del Sol, la Puerta de Berrozana y la Puerta de Trujillo. Una de las torres más destacadas es la Torre Lucía, que hoy alberga un centro de interpretación que narra la historia de la fortificación y la importancia de Plasencia como plaza militar en la Edad Media.

Desde la cima de la torre, se pueden obtener vistas panorámicas del río Jerte y los alrededores, lo que permite al visitante comprender mejor la posición estratégica de la ciudad. A esto hay que sumar la judería, la cual está íntimamente ligada con la cultura del pueblo. Así, de este legado se pueden contemplar monumentos y edificaciones como la Sinagoga Vieja de la Mota, la sinagoga nueva y el cementerio judío.
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Espacios naturales y la Vera del Jerte
Más allá de su patrimonio arquitectónico, Plasencia es un punto de entrada natural a algunos de los paisajes más bellos de Extremadura. A pocos kilómetros de la ciudad se encuentra el Valle del Jerte, conocido por sus cerezos en flor, un espectáculo natural que atrae a miles de visitantes cada primavera. Los campos de cerezos en floración, que tiñen de blanco el paisaje, son uno de los mayores atractivos de la región, aunque el valle ofrece rutas de senderismo y baños en las pozas naturales del río Jerte durante todo el año.
Otro espacio natural cercano es el Parque Nacional de Monfragüe, una de las joyas naturales de Extremadura. Este parque, situado a poco más de 30 kilómetros de Plasencia, es un paraíso para los amantes de la ornitología, con una de las mayores concentraciones de aves rapaces de Europa, entre las que destacan los buitres leonados y las águilas imperiales. El paisaje del parque, con sus sierras, bosques mediterráneos y ríos, es ideal para realizar actividades al aire libre, como senderismo o la observación de fauna.
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Una rica vida cultural y gastronómica

Plasencia no solo es un destino de interés histórico y natural, sino que también destaca por su vida cultural. La ciudad cuenta con un calendario festivo que incluye celebraciones tradicionales como la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Regional, y la Fiesta del Martes Mayor. Durante estas festividades, la ciudad se llena de desfiles, procesiones y mercados tradicionales que reviven las costumbres locales.
En cuanto a la gastronomía, Plasencia ofrece una cocina que refleja la riqueza de los productos de la tierra y la tradición culinaria extremeña. Los embutidos, especialmente el jamón ibérico, y los quesos de la zona, como la Torta del Casar, son algunos de los productos más destacados. Además, el uso del pimentón de la Vera, un ingrediente clave en muchos platos locales, da un toque especial a la gastronomía placentina. Los restaurantes de la ciudad también se especializan en platos de caza y guisos tradicionales, ofreciendo al visitante una auténtica experiencia gastronómica.
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Cómo llegar
Desde Cáceres el viaje es de alrededor de 50 minutos por la carretera A-66. Por su parte, desde Salamanca el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por la misma vía.
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