
Con sus bellas playas y pintorescos pueblos marineros, Tarragona se convierte en un destino único en la costa catalana. Esta región se caracteriza por sus aguas turquesas y pequeñas calas, las cuales, en los días de verano, se llenan de turistas que buscan descansar y pasar unos días agradables. A su vez, los pueblos de los alrededores son ideales para conocer la cultura y la tradición de la región de la mano de sus monumentos y arquitectura típica. Sin embargo, son otros muchos los rincones que esconde la costa tarraconense.
Uno de ellos es el bonito pueblo de Tamarit de Mar, una antigua villa agregada a la ciudad de Tarragona en 1956 y que se extiende alrededor de la desembocadura del río Gaià. A pesar de sus pequeñas dimensiones, este núcleo urbano mantiene toda su esencia medieval gracias a su espectacular castillo. Este destaca por su maravillosa arquitectura, pero sobre todo por el paisaje donde se ubica, pues a sus pies descansa una de las calas más bonitas de la provincia: la cala Jovera.
Un castillo en mitad del paraíso
De todos los atractivos de la localidad, el que más destaca es la cala Jovera dominada por el imponente castillo de Tamarit, una construcción que remonta sus orígenes al siglo XI. La fortaleza fue erigida por los señores de Claramunt, una poderosa familia que más tarde se unió por matrimonio con los Montoliu. De esta unión surgieron los descendientes que adoptarían el apellido Tamarit, dando nombre tanto a la fortaleza como al entorno que la rodea.

El castillo, de estilo románico, adquirió una nueva función a finales del siglo XV, cuando fue adaptado para la vigilancia costera, en respuesta a la creciente amenaza de los piratas que acechaban las costas mediterráneas. Sin embargo, con el tiempo, la fortaleza cayó en un periodo de abandono, hasta que en el siglo XX un multimillonario de Chicago decidió adquirir las ruinas. Este empresario norteamericano emprendió la restauración del castillo, transformándolo en su residencia privada.
Hoy en día, aunque el acceso al interior del castillo está restringido, se puede disfrutar de las espectaculares vistas que ofrece, especialmente hacia la cala Jovera. Este pequeño arenal, de aguas cristalinas y rodeado de frondosa vegetación, se mantiene como un enclave virgen, lejos del bullicio turístico. La cala, de difícil acceso, solo es alcanzable a pie a través de la carretera N-340, en dirección al castillo de Tamarit.
La falta de servicios en la cala, combinada con su bajo índice de ocupación, la convierte en un refugio ideal para quienes buscan un espacio de tranquilidad y desconexión, en un entorno natural prácticamente inalterado. Cala Jovera se presenta así como un destino singular en la costa catalana, donde la historia y la naturaleza se entrelazan en un paisaje de gran belleza.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje hasta Tamarit es de alrededor de 1 hora y 10 minutos por la vía C-32 (hay peajes). Por su parte, desde Tarragona el trayecto tiene una duración estimada de 20 minutos por la vía A-7.
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