
Tiene menos de 4.000 habitantes. Pero a pesar de ello, Molina de Aragón aún es considerada ciudad, gracias al título de Muy Noble y Muy Leal Ciudad que obtuvo en 1812. Situada a los pies del Alto Tajo, en el extremo oriental de la provincia de Guadalajara y limitando con Teruel y Soria, es el perfil de su castillo lo que advierte al visitante de su llegada al municipio.
La historia y la cultura se hacen eco en cada rincón de esta localidad. Así, más allá de su impresionante castillo, el municipio cuenta con un casco antiguo lleno de encanto, donde se entrelazan estrechas calles adoquinadas y edificios de arquitectura tradicional. Su patrimonio incluye la iglesia de San Gil, la iglesia de San Felipe y el puente románico, que constatan la importancia que un día caracterizó a esta zona.
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Molina de Aragón, una historia vinculada al castillo
A pesar de ser un territorio árido y poco desarrollado durante la Alta Edad Media, la estratégica ubicación de Molina de Aragón, dominando el valle del río Gallo y actuando como atalaya natural entre los territorios fronterizos de Castilla y Aragón, motivó que, tras la disolución del Califato de Córdoba, varios reyezuelos establecieran una pequeña corte taifa en estas tierras. Como resultado, se construyó una fortaleza sobre los restos de un castro celtíbero entre los siglos X y XI.
En 1129, el monarca aragonés Alfonso el Batallador reconquistó Molina, arrebató el castillo a los andalusíes y otorgó fueros para facilitar la repoblación cristiana del territorio. Desde su conquista, Molina fue cedida en señorío a la influyente casa castellana de Lara, disfrutando durante siglos de independencia y mediando en los conflictos entre Castilla y Aragón. Tras la muerte de Doña Blanca de Molina, quinta señora de Lara, el señorío se anexionó definitivamente a Castilla mediante el matrimonio de su hija, María de Molina, con el monarca castellano Sancho IV.
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El Cantar de mío Cid, una de las obras más relevantes de la literatura española, constata la importancia de este castillo en la historia de España. Tanto es así, que el propio Rodrigo Díaz de Vivar pasó por esta fortaleza durante su camino hacia Valencia. Actualmente, el castillo puede visitarse desde un precio de tres euros.
Qué ver en Molina de Aragón además del castillo
Al visitar Molina de Aragón es necesario detenerse en su conjunto histórico, que conserva vestigios de su laberíntica judería y calles de porte monumental, reflejo de su antigua riqueza basada en la extracción de sal y la ganadería en el Alto Tajo. Los escudos heráldicos en las casonas históricas, como el Palacio del Virrey de Manila y el de los Marqueses de Villel, con su arquería de ladrillo, atestiguan ese esplendor. Otros edificios destacados incluyen el Palacio de los Arias y el de Garcés de Marcilla, ahora sede del Casino de la Amistad.
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La arquitectura palaciega se complementa con numerosos templos, desde las ruinas de Santa Catalina hasta las espectaculares iglesias de San Felipe y Santa Clara, considerada una joya románica. Otros ejemplos son la iglesia de San Pedro, en la plaza principal, y la de Santa María del Conde, hoy un salón multiusos. El Convento de San Francisco, última morada de Doña Blanca, también ha cambiado mucho con el tiempo.
Cómo llegar a Molina de Aragón
Desde Guadalajara, el viaje es de alrededor de 1 hora y 30 minutos por las carreteras A-2 y N-211. Por su parte, desde Zaragoza el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 45 minutos por las vías A-23 y N-211.
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