
En el corazón del Parque Nacional de Alta Murgia, a más de 500 metros de altura, se alza el Castel del Monte, una fortaleza ubicada en la región de Puglia que es uno de los monumentos más singulares de Italia. Gracias a su peculiar arquitectura, la construcción atrae a infinidad de turistas y curiosos en busca de todos los secretos que la rodean. De hecho, constituye una muestra representativa de la arquitectura medieval europea y ha sido motivo de estudio por su singularidad y las múltiples interpretaciones sobre su uso y significado.
En este sentido, la arquitectura del Castel del Monte se distingue por ser un octógono perfecto, con ocho torres también octogonales en cada esquina. El número ocho tiene una carga simbólica importante en varias culturas y religiones, lo que ha llevado a especular sobre el significado esotérico de la estructura. Además, su diseño incorpora elementos que sugieren un conocimiento avanzado de la astronomía, ya que la posición de ciertas estancias y ventanas se alinea con eventos astronómicos específicos.
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El deseo de un emperador

El Castel del Monte fue construido en 1240 por petición de Federico II de Suabia, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de Sicilia. Este personaje “era un apasionado de las matemáticas, la poesía, la filosofía y la astronomía”, lo que llevo a levantar el castillo “ajo un rigor geométrico y matemático, combinando diferentes elementos estilísticos”, explican desde la web de Turismo de Italia. De este modo se pueden apreciar trazos románicos en los leones de la entrada; góticos en las torres; así como mosaicos islámicos y el arte clásico presente en los frisos interiores.
A pesar de que Federico II mandó construir infinidad de fortalezas durante su reinado, el Castel del Monte es su obra más representativa, pues en él se encuentran “aspectos clave de la figura del gobernante y sus pasiones”. Además, es una representación perfecta de la arquitectura medieval de la época que se entremezcla a la perfección con la arquitectura árabe y la clásica.
Tanto es así, que la fortaleza está declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Sin embargo, a lo largo de los siglos, el Castel del Monte ha experimentado periodos de abandono y restauración, capturando la imaginación de artistas, escritores y cineastas. A día de hoy, es un monumento de gran valor que atrae a infinidad de visitantes deseosos de conocer su historia.
Todo al ocho

La fortaleza se incrusta en lo alto de una colina, dominando toda la zona y brindando unas vistas maravillas del Parque Nacional de Alta Murgia. Sin embargo, a diferencia de otras fortificaciones de la época, el Castel del Monte carece de algunas características defensivas típicas, como un foso o un puente levadizo, lo que ha generado dudas sobre su función real. Algunos historiadores sugieren que más que una fortaleza militar, el castillo pudo haber servido como pabellón de caza o como un lugar de retiro y estudio para Federico II.
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Aunque si por algo destaca es por la presencia continúa del número 8. Pues su estructura se divide en un octógono perfecto, con 8 torres de planta octogonal también, 8 habitaciones en la plata baja y otras 8 en la primera. “Esta obsesiva recurrencia del número 8 hace de la fortaleza de Castel del Monte un lugar esotérico, fascinando a estudiosos durante siglos”, explican. Igualmente, otro aspecto a destacar es la conexión entre las plantas del castillo.
Para acceder de una a otra se realiza por medio de unas escaleras de caracol de 44 escalones situadas en 3 de las torres que rodean el edificio. Sin embargo, lo que realmente llama la atención de estas escaleras es su orientación en sentido contrario a las agujas del reloj, una desviación notable de las prácticas defensivas comunes en el diseño de castillos de este periodo. Esta disposición inusual de las escaleras tenía implicaciones significativas en términos de defensa.
Tradicionalmente, las escaleras de caracol se construían de tal manera que favorecieran a los defensores del castillo, que solían ser diestros, permitiéndoles tener la mano derecha libre para luchar y defenderse mientras ascendían o descendían, manteniendo la muralla a su lado derecho. En cambio, en el Castel del Monte, esta disposición inversa habría colocado a los defensores en una posición desventajosa, forzándolos a utilizar su mano izquierda para empuñar sus armas si se encontraban ascendiendo durante un ataque, una elección arquitectónica que hasta la fecha suscita curiosidad y especulación entre historiadores y visitantes por igual.
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